Prometo odiarte.
—Soy la heredera del Alfa Brando Spencer, tomé la decisión correcta.
—Sin ánimo de faltarle el respeto Donna, cometiste una falta grave y debes ser sancionada, a partir de ahora nuestro líder sustituto será Sam.
Todos en el consejo de ancianos están de acuerdo en que debo ser relevada de mi cargo.
Sam posee más experiencia que ningún otro, Es el candidato ideal para ellos.
—Me degradan sin entender mis razones, ¿me exigirán también que abandone la manada?
—Tu hijo es el Alfa heredero, hasta que pueda asumir el liderazgo ustedes vivirán aquí como miembros de la manada.
Mi destino será sin voz ni voto en las decisiones importantes.
—No me parece que ustedes me traten de ese modo,cuando lo que quise fue ayudarlos evitando una masacre.
—Este consejo ha terminado ya pueden retirarse.
Todos me dan la espalda y se alejan.
—Oigan no me dejen con la palabra en la boca.
—Mujer ve a ocuparte de tu hijo y de trapear el piso que para eso es que sirven las mujeres.
—Es inaudito que tengan ideas del siglo pasado.
—No tenemos que cambiar nuestras normas ancestrales solo porque a ti no te parecen.
Todos se marchan y me dejan allí parada, siento tanta rabia e impotencia.
¿Cómo te fue en esa reunión?
—Ya no soy Alfa, me humillaron, fue de lo peor.
—¿Entonces tendremos que irnos de aquí?
—En consideración a mi pequeño Alfa me dejaran quedarme.
—Te están cobrando el hecho de haber detenido la batalla.
Mi conciencia está tranquila porque hice lo correcto.
Muchas veces aunque tomes la decisión correctas serás vista como una traidora, es lo que pasa en este caso.
—Me duele en el alma que mi propia gente me desprecie.
—A mí me duele también —Cristal me abraza.
Salgo a caminar por el bosque y mi cabeza está perturbada.
En la soledad del bosque reflexioné,vienen tantas ideas a mi mente, ¿si huyó con mi bebé?
No permitirán que me lleve al futuro Alfa y si me pillan son capaces de correrme de la aldea y ellos criaran a mi hijo.
—Tengo que resistir —balbuceó en voz baja.
—Así estará tu conciencia mujer, ya andas hablando sóla.
—Michael,¿qué haces aquí?
—No me digas que ahora tengo que pedirte permiso para caminar por el bosque.
—De ninguna manera, nada más que me sorprende verte.
—En cierta forma debo agradecer que suspendieron el combate, mi madre me contó todo.
—Para prevenir todo ese desastre me relevaron ya no soy más el Alfa.
—Regresa a mi aldea con el bebé —sus manos sostienen mis hombros y sus ojos me miran suplicante.
—Mike, ¿de verdad quieres que vuelva contigo?—Lo miro ilusionada y él besa mi labios.
—Ya te dije que sí, estoy dispuesto a perdonar tu traición con Dylan.
—Yo no necesito que me perdones nada porque soy inocente, jamás te traicione con él.
—Sí claro y cómo tú misma dices la luna no es de queso.
Sus ojos vuelven a adquirir un aspecto duro.
—Me quedo con el clan Spencer, la diferencia entre ellos y tú no es mucha.
—Te domina el orgullo, mujer. Sal del yugo de esos lobos, si ellos se enteran que hablaste conmigo en secreto te castigaran.
Me retiro de allí sin decir más nada,él me persigue.
—¡Luna,hazme caso!, no regreses allí.
A lo lejos todavía oigo sus gritos pero camino sin mirar atrás.
Al llegar a la aldea los guerreros me aguardan, dos me toman de los brazos.
—¡Camina traidora!
—¿Qué significa esto?, quiten sus manos de encima de mí.
—Es el colmo te ves a escondida con nuestro enemigo.
—Beta Tyler, me conoces bien y sabes que jamás sería capaz de traicionar a la manada.
—A partir de ahora eres nuestra prisionera.
—¿De que me acusan?
—Traición al clan Spencer.
—Al menos tengo el derecho de defenderme.
—Tendrás un juicio justo Donna, cuando Sam regrese.
—Esto es un atropello.
Ellos me llevan a una fría celda, no hay cama y me recuesto sobre el frío suelo.
Un guerrero me trae la comida en una charola y un poco de agua.
—¡Llévate eso!, no tengo hambre.
—Es mejor que no dejes de comer, a media noche te va a sonar el estómago.
—Tengo frío.
—De malas,no puedo tener privilegios contigo, este no es un hotel cinco estrellas.
Son condiciones pésimas,la celda es demasiado humedad.
—Cuando le prepare su castillo regresaré su majestad, disfrute el encierro —añade el carcelero en forma despectiva.
Mis lágrimas brotan de forma abundante, no recuerdo en mi vida haber llorado tanto.
Lo que más duele es que me separen de mi bebé, lo que me consuela es que la tía cuida de Jhonson.
Las paredes de la celdas son gruesas y los barrotes muy resistentes, es una resistencia de allí nadie se escapa.
—¡No me van a doblegar! —lo digo en voz alta una y otra vez para no entrar en desesperación.
La angustia se apodera de mí y soy presa de un ataque de claustrofobia.
Siento que las paredes se unen para aplastarme.
—¡Auxilio,sáquenme de aquí!
Los gritos retumban en el calabozo, tengo la garganta irritada del esfuerzo.
Un balde de agua fría es vaciado sobre mí cuerpo.
—¡Cállate de una vez!—Esa voz me gritó con autoridad.
No pego ni un ojo en toda la noche porque el frío me cala los huesos.
La incertidumbre se apodera de mí, no sé qué rayos tiene Sam preparado para mí.
Tal vez me den la pena de muerte o en el mejor de los escenarios me dejen como esclava de la manada.
—¡Maldito Sam!, debí dejar que el Alfa te matará, sin juicio y tantos protocolos.
Mi arrepentimiento llega tarde, ya ese lobo se ha hecho del poder y sin hacer mucho esfuerzo.
—¡Michael,Michael!,si tan solo vinieras a sacarme de aquí.
El encierro es malo, lo más difícil es conservar la calma en situaciones así.
—¿Amaneciste viva escoria?
—No es necesario que me insultes, eres un lame piso.