Promesas Que No Fueron Para Mi

Capítulo 2

Era un viernes de marzo. Había un evento al que no tenía ganas de ir. Estaba cansada y lo único que quería era quedarme en mi cama, en silencio, sin pensar en nada más.

—Elia, ¡vamos! Vine por ti —dijo Chris, entrando a mi cuarto como si fuera el suyo.

Chris ha sido una de mis tantas amigas que siempre ha estado ahí para mí. Tiene una paciencia única conmigo; a veces ni yo misma me aguanto, pero ella lo hace por las dos.

—Chris… es viernes, déjame dormir —respondí, enterrándome más entre las sábanas.

Realmente estaba demasiado cansada como para siquiera ponerme los zapatos.

—Eso dijiste la vez pasada, Elia, y me prometiste que hoy sí vendrías conmigo. Recuérdalo.

Y sí… era cierto. Se lo había prometido.

Suspiré. No tenía fuerzas para discutir. Me levanté despacio, me di un baño rápido y me alisté con las pocas ganas que me quedaban. En el fondo, también necesitaba salir, distraerme un poco del trabajo, las clases, y de todo lo que me tenía saturada.

Cuando llegamos, el ambiente era distinto al que imaginaba. Luces, música, risas, gente que no veía hace tiempo. Al principio me costó entrar en el ritmo, pero poco a poco me fui soltando. Chris, como siempre, me arrastraba a cada grupo, a cada conversación.

Y sin darme cuenta… estaba riendo.

Entre despedidas, cambios de canción y la espera de los taxis, desvié la mirada por un instante.

A lo lejos lo vi.

No era exactamente como lo recordaba, pero había algo en él… algo que sabía que no me estaba equivocando, sus ojos, esos mismos ojos que recordaba.

Nuestros miradas se cruzaron.

Y ambos sonreímos al mismo tiempo.

—¿Elia? ¿Eres tú?

—¡Esteban! —dije sin pensarlo.

Y como si el tiempo no hubiera pasado, fui corriendo a abrazarlo.

Esteban y yo nos conocimos a principios del 2019. No hubo nada especial en ese momento… ni una mirada que se quedara más de lo normal, ni una conversación que lo hiciera diferente.

Solo éramos dos personas en el mismo lugar, rodeados de gente, con amigos en común, coincidiendo como coinciden muchas historias. Sabíamos de la existencia del otro, pero nunca cruzamos palabra.

Y aun así… ahí estaba.

—¿Cómo has estado? ¡Hace tiempo que no te veo! —dije con una sonrisa que no pude ocultar.

—¿Cuánto tiempo ha pasado? —preguntó, un poco confundido—. Me alegra verte.

—Como tres años, aproximadamente. Dime, ¿has estado viniendo a estos eventos? Es que no te he visto.

—Claro que sí, siempre —respondió con una pequeña risa—. Más bien tú no has venido. ¿O acaso me estás mintiendo?

—¡No, claro que no! —reí—. Pero es raro… no nos hemos cruzado en todo este tiempo hasta hoy.

Y en ese momento, lo olvidé todo.

Olvidé que Chris me estaba esperando.

Olvidé que los taxis ya habían llegado.

Olvidé incluso que al día siguiente tenía una clase importante.

Solo estaba ahí, hablando con él, como si el mundo se hubiera reducido a ese instante. Su forma de hablar, su risa, la naturalidad con la que todo fluía… me hacía sentir cómoda de una forma que no esperaba.

—¡Elia! —la voz de Chris me sacó de golpe—. Tengo que irme ya, se está haciendo tarde.

—Ya voy… dame unos minutos —respondí, sin dejar de mirarla, casi suplicando con la mirada un poco más de tiempo.

Me volví hacia Esteban.

—Me olvidé que ellos estaban conmigo… tengo que irme. De verdad me dio gusto verte.

—El gusto fue mío —respondió con una sonrisa cálida—. Espero verte en el evento del domingo.

—Yo también estaré ahí. Espero que nos volvamos a ver —sonreí antes de empezar a caminar.

—¡Elia, espera! —me llamó de nuevo.

Me giré.

Él se acercó un poco más.

—Tu número… pásame tu número.

Lo dudé un segundo. No sabía por qué, pero sentí algo extraño en el pecho. Una mezcla de emoción y miedo, como si algo dentro de mí supiera que esto no era solo un encuentro casual.

Pero accedí.

Le di mi número.

—Te escribo cuando llegue a casa —dijo—. Ve con cuidado.

Asentí.

Y antes de irme, sentí su beso suave en la mejilla.

Un gesto simple.

Casi cotidiano.

Pero suficiente para hacer que algo dentro de mí cambiara sin que lo notara.

Caminé de regreso hacia mis amigos con una sonrisa que no podía controlar.

Algo había pasado.

Y no sabía cómo explicarlo… pero ya no era la misma.

Esa noche terminó como cualquier otra.

Cada uno siguió con lo suyo, sin grandes despedidas.

Pero algo ya había empezado.

Y yo todavía no lo sabía.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.