Prometo odiarte hasta que el amor gane la batalla

14- Desprecio

Prometo odiarte

Donna.

—Muero de ganas por ver a mi Alfa.

—Ya estamos llegando, espero que Michael sea comprensivo contigo.

Tía Cristal se preocupa mucho por mí, tanto que no quiso dejarme partir sola.

Con los últimos hechos ocurridos en el bosque se activan las alarmas en el pueblo.

El paso al bosque está clausurado por motivos de seguridad.

Mediante esta orden las autoridades dejan a las aldeas incomunicadas de la civilización hasta nuevo aviso.

No queda más que esperar que levanten las prohibición del pasó.

Todas las entradas al bosque se encuentran vigiladas por agentes policiales del condado.

Los días transcurren y mi barriga crece a paso acelerado, a éste ritmo me tocará parir aquí.

Mi tía y yo hemos alquilamos un cuarto en un hostal del pueblo.

Meses después.

—Sobrina, han levantado las barreras que impedían el paso al bosque.

La alegría me invade al recibir la noticia y acarició mi barriguita mientras le hablo a mi bebé.

—Cariño pronto estaremos con papá, él se pondrá feliz de saber que vienes en camino, eres el heredero del Alfa y tienes que nacer en la aldea Brown.

La criatura parece que me entiende porque se mueve dentro de mí.

Cristal pone su mano en mi vientre y lo siente moverse.

—Tienes un futbolista allí mi niña, ¡como patea!, siente tu felicidad.

Emprendemos el camino, no hay tiempo que perder, ya quiero ver a Michael y hablar de lo sucedido.

Espero que me comprenda y al fin podamos ser felices y recibir a nuestro hijo como una pareja feliz.

Al vernos llegar un sirviente sale corriendo y los demás guerreros me miran con desprecio.

—Alfa su esposa está aquí.

Continúa ojeando unos documentos sin inmutarse.

—No puede pasar señora, el Alfa no quiere ver a nadie. Me dice un débil Omega.

De un empujón le aparté de mi camino y entré a su estudio.

—Michael tenemos que hablar. —Repongo con autoridad.

Me mira con desprecio es lo que puedo percibir en su actitud arrogante.
Su forma de ser ha cambiado es el mismo que era en un principio.

Me atrevería a pensar que hasta más amargado.

—No tengo nada que hablar contigo, te fuiste sin dar explicaciones y hasta hoy apareces, hace dos meses y un día que te marchaste de mi lado.

Me clava su mirada de animal mal herido.
Es difícil hablar con alguien que no quiere escuchar razones.

Suspiro y tomo valor para enfrentar a mi esposo.

—No me fui me secuestraron, Dylan me llevó a la fuerza te lo juro. — Le explico angustiada.

Parece no dar crédito a lo que digo.

—¿Y hasta ahora es que te escapas de tu captor?—Pregunta de forma irónica.

—Pasé menos de una semana en Boston, volví con mi tía y no pudimos entrar antes, las autoridades bloquearon la entrada al bosque.

La expresión de su mirada me acusa y la frialdad de sus palabras son una daga que se clava en mi corazón.

—Y te devolviste a estar con tu amante, no perdieron el tiempo veo que te preño. — Dice mirando mi vientre muy abultado.

Mi barriga ya se nota mucho y un rictus de amargura se deja ver en su labios.

—Este hijo que llevo en mi vientre es tuyo Michael, después de tí, ningún hombre me ha tocado.

Parece no oír mis razones, entre más hablo Michael se endurece más.

Se levanta airado y me corre de allí sin compasión.

—¡Lárgate de mi aldea y busca a quién adjudicar ese bebé, ¿esperas que me coma ese cuento?

—Michael, yo te amo y regresé a tu lado para estar juntos los tres, créeme que no te miento.

Sus ojos color miel ahora parecen un par de antorchas encendidas le mana odio cuando me recrimina.

—Me fuiste infiel y yo no perdono la traición, ¡largo de mi aldea!, vete mujer.

—No sé quién te metió tales cosas en la cabeza, estaré en mi clan por si te decides y quieres oírme.

—¡Espera sentada!, como me dijiste una vez, rompí todo acuerdo con los tuyos ve como los gobiernas —Agrega con ira.

—Prometiste ayudarme.

—¡Aja sí !,cuando eras mi mujer —Me dice mientras me mira de forma despectiva.

—Lo sigo siendo además tenemos un acuerdo firmado por si lo olvidaste así que no iré de Texas.

Alegué decidida a hacerlo entrar en razón.

—¡No me digas!, te refieres a éste contrato. —Añade mientras hace añicos el documento y me lanza los pedazos de papel encima.

Es demasiado para mí, los ojos se me llenan de lágrimas que no terminan de salir.

—Michael me hagas ésto, tu actitud es obtusa, mírame a los ojos y ve la verdad en ellos, puedes leer mis pensamientos.

—¡Basta ya!, intentas manipular.

—Me voy si eso crees, no puedo volver a Boston mi bebé es un lobo de raza pura y tiene que criarse con los suyos,cuando él veneno te pase me buscas y hablamos.

¡Samira!—vocifera el Alfa.

—Mande señor, dile a esta Spencer lo que me contaste a mí.

La chica se turba un poco, ella siempre ha estado enamorada de Michael en silencio.

—Yo la ví a usted, señora. Huyendo con un extraño a media noche y el humano no la amenazó, caminaban con tranquilidad hacia el otro lado del bosque con rumbo a la carretera.

Ese testimonio es el argumento que me termina de hundir,la estocada final.

—Lo que ella vio no es lo que parece, yo solo intentaba ayudar a Dylan para que se fuera y no le hicieras daño.

—¡Es suficiente fuera de aquí!, busca a otro a quién enredar en tus mentiras.

Salgo de allí muda de la rabia.

Me dirijo a la aldea Spencer con la tía.

—¿Qué te dijo Michael?

—Me trató como a la peor de las mujeres, me humilló, no hables más de él, en este momento lo odio.

—¿Será que lo amas y lo odias al mismo tiempo?

—Algo parecido,él se atrevió a insinuar que no es el padre de mi hijo, me trató como a una cualquiera.

—Algo le habrán inventado de tí.
Me decido a hablar para desahogar mi dolor.

—Una chica le dijo que me vio salir de la aldea con Dylan, pero el Alfa no me dio oportunidad de explicar lo demás.




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