Donna
—Cualquiera diría que vas a firmar tu sentencia de muerte, mujer.
El Alfa trata de subirme el ánimo pero ambos sabemos que ese acuerdo que hemos hecho nos traerá más sufrimiento y resentimiento del que ya tenemos.
Estampo mi rubrica en el contrato y le entregué su elegante bolígrafo con grabados de oro.
—Aquí tienes, ¡lindo tu lapicero!
Se queda pensativo y luego me responde.
—Me lo obsequió mi abuelo, lo mandó a hacer para mí y solo lo uso en ocasiones especiales.
Me mantengo con la mirada perdida,parezco un zombie, me muevo por inercia,vivo sin sentir.
Trato de mantener el hilo de la conversación pero mi mente se encuentra en otro lado.
—Tiene un valor sentimental esa pluma.
—Sí, pero no intentes desviar el tema, si quieres rompemos este papel y no pasa nada.
Me alegro un poco, al oír eso mis ojos se iluminan de emoción.
—¿Entonces, me puedo ir?
—¡No tan rápido!, me refiero a que no tengo prisa, total ya eres mía y es cuestión de tiempo para que te hagas a la idea de que me perteneces.
Su mirada penetrante me estudia, cada gesto y palabras es muy observador yo diría que perspicaz.
—Ya cambia esa expresión que pareces un prisionero que va por el corredor de la muerte.
Le respondo desde el fondo de mi alma,sin que me quede nada por dentro:
—Ese día que dije,sí acepto, me condené yo misma, porque vivir sin Dylan es una sentencia de muerte.
Michael resopla con evidente fastidio.
—Ya no tardabas, no sabes decir más nada, ¡amo a Dylan! —Hizo un remedo en las últimas frases.
Me imita muy bien, en otra ocasión me hizo gracia, en la situación en que me encuentro no me calienta ni el sol.
—¡Lo siento!, sólo digo la verdad.
Mike toma mi cara entre sus manos obligándome a mirarle a los ojos mientras me contesta.
—Las razones que te obligaron a aceptar ésta unión me dejan sin cuidado,así es la vida muchas veces hay que hacer sacrificios por la paz.
Sus palabras me hieren, soy una ilusa al esperar compresión del Alfa, su actitud es dura y nada más le interesa hacerme suya, aunque yo no lo ame.
Me preocupa que mi partida traiga la guerra de regreso.
Es difícil no involucrar el corazón en acuerdos de paz,soy la esperanza de mi gente y aspiro a regir con justicia y equidad.
—Vamos en marcha señora Brown.
—Donna Spencer,¡por favor! —lo corrijo.
Él sonríe con malicia.
A veces creo que me llama así para molestar y reírse de mí.
No sé qué pasó por su cabeza cuando me dijo para romper el contrato.
Lo más seguro es que presiente que perderá la apuesta y tendrá que dejarme ir.
Llegamos al lujoso chalet en medio del bosque,es un lugar hermoso rodeado de abetos, la vegetación es majestuosa y no muy lejos se encuentra un hermoso lago cristalino.
—Una sola habitación, ¿donde dormirás tú?
—En mi cama con mi esposa como debe ser.
—En tu casa compartimos la alcoba para cubrir la apariencias pero aquí no tengo que disimular.
Se ríe de mí y encoge los hombros.
—Esté sofá es una cama desplegable, dormirás allí,es todo lo que te puedo ofrecer y no te quejes después de que tengas frío.
Mi actitud es tranquila y tengo el firme propósito de no caer en sus redes.
Si yo gano esa bendita apuesta veo clarito el camino a mi tan ansiada libertad.
—Vamos afuera Donna,es temprano todavía quedan varias horas de claridad, ¿qué te parece si te enseñó algo de combate cuerpo a acuerdo, como Alfa tienes que saber defenderte.“
Tiene razón, me hace falta aprender algo de defensa personal, nunca se sabe cuando se va a necesitar este tipo de conocimientos.
—Me agrada la idea.
No puedo evitar apreciar su atractivo mientras me da una breve introducción.
—Ven luna separa las piernas,eso te da más equilibrio,y te puedes mover a cualquier lado.
Mike es un buen maestro, y sus reflejos y rapidez me asombran.
—Golpéame luna.
No atinó a darle bloquea todos mi movimientos.
—Los reflejos se activan con la práctica.
Me tomó por sorpresa por la espalda y estoy inmovilizada.
—Defiéndete.
—No sé qué hacer.
—Usar codos y rodillas mi amor, yo golpeo con la cabeza por ejemplo.
Es admirable todo lo que sabe, se precia de ser un buen guerrero.
—Hay técnicas mortales, puedo matar a mi oponente por el cuello.
Me pongo en guardia y trato de atacar a Michael, que me derriba.
Ahora estamos los dos en el suelo y él me besó con dulzura.
Fue algo muy fugaz pero lo suficiente para ponerme nerviosa.
—Ya oscurece entremos a la cabaña. —Me apresuro a decir.
El Alfa sonríe de manera sensual, y me hago la indiferente no vaya a pensar que ya me ligó.
¿Qué quieres hacer con Sam?—La pregunta me tomó por sorpresa.
—No tenemos pruebas para acusar al antiguo Alfa.
Michael me observa y luego responde.
—Sí quieres lo ejecuto, es un enemigo que más adelante nos puede traer problemas, no hay que tener contemplación con ese asesino.
Suspiro pensando en el último momento de vida de mis padres, imagino la sangre fría con la que Sam los liquidó.
—Vivimos en tiempos modernos, y ese tipo aunque no lo merezca tiene derecho a un juicio justo.
No me contradice y se queda analizando el caso.
—Le haremos un juicio con tu palabra y el testimonio de Hussein basta para condenar a ese viejo lobo, una traición como la suya no puede pasar por alto. —Expresa con firmeza.
—¿Crees que su mano derecha colabore?
—Sí quiere ser exonerado tendrá que cooperar, le voy a proponer inmunidad.
Asiento con la cabeza,en cierta forma Michael tiene razón, hay que negociar con el cómplice de Sam, su crimen no puede quedar impune.
Luego de la cena el Alfa saca una botella de brandy y llena dos copas.
—Ya el frío empieza a calar, toma un trago para que entre en calor.
¿Acaso me quieres embriagar para aprovecharte de mí?