Promesas de espinas y magia

Capitulo 10

La orden llegó sin ceremonia.
No hubo advertencias ni explicaciones: solo un sello real estampado en la puerta de Iria al amanecer. La cera aún estaba tibia cuando lo leyó, como si la Reina hubiera querido que supiera que no había pasado suficiente tiempo para el arrepentimiento.
Entrenamiento separado.
Comunicación restringida.
Vínculo bajo observación.
Iria dobló el papel con manos firmes, aunque algo dentro de ella se deshacía con lentitud. No era miedo lo que sentía. Era una tristeza densa, sin nombre, como una despedida que nadie se había atrevido a pronunciar.
El pasillo hacia la sala de aislamiento parecía más largo que nunca. Las paredes, cubiertas de símbolos antiguos, absorbían el sonido de sus pasos, dejándola sola con su respiración y con la punzada constante del vínculo, tenso como un músculo forzado a mantenerse inmóvil.
Al otro lado del palacio, Kael recibió la misma orden.
No la leyó dos veces.
Sabía lo que significaba.
El entrenamiento con los guardias fue sustituido por pruebas más crueles: cámaras de sombra, ilusiones diseñadas para provocar pérdida de control, comandos contradictorios que exigían obediencia inmediata.
—Si dependes de ella —le dijeron—, fallarás.
Kael no respondió.
Las sombras se plegaron a su alrededor con una docilidad inquietante, pero dentro de él algo resistía, no a la orden, sino a la idea misma de renunciar.
Iria pasó el día entero intentando conjurar sin sentirlo.
Cada hechizo se le quedaba corto, incompleto, como una frase interrumpida antes de llegar a su verdad. El bloqueo mágico funcionaba… en apariencia. Pero el vínculo seguía allí, más sutil, más profundo, como una raíz bajo la piedra.
Por la noche, el cansancio le ganó.
Fue entonces cuando ocurrió.
No una visión completa, sino un destello: el eco de un golpe, un latido desordenado que no era el suyo, un murmullo oscuro rozándole la conciencia.
Kael.
Iria se sentó de golpe, el corazón desbocado.
—No —susurró—. No ahora.
Muy lejos, Kael cayó de rodillas en la cámara de sombras.
La ilusión había cambiado de forma: ya no era un enemigo, sino una ausencia. Un espacio vacío donde algo esencial debería estar.
Respiró hondo, luchando por no ceder.
No te acerques, pensó, con una mezcla de súplica y orden.
El vínculo vibró, atravesando barreras, sellos y voluntades ajenas.
Iria sintió el impacto como un golpe de calor en el pecho. No fue dolor. Fue urgencia.
Apoyó la mano sobre el suelo frío y dejó escapar un hilo mínimo de magia, apenas un susurro. No un hechizo. Una respuesta.
Kael se incorporó de golpe.
El aire volvió a entrarle en los pulmones como si alguien hubiera abierto una ventana en mitad del ahogo. Las sombras retrocedieron, desarmadas.
—Interesante —murmuró una voz desde la oscuridad.
Alguien había observado.
En la torre alta, la Reina cerró un libro antiguo con gesto pensativo.
—Así que la distancia no los debilita —dijo en voz baja—. Los afina.
Sonrió, no con crueldad, sino con cálculo.
El tipo de sonrisa que solo aparece cuando una pieza del tablero se revela más peligrosa de lo esperado.
Y mientras Iria y Kael intentaban dormir, cada uno en su encierro, ambos comprendieron lo mismo sin necesidad de palabras:
Separarlos no era un castigo.
Era una prueba.
Y la Corte acababa de encender un fuego que no sabía cómo apagar.



#1770 en Fantasía
#293 en Magia

En el texto hay: magia, enemistolover, romantasy

Editado: 09.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.