Promesas en la Oscuridad

Capitulo 1

La música golpeaba con fuerza las paredes de aquella concurrida discoteca, la cual sientes la vibración incluso bajo tus pies; luces violetas y rojas atravesaban la oscuridad en intervalos irregulares, donde se iluminaban rostros desconocidos y cuerpos que se juntaban en uno solo durante apenas unos segundos antes de volver a perderlos entre la multitud.

Para cualquiera, aquella sería una escena agradable, para el gusto humano que busca perderse entre alcohol, drogas, risas y más.

Pero para Jessica esto estaba más que fastidioso todo de hecho le resultaba así, apoyada con la barra de bebidas miraba y sentía a cualquiera a su alrededor, no necesitaba estarlos viendo para saber donde estaban, esto era algo que había aprendido desde muy chica y aunque le parecía fascinante en algunos caso, en este no lo era.

Agacho su mirada y miraba de cerca el vaso que rodeaba con sus delgados dedos, sentía el frío del hielo atravesar el denso vaso de cristal, sus sentidos se hallaban a todo fulgor, escuchaba las voces y risas de las personas que se hallaban en la segunda planta de aquella discoteca, sentía sus auras.

La mayoría eran humanos, y otras eran criaturas que para una persona corriente serían monstruos, muchos caminaban con tranquilidad sobre el mundo humano pero cuando la noche caía nadie se daba cuenta que las criaturas más temidas por cuentos de hadas salían y se mezclaban con ellos.

Volvió su atención hacia la barra donde ya hacia ella, mirando aun la bebida intacta frente de ella , fingiendo prestar atención a la conversación de sus compañeros mientras observaba el lugar.

Podía sentirlos.

Los humanos tenían una presencia tenue. Casi transparente.

Las criaturas sobrenaturales eran diferentes, sus auras tenían peso. Algunas eran cálidas, otras parecían frías incluso desde varios metros de distancia, Jessica había aprendido a distinguirlas.

Pero había incluso unas que podían pasar desapercibidas o sentirlas ya que las tenías detrás de ti.

Y no fue hasta ese momento que ella sintio un escalofrio recorrerla lentamente como una tortura lenta y nada amistosa.

Se enderezó en su asiento y se puso en alerta.

Algo o alguien acaba de entrar al lugar.

No supo que era.

Se pasó la mano por su cabello y se concentró en un solo punto. Cerró los ojos un momento, dejando el ruido de la música y concentrándose de lleno en aquella presencia que acababa de percibir.

Uno…Dos…Tres segundos pasaron.

Entonces lo sintió… Una presencia al otro lado del salón. Era oscura… Densa, demasiado silenciosa.

¡Pum!

Jessica abrió los ojos de golpe, la multitud seguía bailando, nadie parecía haber notado algo, pero porque ella si, ¿Sería porque se encontraba analizando el lugar?. Su atención se desplazó lentamente por todo el lugar hasta detenerse en un hombre situado cerca de una de las escaleras de la planta superior.

No se encontraba haciendo nada, no hablaba con nadie, incluso parecía no estar interesado en lo más mínimo en el lugar donde se encontraba, simplemente observaba, a todos.

Por alguna razón Jessica no podía apartar la mirada, había algo incorrecto en él, la cual no era su apariencia, era lo había detrás de él, su aura. Jessica sintió que algo dentro de ella reaccionaba antes de que pudiera evitarlo. Sus sentidos se agudizaron y, durante un instante, el resto de la discoteca pareció desaparecer.

La música se volvió distante.

Las voces se apagaron.

Incluso las luces parecieron perder intensidad.

Solo quedó aquel hombre.

Y aquella presencia imposible de ignorar.

Jessica frunció el ceño, no podía identificarlo y eso nunca le había pasado.

Había visto vampiros, licántropos, brujos y criaturas cuya existencia la mayoría de los humanos ni siquiera se imaginaba o creía su existencia; podía reconocerlos antes de que pronunciaran alguna palabra pero aquel hombre era diferente.

Su aura no parecía pertenecer a una sola criatura, parecía contener algo más, algo antiguo y que no debería de estar allí. Entonces fue cuando él levantó su cabeza y sus ojos encontraron los de Jessica desde el otro lado del salón.

Y por primera vez aquella noche, ella tuvo la inquietante sensación de que no había sido ella quien lo había encontrado.

El la había encontrado a ella…

El hombre sonrió apenas.

Jessica dejó el vaso sobre la barra.

Su misión acaba de cambiar.

Pero ella no sabía que acababa de mirar directamente a Barsabas Vulkovich su futura pesadilla.




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