Promesas de espinas y magia

Capitulo 19

La citación llegó al anochecer.

No llevaba sello de Maelis. Tampoco urgencia. Solo la firma de la Reina, trazada con una calma que desarmaba más que cualquier amenaza.

Audiencia privada.
Sin testigos.

Iria sintió el vínculo asentarse, atento, como si ya supiera que no habría marcha atrás.

La sala no era la del Consejo. Era más pequeña, más antigua. Allí, la Reina no se sentó en el trono. Permaneció de pie, junto a una mesa de piedra marcada por generaciones de decisiones difíciles.

—He decidido no intervenir —dijo, sin preámbulos.

El silencio fue largo.

—¿No intervenir… en qué? —preguntó Iria, con cuidado.

—En ustedes —respondió—. Ni para protegerlos, ni para controlarlos.

Kael alzó la vista.

—Eso no es neutralidad.

La Reina sonrió, apenas.

—No —admitió—. Es apuesta.

Apoyó la palma sobre la mesa, y un mapa se desplegó en el aire. Tres puntos brillaron con luz tenue.

—Maelis se moverá —continuó—. No hoy. Pronto. Y no lo hará aquí.

Señaló el primer punto.

—Un enclave fronterizo. Custodios antiguos. Pocos recursos.

Luego el segundo.

—Un archivo vivo, donde aún se guarda lo que no pude destruir.

Finalmente, el tercero.

—Y una persona —dijo—. Alguien que no sabe que es clave… pero lo será.

Iria sintió el tirón del vínculo. No urgencia: prioridad.

—No pueden estar en los tres lugares —dijo la Reina—. Y yo no enviaré guardias.

—¿Por qué? —preguntó Kael.

—Porque si lo hago —respondió—, convertiré el equilibrio en bandera. Y eso lo mataría.

La Reina los miró a ambos, con una honestidad rara.

—Elijan —dijo—. No al reino. No a mí. Elijan lo que están dispuestos a perder.

El mapa se desvaneció.

Iria respiró hondo. Pensó en los custodios, frágiles. En el archivo, vulnerable. En la persona desconocida, sola.

—No podemos salvarlo todo —susurró.

—No —dijo Kael—. Pero podemos sostener lo correcto.

El vínculo vibró, firme.

—El archivo —dijo Iria al fin—. Sin memoria, todo se repite.

Kael asintió.

—Y yo iré al enclave —añadió—. Si caen, no habrá equilibrio que alcance.

La Reina los observó con atención nueva.

—¿Y la persona? —preguntó.

Iria cerró los ojos un instante.

—Confiamos en que el equilibrio llegue a tiempo —respondió—. Por primera vez… sin nosotros.

La Reina inclinó la cabeza.

—Entonces vayan —dijo—. Y recuerden: no todo lo que se pierde se rompe.

Al salir, el palacio parecía más grande. Más ajeno. Pero el vínculo estaba ahí, claro, decidido.

Dos caminos.
Una raíz compartida.

Y en la distancia, algo —o alguien— esperaba ser encontrado… o abandonado.



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En el texto hay: magia, enemistolover, romantasy

Editado: 09.01.2026

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