Prometo odiarte.
—Habla, ¡maldita bruja! ¿a dónde huyó Cristal con el pequeño Alfa?
El guardia me empuja contra la pared de la celda.
Me oprime el cuello, por un momento me falta el aire, me suelta y empiezo a toser.
—¿Tía se fue con mi hijo?
—¡Vamos!, no te hagas la mosca muerta que no te queda.
—De verdad no sé de qué hablan, no he tenido comunicación con nadie en tres días, a menos que lo hiciera por telepatía.
—Muy chistosa la señora, llévala a la plaza de la aldea para que todos vean como se castiga a un traidor.
Me amarran del cepo y uno de ellos me azota con un látigo mientras que otro cuenta:
—Uno, dos, tres, cuatro….
Mi cuerpo se retuerce de dolor.
—Habla dime el escondite del Alfa.
—Si lo supiera tampoco te lo diría.
—Cinco azotes más para ésta insolente.
—Soy una Spencer, cuida como me hablas.
Aguantó el castigo, al menos tengo el alivio de que mi hijo se encuentra a salvo.
—Supongo que ahora si hablaras.
—Sí hablaré.
—¿Dónde está nuestro futuro líder?
—En la casa de tu puta madre.
Cierro los ojos y respiro profundo, trato de pensar en mi hijo para no sentir los azotes que faltan.
El verdugo se detuvo, todos hacen una reverencia con la cabeza.
—Qué alguien me explique, ¿qué rayos sucede aquí?
Es el Alfa Sam que llega a la Aldea.
—Ella cometió el delito de traición, tiene comunicación con el enemigo y además su tía se llevó a nuestro Alfa.
El líder de los ancianos se acercó a Sam para darle la noticia de su ascenso al trono.
—Usted será nuestro Alfa ,hasta que Jhonson Spencer tenga la edad suficiente para liderar la manada.
Todos me acusaron ante Sam, pedían la pena de muerte o el destierro.
Sam calmó el ánimo de los habitantes de la manada.
Se acercó a mí, fingiendo piedad.
—¿Qué tienes que alegar en tu defensa Donna?
—Yo caminaba sóla por el bosque y ese Bronw apareció de repente, con respecto a mi tía, yo no le ordené huir, no tengo ni la más mínima idea de dónde pueda estar con mi hijo, ¡lo juro!
—Liberen a Donna, desde ahora tendrás la aldea por cárcel, si violas esta privación de libertad regresas al calabozo, ¿entendido?
—Entiendo, pero soy inocente.
Él se acerca a mí y me besa en los labios y al mismo tiempo aspira el olor de mi cabello.
“¡Maldito Sam!”
Es todo lo que puedo pensar en ese momento, tiene el control ahora.
Tomo un baño y una Omega enviada por Sam cura las heridas de mi espalda.
Pienso en huir ya que no quiero que mi hijo crezca cerca de esta horda de salvajes.
Ellos se rigen por leyes ancestrales. Lo único que me detiene es no saber el paradero de Jhonson y de mí tía.
Paseo a la afueras de mi habitación y Sam me mira y dice:
—Tengo una sorpresa para tí.
Me lleva a su estudio y allí está Dylan me causa mucha alegría verlo de nuevo.
Me abraza y me quejo de dolor.
—¡Ay mi espalda!
—Déjame ver, Donna. ¿Quién carajo le hizo eso?
—Ya castigue a los culpables tanto el Beta Tyler como los celadores se encuentran en los calabozos por actuar sin mi permiso. — Aclara Sam.
—Sam ¿puedo caminar por la Aldea con Dylan?
—Claro pero no intentes huir, estás siendo vigilada.
—Gracias de nuevo Sam.
Hablo en voz muy baja y camino del brazo de Dilan.
—Necesito un favor en el pueblo, hay un abogado llamado Andrew Macallister búscalo y cuéntale lo que pasa conmigo, necesito saber sí mi hijo está con Michael.
—Está bien , pero dime ¿por qué no estás con tu marido?
—Él piensa que le fui infiel contigo.
—Sí quieres hablo con ese lobo y resuelvo ese asunto.
Me río del comentario de Dylan.
—Ni se te ocurra, eres hombre muerto si asomas la cabeza por la Aldea Brown. Más bien dime, ¿qué onda con Sam?
—Él fue a Boston a agradecerme que te secuestré, porque a raíz de todo volviste a la aldea y el pequeño Alfa está con los suyos.
—Ese lobo pretende por todos los medios hacerme suya.
—Texas está llena de gente demente, a buena hora te viniste de Boston, tan felices que eramos.
—No me arrepiento en esté lugar concebí y parí a Jhonson que es lo mejor de mi vida.
—¿Amas al Alfa?
—Entre Michael y yo no puede haber nada, él me desprecia.
—Le dije a ese abogado que me preparé una cita con Michael, si él no te quiere te llevo conmigo.
—Yo no te amo
—Lo sé, amas a ese fulano lobo.
—Cuando tengas razones me informas por favor y no te acerques a la aldea Brown.
Abrazo a Dylan, el amor que sentía por él se ha convertido en un cariño fraterno.
Sí la tía huyó a la aldea Brown lo hizo bien.
No puedo dejar de pensar que algo le mostró Jhon para que ella tomara esa decisión tan radical.
Siento una angustia que me ahoga, no saber de mi hijo me tiene mal.
Ahora tengo que soportar a Sam que a todo tiempo se las quiere dar de galán conmigo.
—Donna daremos un paseo a la luz de la luna ¿no te parece romántico?
—Sam por si lo olvidaste ya estoy casada con Michael.
—Me enamoré de tí y deseo que seas mi compañera, juntos vamos a gobernar la manada, no me digas nada por ahora.
—Muy romántico, pero el Alfa Bronw es mi compañero, él me marcó con el fuego de su pasión y nunca más podré ser la luna de otro.
—Nunca y siempre son palabras que no deben decirse porque de verdad te sorprenderías querida, Donna.
—¿Cómo quieres que te explique, Sam? ¿acaso con dibujos o el idioma apache? a ver si entiendes.
Ese lobo intrigante solo se ríe a carcajadas de mis palabras.
—Tarde o temprano serás mía, soy el Alfa y mi compañera debe ser de buena estirpe.
Lo miro con odio, no puedo decirle más nada, estoy entre la espada y la pared.