Promesas de espinas y magia

Capitulo 17

La misión no tuvo nombre.

Los nombres llaman la atención, y esta debía pasar como pasan las cosas que nadie recuerda haber visto. Lior habló en voz baja, como si el corredor mismo pudiera delatarlos.

—No buscamos poder —dijo—. Buscamos pruebas.

El lugar estaba más allá de los muros internos, en una antigua estación de sellos donde la Corona había guardado —y luego olvidado— lo que no supo destruir. Un sitio pequeño, mal iluminado, custodiado por costumbre más que por órdenes.

Iria sintió el pulso del vínculo volverse fino, exacto. No urgía. Señalaba.

Kael caminaba un paso detrás, atento al ritmo del aire. Las sombras no se adelantaban; esperaban instrucciones que no necesitaban ser dichas.

—Aquí —susurró Iria.

El sello respondió al contacto como una herida antigua que reconoce la mano que la toca. No se abrió del todo. Cedió.

Dentro, encontraron registros: pergaminos, fragmentos de juramentos, mapas donde los Vínculos Raíz aparecían como puntos de equilibrio entre regiones que ya no existían. No armas. No ejércitos. Estabilidad.

—Esto —murmuró Kael— explica por qué los borraron.

—Y por qué quieren controlarlos —añadió Iria.

Un ruido seco cortó el aire.

Pasos.

No guardias comunes.

Kael alzó la mano. Las sombras se plegaron, cubriendo sin ocultar, desviando sin herir. Iria sostuvo el pulso del sello, evitando que la magia del lugar reaccionara con violencia.

Dos figuras aparecieron en el umbral. No atacaron.

—Maelis no quiere sangre —dijo uno—. Quiere cooperación.

Iria dio un paso al frente.

—Eso no es cooperación —respondió—. Es apropiación.

El silencio fue breve. Tenso.

—Entonces considérenlo un aviso —dijo el otro—. La próxima vez no será discreto.

Se retiraron sin lucha.

El vínculo vibró, no con miedo, sino con advertencia clara: el tiempo se estrecha.

De regreso, nadie habló.

No hacía falta.

Habían visto lo suficiente para saber que el equilibrio no estaba amenazado por su existencia, sino por el deseo ajeno de poseerlo.

Esa noche, Iria guardó un fragmento de pergamino bajo su almohada. Kael permaneció despierto, contando respiraciones que no eran solo suyas.

Y en la torre alta, Maelis observó cómo una marca había sido tocada sin romperse.

—Bien —susurró—. Que aprendan a moverse.

El tablero estaba dispuesto.

Y ahora, por primera vez,
el equilibrio tenía un camino…
aunque nadie prometiera que fuera seguro.



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En el texto hay: magia, enemistolover, romantasy

Editado: 09.01.2026

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