Promesas de espinas y magia

capitulo 18

La mañana amaneció distinta.

No por el cielo ni por el clima, sino por la forma en que el palacio respiraba: más tenso, más atento, como un animal que ha sentido pasos en su territorio durante la noche y no sabe aún de dónde vinieron.

Iria lo notó en las miradas.

Ya no eran solo curiosas.
Eran cuidadosas.

—Han sellado el ala oeste —murmuró Lior al cruzarla en un corredor—. Oficialmente por “revisión estructural”.

Iria entendió lo que no se dijo.

Han descubierto el acceso.

El vínculo permanecía sereno, pero firme, como una mano apoyada en la espalda que no empuja ni suelta. Kael caminaba a su lado, más silencioso de lo habitual, con la atención repartida entre el mundo visible y aquello que solo él parecía percibir.

—No fue la misión —dijo él al fin—. Fue la ausencia de reacción.

Iria lo miró.

—Esperaban resistencia —continuó—. Al no encontrarla, saben que hay algo más grande moviéndose.

En la sala del Consejo, la Reina escuchaba informes sin interrumpir. Uno tras otro. Sellos revisados. Registros faltantes. Huellas antiguas reactivadas.

—Nada concluyente —terminó uno de los consejeros—. Solo… anomalías.

La Reina entrelazó los dedos.

—Las anomalías —dijo con calma— son verdades que aún no sabemos leer.

Maelis no sonrió.

—O amenazas que se esconden bien —replicó—. El Vínculo Raíz empieza a generar seguidores.

—Custodios —corrigió la Reina—. No es lo mismo.

El silencio cayó pesado.

En los patios, Kael fue detenido por un capitán joven, nervioso.

—Te citarán —dijo—. No hoy. Pronto.

Kael asintió.

—¿Por qué?

El capitán dudó.

—Porque cuando algo no se rompe… intentan doblarlo.

Iria pasó la tarde entrenando sola. No por castigo, sino por elección. La magia fluía distinta ahora: menos explosiva, más profunda. No pedía permiso. Pedía coherencia.

Cuando terminó, encontró a Lior esperándola.

—Alguien habló —dijo—. No con Maelis. Con la Reina.

Iria sintió el peso de la noticia.

—¿Quién?

—No importa —respondió—. Importa que no fue por ambición… sino por miedo.

El vínculo vibró, triste.

—Entonces ya empezó —susurró Iria.

Esa noche, Kael se detuvo frente a la ventana alta. La ciudad brillaba abajo, ajena a equilibrios, conspiraciones y raíces invisibles.

—No todos resistirán —dijo—. Y no todos traicionan por maldad.

Iria se acercó. No lo tocó.

—Lo sé —respondió—. Por eso duele.

En algún punto del palacio, alguien quemó un nombre escrito en tinta roja. En otro, alguien lo protegió copiándolo a mano, con cuidado casi reverente.

Las consecuencias habían comenzado.

No como castigo.
Como revelación.

Y el equilibrio, silencioso y atento,
esperaba el siguiente paso.



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En el texto hay: magia, enemistolover, romantasy

Editado: 09.01.2026

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