Promesas de espinas y magia

Capitulo 3

A Iria no le dieron tiempo para el miedo.
Al amanecer, las doncellas llegaron como una marea silenciosa, cubriéndola de telas claras y peinando su cabello con manos que no preguntaban. Le retiraron la ropa sencilla del Velo de Bruma y la vistieron con un vestido marfil, bordado con hilos que brillaban apenas, como si guardaran luz propia.
—No quiero esto —dijo Iria, aferrándose a la última prenda que reconocía como suya.
—Nadie lo quiere la primera vez —respondió una de ellas—. Después… ya es tarde.
La llevaron al Círculo del Corazón, un patio circular rodeado de columnas antiguas, cubiertas de runas gastadas por siglos de sangre y juramentos. En el centro, una fuente sin agua esperaba, seca y expectante.
Los herederos de los Velos estaban allí.
Iria los sintió antes de distinguirlos.
Lysandre del Velo de Sangre sonrió en cuanto la vio, una sonrisa hermosa y peligrosa, como una copa envenenada. Sus ojos rojos brillaron con interés calculado.
—La rosa ha llegado —dijo, inclinándose apenas—. Al fin.
Ella no respondió.
No miró a Kael hasta que lo escuchó moverse a su espalda.
—Esta prueba no es justa —murmuró él—. Nunca lo es.
—¿Qué quieren de mí? —preguntó Iria, en voz baja.
Kael tardó un segundo en contestar.
—Que muestres quién eres… aunque no sobrevivas siendo la misma.
La Reina Seraphine apareció entre las columnas, envuelta en ceniza y silencio.
—La magia de Lúmina no obedece —anunció—. Se reconoce. Hoy veremos a quién reconoce tu corazón.
Un cuchillo ceremonial fue colocado en las manos de Iria. Frío. Vivo.
—Sangra —ordenó la reina—. Y deja que la fuente decida.
Iria miró el filo. Pensó en las rosas del claustro, en la tinta, en la vida que había perdido sin haberla despedido.
Luego cortó.
La sangre cayó.
La fuente tembló.
No brotó agua.
Brotaron rosas.
Rojas al principio, luego blancas, luego negras. Espinas creciendo sin control, trepando por las columnas, rompiendo la piedra. El aire vibró con un poder antiguo, indómito.
Los herederos retrocedieron.
Lysandre dejó de sonreír.
Iria cayó de rodillas, el pecho ardiendo, la magia desgarrándola por dentro como un recuerdo demasiado grande.
Kael la sostuvo antes de que tocara el suelo.
—Respira —le dijo, con urgencia—. Mírame. Quédate aquí.
Ella lo hizo.
Y en ese instante, cuando sus miradas se encontraron, la magia cambió.
Las rosas se detuvieron.
El Círculo quedó en silencio.
La Reina Seraphine apretó los dedos sobre su trono portátil.
—Interesante —susurró—. El corazón responde… pero se calma con sombras.
Iria entendió entonces la verdad más peligrosa de todas:
Su poder no estaba solo en su sangre.
Estaba en aquello —o en quien— la anclaba al mundo.
Y Kael Nocthar, con sus alas heridas y su juramento de no amar, se había convertido en su centro.
El problema era evidente.
Porque si la corte lo descubría…
No solo los separarían.
Los usarían hasta romperlos.



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En el texto hay: magia, enemistolover, romantasy

Editado: 09.01.2026

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