Promesas Que No Fueron Para Mi

LO QUE EMPEZÓ A HACER REAL

Habían pasado algunos meses desde que Esteban apareció en mi vida…

y aunque en teoría solo nos estábamos conociendo, había algo que ya se sentía distinto.

No era solo conversación…

no era solo interés…

ya había momentos.

Momentos bonitos, risas que se quedaban, conversaciones largas…
pero también pequeños disgustos, diferencias, un par de discusiones que, aunque no fueron graves, dejaban ver algo muy claro:

no éramos iguales.

Nuestras personalidades eran distintas…
y tal vez por eso, todo se sentía más intenso.

Aun así… él me hacía sentir bien.

Tenía paciencia conmigo… mucha.

O al menos así era cuando estaba conmigo.

Y creo que fue eso lo que hizo que todo empezara a sentirse más real.
Hasta ese día.

—Elia… sé que es muy pronto, pero… me gustaría conocer a tus papás. Pedirles permiso para poder salir contigo —me dijo.

Lo dijo con una mezcla de seguridad y nervios que no pude ignorar.

—¿Qué?… ¿Esteban? —respondí sorprendida, casi sin procesarlo.

No era que no quisiera…

era que nunca nadie me había dicho algo así.

Nunca alguien había pensado primero en mis papás… antes que en estar conmigo.

Y eso… me descolocó.

Mis papás aún no sabían de él.

No porque me diera miedo contarles…
sino porque en mi casa siempre me enseñaron que una relación tenía un propósito. Que no se trataba solo de “salir por salir”… y mucho menos de presentar a alguien sin intención real.
Así que, si iba a dar ese paso… tenía que ser en serio.

Y él… lo estaba siendo.

Después de pensarlo, hablamos, coordinamos… y decidí contarles todo.
Recuerdo sus caras cuando les dije que Esteban quería venir a conocerlos.

Se sorprendieron.
Mucho.

Porque en estos tiempos… chicos así casi no hay.
Existen, sí… pero son contados.

La mayoría simplemente aparece… y ya está.
Pero él no.

Él quería hacer las cosas bien.

Esa noche, habíamos quedado en un restaurante.

Yo llegué con un nudo en el pecho que no sabía explicar.

No era miedo… pero tampoco tranquilidad.

Era algo nuevo.

Algo que nunca había vivido antes.
Y él ya estaba ahí.

Cuando vio a mis papás, se acercó de inmediato.

—Buenas noches, mi nombre es Esteban… —dijo apenas los tuvo frente a él.

Su voz era firme… pero sus manos no tanto.

Se notaba que estaba nervioso.

Y eso, en lugar de incomodarme… me hizo mirarlo distinto.

Porque estaba ahí, a pesar de los nervios.

Y eso ya decía mucho.

Entramos al lugar… y antes de sentarnos, él se adelantó ligeramente.

—Por favor… —dijo, indicándoles a mis papás que tomaran asiento primero.

Era un gesto simple… pero en ese momento, para mí, lo significaba todo.

Porque nunca lo había vivido así.

Y cuando no estás acostumbrada a ese tipo de trato… no sabes ni cómo reaccionar.

Solo sientes.

Y yo estaba sintiendo demasiado.

Hicimos el pedido… y por unos segundos hubo silencio.

Un silencio de esos que no incomodan… pero que pesan.

Hasta que él empezó a hablar.

—Sé que puede parecer apresurado… —dijo, mirando directamente a mis papás—, pero ya hace algunos meses que vengo conversando con su hija… con Elia.

Hizo una pequeña pausa… como ordenando sus palabras.

—Nos hemos estado conociendo… y la razón principal por la que estoy aquí… es porque hay un interés real de mi parte hacia ella.

Yo bajé la mirada, intentando disimular la sonrisa que se me escapaba sola.

—Quería pedirles permiso… y también el honor de poder salir con su hija de manera formal.

Su voz ya no temblaba tanto.

—Tengo buenas intenciones con Elia… y más adelante, si todo se da y Dios lo permite… me gustaría poder tener una relación seria… y eventualmente, llegar al matrimonio.

El silencio que siguió fue distinto.

Más profundo.

Yo sentía el corazón en la garganta.
Y mis papás… se miraron entre ellos.

Sorprendidos.
Pero tranquilos.

—Esteban… —dijo mi papá finalmente— ¿estás seguro de lo que nos estás diciendo?

—Sí, señor. Estoy completamente seguro —respondió él, con una sonrisa que ahora sí se sentía firme.

Mi mamá asintió suavemente, y luego volvió a mirar a mi papá.

Como si en esa mirada ya hubieran decidido todo.

—Bueno… —continuó mi papá— por nuestra parte no hay ningún problema.
Hizo una pequeña pausa, observándolo.

—Si has venido hasta aquí… y además nos has invitado a cenar para conocernos… habla muy bien de ti.

Y en ese momento… algo dentro de mí se acomodó.

Porque ya no era solo algo entre él y yo.

Ahora… se estaba volviendo real.

------------------------------------------------------

Después de ese día… algo entre nosotros cambió.

No de forma brusca… no fue un antes y un después evidente…
pero sí se sintió distinto.

Más ligero.

Más tranquilo.

Más… real.

Mis papás ya sabían de Esteban.

Sabían quién era… y, sobre todo, cuáles eran sus intenciones conmigo.

Y eso… de alguna forma, me dio paz.
Porque ya no era algo oculto, ni algo incierto.

Ahora tenía un lugar.

Y él también.

A partir de ahí, empezamos a salir más.
Me invitaba a salir casi todos los fines de semana…
y a veces, incluso en medio de su rutina, encontraba un espacio para verme aunque fuera un rato.

Pero lo que más me sorprendía…

era que siempre estaba presente.

Me escribía todo el día.
Buenos días…
cómo estás…
qué haces…
ya comiste…

Mensajes simples… pero constantes.
Y yo, a veces, no podía evitar preguntarme:

—¿No te dicen nada en el trabajo por usar tanto el celular?
Él soltaba una pequeña risa del otro lado.

—Deberían… pero no me importa mucho —respondía—. Necesito saber de ti.

Y esas palabras… tan simples…
se me quedaban más de lo que deberían.
Porque nadie antes me había hecho sentir tan presente en su día.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.