Promesas de espinas y magia

capitulo 16

La nota no volvió a aparecer.

Eso fue lo que confirmó que no había sido una advertencia al azar, sino una medición. Alguien había querido ver cómo reaccionaba Iria… y ahora observaba desde más cerca.

—No camines sola —dijo Lior a la mañana siguiente, sin levantar la voz—. No porque seas débil, sino porque ahora te miran como símbolo.

Iria asintió. El vínculo estaba tranquilo, pero no dormido. Como un animal que ha aprendido el terreno y sabe dónde no pisar.

Kael notó el cambio en los entrenamientos. Ya no eran pruebas: eran comparaciones. Lo ponían frente a otros, medían tiempos, reacciones, control. No buscaban que ganara. Buscaban dónde fallaba.

—Te están delimitando —le murmuró un capitán al pasar—. Decide si eso te conviene.

Kael no respondió. Las sombras a su alrededor se movían con una obediencia distinta: no defendían, esperaban.

Esa noche, Lior los condujo por un corredor que no figuraba en ningún plano actual. Las antorchas ardían con una luz azulada, vieja, reconocida por el vínculo antes incluso de que Iria lo pensara.

—Aquí se reunían los custodios del equilibrio —explicó—. Antes de que la Corona los borrara de la historia.

Al fondo, una pequeña sala circular guardaba tres personas más. No nobles. No soldados. Gente común con ojos atentos y manos firmes.

—No somos una rebelión —dijo una mujer de cabello oscuro—. Somos memoria.

Iria sintió un nudo en el pecho.

—Entonces ya eligieron bando —dijo Kael.

—No —respondió la mujer—. Elegimos cuidar. Si el equilibrio cae, todo cae.

El vínculo reaccionó con un pulso suave. Reconocimiento.

Lior respiró hondo.

—Maelis no está sola —advirtió—. Está reuniendo apoyos para “regular” el Vínculo Raíz. Para fragmentarlo. Convertirlo en herramienta.

El silencio pesó.

Iria dio un paso adelante, humilde pero firme.

—No venimos a gobernar —dijo—. Pero tampoco a dejarnos usar.

La mujer asintió.

—Entonces necesitaremos tiempo —respondió—. Y silencio. Y lealtades que no brillan.

Cuando regresaron a sus aposentos, Iria encontró otra señal: una flor marchita, colocada con cuidado sobre su mesa. No era amenaza. Era mensaje.

Sabemos dónde estás.

El vínculo se tensó, pero no con miedo.

Con decisión.

Kael apoyó la mano en la pared, sintiendo la piedra responder.

—Empiezan a moverse —dijo—. Ya no basta con existir.

Iria cerró los ojos un instante.

—Entonces aprenderemos a elegir —susurró—. Incluso cuando duela.

Y en algún lugar del palacio, Maelis sonrió frente a un mapa extendido, marcando nombres con tinta roja.

Las sombras leales habían nacido.

Y el equilibrio, por primera vez,
empezaba a tener defensores…
y enemigos claros.



#1767 en Fantasía
#293 en Magia

En el texto hay: magia, enemistolover, romantasy

Editado: 09.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.