Prometo odiarte hasta que el amor gane la batalla

1- Buscando lo que no se le había perdido

—¿Cómo qué te vas de viaje de aventura?, falta poco para nuestra boda. —Dylan no lucía molesto, solo estaba confundido ante la decisión de su novia.

Donna lo miró a los ojos mientras le acariciaba el cabello.

—Debo conocer mi origen, siento que mi vida no es completa si no lo hago.

—Nada tienes que buscar en ese bosque, tu presente y tu futuro soy yo, ¡Mírame!

Por unos segundos, ella se perdió en el azul de sus ojos.

Habían sido novios desde la preparatoria e irían juntos a la universidad. Así lo habían planeado.

El amor iluminaba el rostro de Dylan, pero un suspiro hondo escapó del pecho de Donna.

Él se inquietó al notar su cambio de humor. Ella sabía que debía confesar lo que la atormentaba.

Debía regresar a Texas para conocer a su familia. Aunque prefería que Dylan no la acompañara, decidió omitir los detalles de su pasado.

Se conocían bien, y él aceptó su decisión con resignación, a pesar de su naturaleza protectora para con ella.

La madre de crianza de la chica siempre le había advertido que no podía enamorarse de un humano debido a su naturaleza licántropa.

Donna era especial; representaba la salvación para su pueblo, una horda de lobos atrapados en un conflicto interminable.

Decidida a entender su historia, tomó su mochila y dejó una nota para su tía antes de partir a su destino.

Sus sueños le ofrecían una extraña familiaridad con el lugar. Su instinto la guiaba mientras escuchaba pasos acercarse.

Un aroma masculino y seductor flotaba en el aire. Al levantar la vista, se encontró con unos ojos color miel que la observaban con intensidad.

Él la bloqueó audazmente en su camino, un hombre de apariencia musculosa con cabello rizado.

—¿A dónde vas pequeña? —preguntó con autoridad.

Donna, sintiendo el miedo apoderarse de ella, se rehusó a contestar.

Otro hombre apareció y mencionó el apellido Brown, despertando un terror familiar en Donna, quien sabía que eran enemigos de su familia.

El hombre arrogante insistió en cuestionarla. Con determinación, se negó a dejarse intimidar, manteniendo la mirada firme.

A pesar de su actitud prepotente, había algo atractivo en él. Sin embargo, optó por escapar y corrió con agilidad, aunque él rápidamente la alcanzó.

La aprisionó contra un árbol, su comportamiento se tornó amenazador al deslizar su rostro por su cuerpo.

El miedo la paralizó, pero el deseo de no rendirse la impulsó a liberarse, golpeándolo con furia.

—¡Quítate pervertido!

Huyó, mientras él pánico la invadió, sentía las pisadas de ese loco muy cerca, la forma en que la había olido no le gustó para nada.

A grandes pasos corrió como si su vida dependiera de ello.

Llegó a la aldea del clan Spencer, reconocida al instante por su gente, quien la rodeó con gritos de desprecio.

La heredera del Alfa había regresado, pero los insultos cayeron sobre ella como piedras.

La voz del Alfa Sam la sacó de su desesperación, exigiendo respeto para la Alfa Donna.

Sam, al ver a Donna, la saludó con calidez, pero había más en juego.

—Vuelves en un momento difícil, ahora más que nunca la guerra contra los Brown es sangrienta.

—Algo me explicó mamá, tenemos que hacer algo para detener tanta violencia.

Cuando hablaban, su madre de crianza apareció, explicando su razón para seguirla.

—Hija vi la nota que me dejaste, vámonos de este lugar.

—¡Mira a quien tenemos allí! La traidora de Cristal ha vuelto. —Dijo Sam tomando a la mujer por el cabello con rudeza.

Donna se interpuso entre ellos dos, intentando proteger a quien en realidad era su tía.

Sam bajó la guardia y Donna intentó explicar la situación.

—Mi tia, solo huyó para proteger mi vida luego de la matanza, yo era una bebé indefensa. Más bien dime, ¿qué puedo hacer para traer la paz al territorio?

—Cásate con el Alfa Brown y unamos las manadas.

Esa sugerencia dejó a Donna boquiabierta. Ella ya tenía a Dylan en su corazón.

Sam le recordó que Cristal debía enfrentar la justicia de la manada.

Al darse cuenta del caos en el que estaba inmersa, Donna se sintió atrapada.

—Querida Donna, eres el Alfa de nuestra manada y la vida de Cristal depende de tí. Yo te dejo ir sola pero la vida de esta traidora es nuestra.

—Me quedaré y enfrentaré mi destino — dijo mientras pensaba en un plan de escape.

Un mes pasó, y el día de su boda con el Alfa Brown se acercaba.

Para muchos, esto equivaldría a un privilegio, pero en realidad, era una maldición que llevaba consigo un legado marcado por el odio.

Había caído en la red tejida por generaciones pasadas.

Aunque su futuro parecía predeterminado, su amor por Dylan fue una chispa constante que mantenía viva la esperanza en su interior.

Las emociones luchaban dentro de ella, pues el día de su boda debía ser uno de felicidad, pero para Donna, eso no era más que una trampa.

Mientras reflexionaba sobre su situación, una Omega de los Brown interrumpió su ensimismamiento.

—Mi Luna, nuestro Alfa espera por usted.

—Yo no soy Luna de nadie, prometo que odiaré por siempre a ese Alfa Brown.

Acorralada por la inevitabilidad de su destino, supo que la mayoría de las decisiones estaban tomadas sin tener en cuenta su voluntad.

Anhelaba salir de aquel embrollo, esperando que, incluso en su hora más oscura, Dylan apareciera como un héroe de película y la rescatara, pero la realidad era otra.

Estaba rodeada de lobos sanguinarios, con solo asomar la cabeza en ese territorio su novio sería hombre muerto.

Dylan no sabía que ella era una mujer lobo, siempre se las ingenió para ocultar su verdad.

Ahora se encontraba enfrentando ese duro destino que tenía enfrente de ella.

Miró por la ventana, todos y cada uno de los guardias que cuidaban la entrada.

La única opción que había considerado era huir lo más lejos posible con su tía Cristal.




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