Promesas de espinas y magia

capitulo 25

No hubo proclamación.
Solo un gesto.

En una ruta secundaria —demasiado pequeña para los mapas, demasiado transitada para el olvido— alguien colocó una marca nueva sobre una piedra vieja. No era un símbolo de poder, sino de permiso. El tipo de permiso que no se pide a los vivos.

La ruta respondió abriéndose un poco más de lo debido.

Iria sintió el tirón como una quemadura breve. El archivo se tensó, no con alarma, sino con vergüenza: había fallado en algo que creía sellado. Corrió, no con los pies, sino con la atención, siguiendo el hilo hasta el punto exacto donde la memoria había sido usada como llave.

—Ya empezaste —susurró—. Y elegiste bien el lugar.

Abrió el registro correspondiente y lo encontró alterado. No borrado. Reordenado. Alguien había cambiado el orden de los hechos para que la consecuencia pareciera inevitable.

Iria respiró hondo. El impulso de corregirlo fue fuerte. Pero recordó la lección: reescribir sin mostrar el corte solo perpetúa la herida.

—No —dijo—. Te verán.

Dejó el error visible. Selló alrededor, no para ocultar, sino para delimitar. Que quien leyera entendiera que allí se había cruzado una línea.

El vínculo vibró: Kael estaba en movimiento.

En el enclave, la noticia llegó como llegan las verdades incómodas: tarde y con detalles contradictorios. Un puesto abandonado. Un juramento roto sin violencia. Un custodio que no recordaba haber entregado nada… pero lo había hecho.

—No fue coacción —dijo Kael—. Fue convicción prestada.

Ordenó cerrar la ruta secundaria. No con guardias, sino con presencia comunitaria. Que la gente habitara el paso. Que el peligro no encontrara huecos vacíos.

—¿Lo perseguimos? —preguntaron.

Kael negó.

—Aún no. Quiere que corramos.

El vínculo le devolvió una certeza: Iria había visto la marca. No la había borrado. Eso significaba algo peor… y mejor.

En la sombra, quien había actuado observó las reacciones con calma. El primer acto había sido pequeño, casi elegante. No un golpe, sino una prueba. Y la respuesta fue distinta a lo esperado.

No hubo pánico.
No hubo corrección apresurada.
Hubo exposición.

—Interesante —murmuró, y por primera vez dijo un nombre que no era el suyo—. Así que eligieron mostrarnos.

El segundo acto se preparó entonces. No inmediato. No ruidoso.

Irreversible.

Esa noche, Iria y Kael compartieron el mismo sueño sin dormir.

Una ruta abierta de más.
Una piedra marcada.
Y una certeza que pesaba como promesa:

El juego había empezado.
Y ya no se ganaría con secretos.



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En el texto hay: magia, enemistolover, romantasy

Editado: 09.01.2026

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