Prometí no encariñarme

Capítulo 1

Presiono el timbre de la casa de Leo con el corazón latiendo a un ritmo irregular. Me pidió que viniera porque, según él, un resfriado acechaba sus defensas y necesitaba mis cuidados para no caer en cama. Me gusta sentirme necesaria para él; es su forma de demostrarme que soy su prioridad.

—Llegas tarde —sentencia en cuanto abre. No se aparta, se queda apoyado en el marco de la puerta, su figura bloqueando cualquier vistazo al interior. Su mirada me recorre con una intensidad que me hace sentir pequeña.

—El tráfico estaba insufrible, lo siento —murmuro, buscando una disculpa que lo apacigüe.

Él suspira, como si mi tardanza fuera un sacrificio que debe soportar, y finalmente cede el paso. Caminamos hacia su habitación en un silencio sepulcral. Supongo que sus padres han salido; la casa se siente como una caja de resonancia vacía.

—Pasa. Estaba viendo una película, pero verla solo no tiene sentido si tú no estás —dice, cerrando la puerta detrás de mí con un clic que resuena en mis oídos.

Me dejo caer en su cama. Es tan suave, casi irreal, como si estuviera rellena de las plumas más finas del mundo. Por un momento, me relajo, pero el colchón se hunde bruscamente bajo su peso. Leo se deja caer a mi lado y, de inmediato, sus brazos me cercan. Me atrae hacia él con una fuerza que bordea lo doloroso. Sus labios comienzan a recorrer mi rostro, besos rápidos, posesivos, que no me dejan espacio para respirar.

Sonrío, convencida de que este fuego es amor puro. Cuando sus manos bajan a mi cintura, me eleva sin esfuerzo, obligándome a quedar a horcajadas sobre él. El contacto es total. Sus labios descienden por mi mandíbula y se entierran en mi cuello. Intento ganar algo de espacio, pero para cuando reacciono, él ya me ha empujado contra el colchón, posicionándose encima de mí como un depredador.

—Leo, espera… —trato de decir, pero sus dientes muerden la piel sensible de mi cuello, arrancándome un suspiro de puro dolor.

Sus manos, expertas y urgentes, se deslizan bajo mi blusa. El frío de sus dedos contra mi piel me hace estremecer. Me separo un poco, obligándolo a levantar la vista.

—No hay nadie, Ivy. Estamos solos por fin —susurra, y sus dedos ya están forcejeando con el encaje de mi sostén.

El pánico, sutil pero real, empieza a trepar por mi garganta. Intento incorporarme, pero él atrapa mis muñecas contra la cama.

—Leo, yo no… no estoy segura.

—¿Quieres que sea suave? —me interrumpe con una sonrisa ladeada que no llega a sus ojos—. Lo siento, linda, sabes que la delicadeza no es lo mío cuando se trata de ti. Me vuelves loco.

Con un movimiento brusco, desliza mi blusa fuera de mis hombros. Sus labios bajan al borde de mi lencería. Me retuerzo, el pecho me oprime.

No quiero esto, no así.

—Leo, no. Por favor.

—¿No quieres? —Su voz se vuelve más grave, casi un desafío. Sus dientes atrapan la tela de mi sujetador, tirando de ella hacia abajo.

En un arranque de valentía, tomo fuerza que no sabía que tenía y lo empujo. Él se tambalea, pero permanece sentado sobre mis muslos. Para mi horror, se echa a reír. Una risa suave, oscura.

—Me encanta que me rechaces, Ivy. Me encanta que te hagas la difícil —murmura, y antes de que pueda procesarlo, se quita la playera de un tirón y la lanza a un rincón. Sus ojos brillan con una determinación aterradora—

Vuelve a lanzarse sobre mí. Intento forcejear, pero me inmoviliza con su peso, aplastando mis protestas. Su mano izquierda se desliza hacia mi espalda, buscando con destreza el broche de mi sostén. Es una lucha desigual; él es puro músculo y voluntad.

—¡Leo, no quiero! —exclamo, cubriendo mi pecho con las manos en un intento desesperado de protegerme.

—No es una pregunta, Ivy. Vamos a tener sexo —su voz ya no tiene rastro de cariño, es una orden—. Es lo que hacen las parejas que se aman.

Me sujeta las muñecas y las alza sobre mi cabeza, dejándome totalmente vulnerable. Estoy a punto de rendirme cuando, de repente, la puerta se abre de golpe. Me quedo helada.

—Hijo, ya está la ce… —La voz de su madre se corta en seco. Isabella se queda petrificada en el umbral, asimilando la escena.

El hechizo se rompe. Me muevo con frenesí, abrochando lo que puedo y tirando de mi blusa hacia abajo. Leo, con una calma exasperante, se abotona el pantalón mientras fulmina a su madre con la mirada.

—¿Podrías tocar antes de entrar? No es tan difícil respetar la privacidad —dice él, con una frialdad que me hiela la sangre.

Isabella asiente torpemente y se retira sin decir palabra. El silencio que queda es denso, tóxico. Leo se gira hacia mí, evaluándome.

—Ivy, llevamos casi un año juntos. ¿Por qué sigues con esto? ¿Por qué me haces esto?

—No me siento preparada, Leo… lo sabes.

—Si de verdad me amaras, no me harías esperar así. Cualquier otra chica ya lo habría hecho conmigo hace meses. Parece que disfrutas viéndome sufrir.

—No soy cualquier otra chica —respondo con la voz quebrada—. Si solo me pediste que viniera para esto, es mejor que me vaya.

Me levanto, evitando su mirada, y recojo mi bolso del suelo. Siento sus dedos entrelazarse con los míos. Su tacto cambia de agresivo a meloso en un segundo. Besa el dorso de mi mano con una ternura que me confunde.

—Linda, entiéndeme. Estoy en una edad en la que necesito sexo para estar tranquilo, para no estar de mal humor. Es biológico.

—No creo que eso funcione así —murmuro, retirando mi mano—. Ya no somos adolescentes hormonales.

Él suspira, fingiendo decepción.

—Sabes que no viniste solo por eso. Sabía que me rechazarías de nuevo… me estoy acostumbrando a que nunca me des lo que necesito. Pero aún así, compré esto —saca dos entradas de su mesa de noche—. Son para el juego de béisbol de la próxima semana. Entradas VIP, limitadas. Las compré pensando en nosotros.

Ni siquiera me gusta el béisbol. Me aburre profundamente. Pero verlo ahí, ofreciéndome un regalo después de casi haberme obligado… siento que le debo algo. No quiero rechazarlo otra vez. Sería demasiado cruel de mi parte



#5389 en Novela romántica

En el texto hay: toxico, trauma, infielidad

Editado: 22.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.