Prometo odiarte.
Al verme tendida en el suelo se apresura a prestar Auxilio.
—¡Eres terca como una mula, luna!
—¿Qué haces aquí Michael?
—Te seguí porque tuve la fuerte impresión de que algo no estaba bien.
Te voy a llevar a la clínica más cercana.
Él no puede disimular que se encuentra nervioso y preocupado.
Un chorrito de agua corre entre mis piernas.
—Rompí fuente ,no hay tiempo, mi hijo viene naciendo. —Añado con voz entrecortada.
—¡Rayos Luna! ,no sé nada de partos.
—Es hora de que aprendas Alfa.
Michael se quita su campera y la coloca para que yo pueda recostarme.
Por suerte dos lobas se encuentran recogiendo hierbas.
—¡Señora Donna!, es Alfa Spencer algo le pasa—Susurra una de ellas.
—Está pariendo por favor necesita ayuda. —Implora Michael.
—Yo soy partera,déjeme verla señora Donna, no se asusté que está en buenas manos, he traído muchos lobos al mando.
La mujer se afinca fuerte de mi barriga y la otra me seca el sudor mientras me da ánimo.
—¡Vamos señora tranquila que usted puede, cuando Dorothy le diga usted nada más puja.
—¡Me duele mucho!, rompí la fuente hace mucho rato.
La partera pregunta cuantas contracciones llevo y le respondo que van siete.
—Este lobito ya viene en camino —Dice la partera.
Michael le pregunta a la señora que necesita para atenderme.
—Que se quede aquí con su mujer y le animo, lo demás corre por mi cuenta.
—Toma mi mano fuerte Donna cuánto sientas dolor. —Trata de apoyarme el Alfa.
—¡Púdrete Michael!,no te necesito—Le digo con desprecio.
—Ni en ésta situación toleras mi presencia.
—¡Imbécil!,por tu culpa se me adelantó el parto.
Michael trata de calmar mi enojo y al mismo tiempo me da ánimo.
La contracción es fuerte, dejo de discutir y me aferró con fuerza al brazo de Michael.
—¡Aay,aaay,no puedo!
Siento que me muero, este dolor es grande.
—Puje señora Donna ya veo la cabeza.
Cierro los ojos y pujo con todas mis fuerzas el dolor viene desde mi entrañas.
Oigo el llanto de mi bebé, la partera lo limpia y se lo da a Michael quien lo sostiene con cara de padre primerizo, pero orgulloso sus ojos brillan de emoción.
La curandera me limpia y me ayuda a vestir.
Michael coloca al bebé en mi regazo y lágrimas de emoción recorren mi rostro.
—Mi heredero está aquí,supongo que le pondrás mi nombre.
—Mi hijo se llamara Johnson Daniels
—Lindo nombre, bienvenido Johnson Daniels Brown Spencer. — Expresa Michael emocionado.
—Mi labor termina aquí madre e hijo se encuentran bien.
—Quiero pagarle por su servicio, nos prestó ayuda oportuna —añade el Alfa.
No lo hice por dinero, este Alfa traerá la paz de ambas familias,lo miré hace dos días en el humo del tabaco, no es casualidad que yo les encontrara el mismo destino me trajo hasta éste lugar para ayudar a nacer a éste líder.
—Le agradezco por ayudar a mi mujer.
—Gracias señora Dorothy, mi bebé y yo le estamos agradecidos,y usted señor Brown yo no soy su mujer.
—Sí lo eres y es más,volvemos ya a la aldea Brown.
—¿Te volviste loco?
—Es la decisión más cuerda que he tomado en mi vida.
En ese momento llega Samira con un grupo de lobos armados.
—Señor hemos venido a ver si necesita ayuda porque Samira nos dijo que usted salió para la aldea hace rato, felicidades Alfa veo el motivo de la tardanza.
—Sí Bart , mi primogénito ha llegado.
—¡En hora buena señor!
—Dorothy ven acá. Digo casi susurrando.
—Dígame señora Donna.
— Informa a mis guerreros todo lo sucedido para que me rescaten a mi hijo y a mí, el Alfa Bronw me ha secuestrado.
—No se preocupe señora avisaré en la aldea Spencer que usted se encuentra prisionera del Alfa.
—Cambia esa cara, mujer.
—No quiero ir a tu aldea.
—Para mi no es un placer llevarte, lo hago para que alimentes al bebé de lo contrario te lo quitó y te mando a tu aldea.
—¡Eres un maldito!
—Samira ten al bebé con mucho cuidado.
—Sí señor— Contestó la joven arrullando a mi niño.
—Tú no puedes caminar rápido. —Dice Mike y me cargó en sus brazos.
—¡Bájame ya!, ¡desgraciado.!
—Deja de pelear Luna que se te va a dañar la leche. —añade Michael con un dejo de ironía.
Michael manda mensajeros a la aldea Brown con las buenas nuevas y no reciben con una gran fiesta.
Amamanto a mi bebé y las omegas se esmeran por atenderme bien.
Michael fue al pueblo y le compró una hermosa cuna a mi hijo.
Y se mudó de plano a la habitación, no se despega de la cuna y vela el sueño de su heredero.
Apenas lo oye llorar lo toma en brazos.
—¡Hermoso! —Lo arrulla con amor y Jhon llora con desesperación.
—Tiene hambre,dámelo para alimentarlo.
Mi hijo está desesperado succiona mis pecho de manera rápida ya luego se queda dormido.
—¿Lo devuelvo a la cuna?
—No, tengo que sacarle los gases.
—A pesar de ser madre primeriza te manejas bien. Luna yo necesito que hablemos en paz.
—No hay nada de qué hablar.
—¿Por qué te cierras, piensa en el bienestar de nuestro hijo?
—Eso suena a plural, es mi hijo y no voy a dejar que te le acerques, en cuanto vuelva a mi aldea voy a tomar medidas para que tú no lo veas.
—Tu fuiste la que me falto a mí, esa rabia la debería de tener yo, me fuiste infiel con ese Dylan.
—Estoy en tu aldea a la fuerza, pero tengo derecho a mi privacidad, ¡lárgate de mi habitación!
—Es la habitación de mi pequeño Alfa, tú aquí no mandas Donna.
—Púdrete imbécil, no quiero a esa Samira cerca de mi bebé.
—Voy a salir,sí te molestas la leche va a indigestar al niño.
Coloco a mi hijo en la cuna y miro por la ventana, esperando la incursión de los míos en la aldea Bronw.
Ya ha pasado una semana desde el parto y ni señales de los guerreros.