Promesas de espinas y magia

Capitulo 5

El desayuno en la corte era una ceremonia disfrazada de cortesía.
Iria lo descubrió en cuanto cruzó el Salón de los Espejos, donde largas mesas de mármol reflejaban no rostros, sino intenciones. Las risas eran suaves. Demasiado. Los gestos, precisos. Ensayados.
Cada heredero ocupaba su lugar como si el mundo hubiera sido diseñado para acomodarlos.
Ella no.
—Ven —dijo una voz amable—. Aquí hay espacio.
Lysandre del Velo de Sangre apartó una silla con elegancia estudiada. Vestía rojo oscuro, el color de lo que promete placer y paga con dolor. Sus ojos brillaron cuando Iria dudó.
—No muerdo —añadió—. A menos que me lo pidan.
Iria se sentó frente a él, sintiendo cómo las miradas se tensaban. Kael permanecía al fondo del salón, de pie, inmóvil, cumpliendo su papel de sombra obediente.
No la miraba.
Eso dolió más de lo esperado.
—Todos hablan de ti —comentó Lysandre mientras servía vino en su copa—. Dicen que las rosas te obedecen. Que incluso la Reina te observa con… curiosidad.
—Las flores no obedecen —respondió Iria—. Solo recuerdan.
Lysandre sonrió, complacido.
—Entonces tenemos algo en común.
Se inclinó hacia ella.
—Aquí, recordar es peligroso. Por eso hacemos alianzas. Para no olvidar quién te protege… y quién puede destruirte.
Iria sostuvo su mirada.
—¿Y tú qué eres?
—Honesto —dijo—. Cuando me conviene.
Un criado anunció el inicio del Paseo del Velo, una tradición antigua: caminar entre los jardines con posibles aliados, intercambiar promesas suaves como vidrio.
Iria avanzó entre setos tallados y fuentes silenciosas. Cada paso era una oferta no pronunciada. Cada sonrisa, una trampa pulida.
Lysandre caminó a su lado.
—Si te unes a mí —susurró—, la corte te temerá. Y el miedo es una forma de respeto.
Iria pensó en Kael. En sus sombras. En el silencio de la noche anterior.
—¿Y el precio? —preguntó.
Lysandre se detuvo.
—Siempre hay uno.
Al final del paseo, la Reina Seraphine observaba desde una galería elevada. Sus ojos se detuvieron en Iria… y luego en Kael, que la seguía a distancia.
La reina sonrió.
Una sonrisa que no celebraba.
Iria lo entendió entonces.
No importaba a quién eligiera.
La elección ya estaba siendo observada.
Esa noche, al regresar a su habitación, encontró una rosa negra sobre la almohada. Sin espinas. Perfecta.
Y bajo ella, una nota breve:
Elige pronto. La corte no espera.
Iria cerró los dedos alrededor de la flor.
No sabía aún a quién elegir.
Pero sí sabía a quién no estaba dispuesta a perder.
Y eso, en Lúmina, era el comienzo de la guerra.



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En el texto hay: magia, enemistolover, romantasy

Editado: 06.01.2026

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