Promesas de espinas y magia

capitulo 21

El archivo eligió a Iria sin ceremonia.

No hubo luces ni temblores, solo un silencio más hondo, como cuando el mundo contiene la respiración antes de decir la verdad. Las páginas dejaron de susurrar y el aire se volvió denso, cargado de una expectativa antigua.

—No vengo a tomar —murmuró Iria—. Vengo a aprender.

El suelo respondió con un leve calor bajo sus pies. Un pasillo que no había estado allí apareció, estrecho, cubierto de símbolos que no pertenecían a ningún alfabeto conocido. No eran letras: eran intenciones.

Avanzó.

Cada paso le mostraba fragmentos que no eran recuerdos suyos. Manos que sellaban pactos por miedo. Voces que prometían amor y entregaban control. Magia usada como jaula, no como puente.

Iria sintió náuseas. No por el horror, sino por el reconocimiento.

—Así empieza —susurró—. Siempre así.

El archivo no la corrigió.

Al final del pasillo, una cámara sin estantes la esperaba. En el centro flotaba un núcleo de luz opaca, imperfecta, como si hubiera sido reparada demasiadas veces.

La voz, entendió.
La que no se guarda.
La que se transmite.

Cuando extendió la mano, el vínculo ardió con suavidad. No pidió permiso, pero tampoco empujó. Kael estaba lejos… y aun así, presente.

La luz se abrió.

—No nos falles —dijo una voz sin garganta—. No por nosotros. Por los que vendrán.

Iria no prometió nada. Las promesas pesan más que la verdad.

—Haré espacio —respondió—. Para que otros elijan mejor.

El núcleo se deshizo en hilos que se alojaron en su pecho, no como carga, sino como brújula.

En el enclave, Kael escuchó la oferta sin interrumpir.

El emisario sonreía demasiado. Traía mapas, recursos, nombres. Traía la paz envuelta en concesiones pequeñas, casi invisibles.

—Un acuerdo temporal —dijo—. Nadie pierde.

Kael miró los mapas. Vio los huecos. Las rutas que se volvían dependencias. La protección que se convertía en permiso.

—¿Qué piden a cambio? —preguntó al fin.

El emisario dudó apenas.

—Acceso —admitió—. Cuando sea necesario.

El vínculo tensó el aire. No como advertencia, sino como memoria compartida. Kael recordó manos cerrándose, voces dulces, jaulas pulidas.

—No —dijo.

No levantó la voz. No dio explicaciones. Se levantó y señaló la salida.

—Si vuelven —añadió—, será con condiciones claras. Y sin prisa.

El emisario se fue con la sonrisa rota.

Kael respiró hondo. Decir no también cansa. También deja marcas.

Esa noche, cuando el enclave dormía, el vínculo vibró con una certeza nueva. No palabras. No imágenes.

Dirección.

Dos elecciones hechas en lugares distintos habían trazado una línea invisible entre ambos. No recta. No fácil.

Pero honesta.

Y en la sombra que despertaba entre rutas y archivos, alguien tomó nota.

No para atacar.
Para esperar.



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En el texto hay: magia, enemistolover, romantasy

Editado: 09.01.2026

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