—¿Por qué es tan cruel el destino? ¿Por qué vine directo a la cueva del lobo?
Su desesperación era tanta que la asfixiaba,
el panorama no era alentador.
“Entre ese Alfa y yo existe una delgada línea que nos separa”, yo jamás podré sentir amor por alguien tan cruel.”
Era justo lo que le daba valor para luchar por sus sentimientos por mi novio.
—Mamá, no quiero casarme —declaró con firmeza.
—Tienes que hacerlo. Nuestras vidas corren peligro, por cierto no me llames madre, soy tu tía Cristal, no hagas que esta ola de salvajes nos maten.
El abrazo cálido entre ambas, era lo único que alejaba el miedo en ese momento.
—Hay tantas cosas que no entiendo.
—Ven, siéntate. Por años evité contar toda la verdad, no te mentí, pero omití mucha información y es culpa mía que la curiosidad te haya metido en problemas.
La chica le prestó mucha atención a cada palabra y Cristal empezó a relatarle un hecho impactante:
—Quince años atrás sucedió esto… Ví todo lo que ocurrió —detalló la señora con nerviosismo.
Su hermano y su cuñada paseaban felices, tomados de la mano.
—Volvamos con la bebé —dijo Alfa Spencer.
—Tu hermana cuida de Donna muy bien, no te preocupes.
Aún hablaban cuando un grupo de lobos los rodeaban, la cacería tomaba un giro sangriento.
Gritos desgarradores fueron seguidos de gruñidos, a medida que la lucha dejaba a sus padres gravemente heridos.
—¡Pagarán con sus vidas, malditos Spencer! —gritó uno de los atacantes.
El recuerdo de esta traición desgarradora ocupaba sus pensamientos.
Su sobrina quedó huérfana a la edad de dos años.
—Nuestro líder ha muerto —dijo Sam, el segundo al mando de la manada.
—No podemos quedarnos sin Alfa. Su hija apenas es una bebé —replicó un Omega.
—Yo ascenderé al poder hasta que Donna sea mayor y pueda gobernar —propuso el Beta Sam.
A los ojos de Cristal ya nada era seguro, ¿Quién le aseguraba que los mismos asesinos no vendrían por la bebé?
Lo único que hizo Cristal fue tomar a la pequeña y correr lo más que pudo por el bosque, a media noche.
Cuando los primeros rayos de sol salían; una mujer delgada con una niña en brazos pedía un aventón en la carretera.
—Señora, ¿adónde va? —preguntó un conductor de carga pesada.
—A Boston, necesito llegar al aeropuerto —respondió agitada.
—Suba, yo la llevo.
Desde esa perspectiva, Donna empezaba a comprender por qué su protectora había sido tan insistente en advertirle sobre los peligros de aquella tierra.
Su madre volvió a acercarse, forzando una sonrisa para animarla.
—Es hora. Eres fuerte y valiente. Pronto te acostumbraras a tu nueva vida.
—Amo a Dylan, yo jamás lo voy a olvidar.
Donna sabía que debía hacer algo para escapar. La esperanza es lo último que se pierde, y no quería angustiar a su tía, quien la miraba con resignación.
—No cuestiones. Todo en la vida tiene un propósito. Tal vez termines amando al Alfa.
—¡No! Primero muerta. Solo Asco debo sentir por nuestro enemigo.
—proclamó con desprecio. —Ellos mataron a mis padres, es lo más probable.
Cristal se quedó pensativa al escucharla.
—Nunca se supo quién mató a tus padres. Entre esos bandidos no vi a ningún Brown. Estaba tan asustada que corrí buscando ayuda, pero no llegué a tiempo.
Clarice y Brando habían muerto —sollozó, tomando la mano de Donna
— Puede que sea un misterio que jamás se resuelva. El pasado no puede cambiarse, pero el futuro sí. Perdóname, tía, por lo que haré.
Sin pensarlo, Donna se lanzó por la ventana en busca de una oportunidad para escapar.
Desde su escondite, escuchó las voces en su alcoba.
—¡Regresa Donna!
—Señora, ¿dónde está mi novia?
—Saltó por la ventana, lo siento, Michael.
La chica corría asustada hacia la carretera desierta.
Sabía que los clanes pronto se unirían para llevarla de regreso.
No había más remedio; cualquiera en su situación habría hecho lo mismo.
—Pronto veré a Dylan,
Pensar en su novio le daba fuerzas para seguir huyendo.
—Con este vestido no puedo correr. Ni modo, si tengo que hacerlo desnuda, lo haré. Lo principal es no dejarme atrapar — se quedó en ropa interior.
Observó un auto acercándose a la orilla de la carretera,
—¡Auxilio, deténgase!
Dylan apareció, bajándose rápidamente del auto.
—Mi amor, sube, tenemos que irnos ya.
La emoción la embargó. Todo parecía perdido, pero su mundo volvió a brillar al verlo.
—De prisa, antes de que cierren la salida del pueblo. Los Brown y los Spencer gobiernan la zona.
—Primero me matan antes de dejar que te alejen de mí. —dijo Dylan con firmeza, haciéndola sentir protegida a su lado.
Mientras huían, un retén cortó la salida hacia la ciudad.
—Amor, dime algo, te veo pensativa —dijo él, notando su inquietud.
—Te amo, Dylan —respondió, sintiendo que el destino amenazaba con separarlos.
—Yo te amo más, princesa. Agárrate fuerte, voy a esquivar a estos autos.
Pero el coche se salió de control y chocó contra un árbol.
—¡Amor, responde! —gritó Donna, al ver cómo Dylan se desmayaba sobre el volante, sangre brotando de su cabeza.
—¡Auxilio! ¡Que alguien llame una ambulancia! —susurros de desesperación escaparon de sus labios.
Pronto llegaron hombres lobos, junto con Michael, quien la miró fijamente.
—Mi luna, puedes correr, pero jamás huir de mí. Siempre te encontraré —declaró con una mirada penetrante.
—¡Ayúdame! Debemos llevarlo a un hospital —imploró, arrodillándose a los pies del Alfa.
—Si vuelves a la aldea, el humano vivirá lejos, pero respetaré su vida. Si no regresas conmigo, aquí mismo lo mato —amenazó Michael, provocando escalofríos en ella.
—¡Piedad, Michael! Haré lo que me pidas —respondió, sintiéndose atrapada.