Promesas de espinas y magia

capitulo 27

El intento de rescate no comenzó con un plan.
Comenzó con una escucha.

Iria afinó el archivo hasta encontrar el hilo que no mentía: no la ubicación, sino la decisión que aún respiraba. Mara no estaba retenida por muros; estaba sostenida por una idea que la hacía sentirse necesaria.

—Si la arranco —susurró Iria—, la rompo.

El archivo respondió con un silencio denso, de los que confirman.

Kael llegó al punto donde la ruta se estrechaba como un cuello. No avanzó con armas visibles. Avanzó con nombre y memoria, dejando que los custodios supieran dónde estaba y por qué. El antagonista quería pruebas de coerción; Kael le negó ese relato.

—Venimos a hablar —dijo—. No a tomar.

Los dejaron pasar.

Mara los vio primero como se ve un recuerdo querido: con alivio y vergüenza mezclados. Estaba sentada a una mesa simple. Tenía agua, pan, una manta. No estaba herida.

—No estoy prisionera —dijo antes de que hablaran—. Elegí quedarme.

Kael no la contradijo. Iria tampoco. Decirle que no había elegido habría sido robarle otra vez.

—Lo sabemos —dijo Iria con suavidad—. Por eso vinimos.

Mara frunció el ceño.

—Entonces ¿por qué?

Iria apoyó la mano sobre la mesa, lo justo para que el vínculo respirara entre las tres.

—Porque hay elecciones que se hacen sin ver el final —respondió—. Y mereces verlo.

El lugar se tensó. No hostil. Expectante.

Entonces apareció él. No con capa ni símbolo. Con una presencia que ocupaba el centro sin empujar.

—No les he mentido —dijo—. Ella decidió ayudar.

—Decidir no basta —respondió Kael—. Importa desde dónde se decide.

El hombre sonrió apenas.

—Siempre desde la necesidad —dijo—. Es la más honesta.

Iria sostuvo la mirada.

—La necesidad también puede ser sembrada.

El antagonista inclinó la cabeza, reconociendo el golpe.

—Y aun así —dijo—, no la he forzado a quedarse.

Mara miró a Iria. Algo en su pecho se movía, incómodo, despierto.

—Si me voy —preguntó—, ¿qué pierdo?

Iria no edulcoró la respuesta.

—La certeza —dijo—. Y la ilusión de que el bien siempre es claro.

Mara respiró hondo. Miró el pan. La manta. El espacio sin barrotes.

—Y si me quedo…

Kael completó la frase:

—Perderás la posibilidad de volver siendo la misma.

El silencio se volvió elección.

Mara se levantó despacio. Caminó hasta la puerta. Se detuvo allí, con la mano en el marco.

—No vuelvo hoy —dijo—. Pero tampoco me quedo para siempre.

El antagonista no la detuvo. Sonrió con algo parecido al respeto.

—Entonces aprende —dijo—. Y regresa cuando puedas nombrar lo que viste.

Kael asintió. Iria sostuvo la mirada de Mara un segundo más, dejando una marca mínima, no de control, sino de retorno.

Cuando salieron, el vínculo no celebró. Tampoco lamentó.

Habían rescatado algo.
No un cuerpo.
Una posibilidad.

Y eso, en un mundo que se acostumbraba a los finales cerrados, era un acto radical



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En el texto hay: magia, enemistolover, romantasy

Editado: 09.01.2026

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