-¿Quién era él, Elia? -preguntó Chris con una sonrisa, de esas que ya dicen mucho sin necesidad de insistir demasiado.
La miré por un segundo, como si intentara ordenar lo que acababa de pasar en mi cabeza.
-Un amigo que conocí hace tiempo, en otro evento... -respondí con calma-, pero es raro... porque él y yo nunca cruzamos palabras realmente... y aun así ahora hablamos como si nos conociéramos de toda la vida.
Me quedé pensativa unos segundos después de decirlo.
Porque era verdad.
Era extraño... pero al mismo tiempo se sentía tan natural que no sabía cómo explicarlo.
La primera vez que nos vimos... solo nos mirábamos. Coincidíamos en el mismo lugar, con las mismas personas, pero nunca hubo una razón para acercarnos. Ni una conversación larga, ni una excusa para quedarnos un poco más. Solo lo necesario. Solo lo justo.
Nada más.
Y, además... él tenía novia.
Alisson.
Recuerdo bien su nombre.
Era una chica alta, con un cabello precioso que siempre llevaba con tanto cuidado, y tenía una forma de hablar tan bonita, tan suave, que hacía que todo sonara más tranquilo. Era de esas personas que caen bien sin esfuerzo.
Incluso me hice amiga de ella.
Y yo... en ese tiempo, no estaba bien.
No era una etapa fácil.
No quiero entrar en detalles, porque todavía hay cosas que duelen cuando las recuerdas, pero sí puedo decir que fue un momento que me afectó más de lo que me hubiera gustado aceptar.
Tal vez por eso nunca pasó nada entre él y yo en ese entonces.
Tal vez simplemente... no era el momento.
Regresé a casa después de despedirme de todos.
Durante el camino no dejé de disculparme con Chris por haberla hecho esperar esos diez minutos que duró mi conversación con Esteban.
-Perdón, en serio... -le repetía- no quería demorarte tanto.
Sabía cómo era su mamá. Sabía que era estricta con los horarios, y por eso cada minuto me pesaba un poco más.
-Tranquila, Elia -me decía ella, restándole importancia-, no pasa nada.
Pero aun así... yo seguía sintiéndome un poco culpable.
Cuando llegué a casa, lo único que quería era dormir.
Entré a mi cuarto con ese cansancio que no es solo físico, sino también mental. Cerré la puerta despacio, como si quisiera que todo el ruido del día se quedara afuera.
Miré mi cama... y sentí un pequeño alivio.
Horas antes había tenido que dejarla para cumplir una promesa que ni siquiera quería cumplir... y ahora solo quería volver a ella.
Me cambié rápido, me dejé caer entre las sábanas y cerré los ojos por unos segundos.
Pero justo cuando empezaba a relajarme...
escuché el sonido de mi celular.
Un mensaje.
Fruncí ligeramente el ceño.
"Seguro es Chris..." pensé.
"O peor... su mamá."
Por un momento dudé en revisarlo, pero la curiosidad pudo más.
Tomé el celular.
Era un número desconocido.
Y eso me pareció raro.
Abrí el chat.
-Hola, Elia. Soy Esteban... nos acabamos de despedir. Ya estoy en casa. ¿Ya llegaste?
Me quedé mirando la pantalla.
Y sin darme cuenta...
sonreí.
Mis ojos se iluminaron de una forma que no esperaba, y esa sonrisa apareció sola, como si ya supiera quién era antes de leerlo.
Era él.
-Hola, Esteban. Sí, ya llegué.
Escribí eso... y me quedé mirando el mensaje, como esperando algo más, como si quisiera seguir hablando pero no supiera cómo.
No sabía qué más decir.
Pero tampoco quería dejar de responder.
-¿Qué te dijeron tus amigos? Porque te estaban llamando...
Leí su mensaje con una pequeña sonrisa.
-Sí... lo que pasa es que Chris, mi amiga, tenía que irse rápido. Vive un poquito más lejos que yo y ya era tarde... y su mamá sí es un poco estricta.
-Lo siento, no debí retenerte tanto tiempo.
Ese mensaje me hizo detenerme un momento.
-No me retuviste... yo decidí quedarme y conversar contigo.
Y era verdad.
Nadie me obligó.
Yo quise quedarme.
Porque me sentía bien.
Porque quería seguir ahí.
-Fue lindo vernos después de tanto tiempo.
Leí ese mensaje más de una vez.
Y no sé por qué... pero sentí algo en el pecho.
-Sí... fue lindo. Espero verte el domingo.
-Ahí estaré. Espero verte yo también. Ya iré a descansar, tengo que trabajar mañana. Ten una bonita noche ♡
Ese pequeño corazón...
no sé por qué...
pero me hizo sonreír más.
-Descansa, ten bonita noche tú también.
Y ahí terminó.
Solo fueron mensajes.
Simples.
Cortos.
De esos que cualquier persona podría enviarte sin que signifiquen nada.
Pero para mí...
no fueron cualquier cosa.
Porque había algo.
Algo que sentí cuando lo abracé.
Algo que sentí cuando hablábamos.
Algo que no sabía cómo explicar... pero que estaba ahí, dando vueltas en mi cabeza, haciéndose notar poco a poco.
Y sí...
yo sabía perfectamente que una no debe enamorarse solo porque alguien le habla bonito, porque sonríe, o porque tiene detalles.
Sabía que al inicio todo puede parecer perfecto...
y que muchas veces, cuando alguien ya te tiene, cambia.
Lo sabía.
Lo había vivido.
Pero aun así...
había algo en él.
Algo distinto.
Algo que no me dejaba ignorarlo.
Algo que me hacía pensar más de lo normal.
Algo que me hacía sonreír sin razón.
Y aunque intenté no darle importancia...
aunque intenté convencerme de que no era nada...
no pude evitar sentir que algo estaba empezando.
Y por más que quise no ilusionarme...
una parte de mí ya lo estaba haciendo.
Llegó el domingo.
El tan esperado domingo.
Y no sabía muy bien por qué lo estaba esperando tanto... pero lo hacía.
Desde que abrí los ojos sentí algo distinto, como una pequeña emoción escondida que no quería admitir. Me levanté más rápido de lo normal, revisé mi celular casi sin pensarlo... como si esperara encontrar algo.
Editado: 06.05.2026