Prometo odiarte.
—¡Luna! ha regresado.
Los miembros del clan Brown me rodean,sus miradas hacia mí son de lástima.
Varios de ellos me dan la bienvenida, un omega grita a todo pulmón:
—¡Atención!, ¡La luna de nuestro querido, Alfa ha llegado!
Entró por la puerta grande del lugar donde una vez casi me sacaron a patadas y me tildaron de infiel.
Que caprichoso el destino, se empeña en colocar trabas para separarme de Bronw y luego devolverme a él.
Mi dolor me mantiene en silencio, no puedo evitar que unas cuantas lágrimas broten de mis ojos.
De inmediato se dispone todo para lo que será el último adiós a Dylan, mi alma se encuentra devastada.
Trago saliva,y suspiró antes de dirigirme al Alfa:
—Quiero ver a mi hijo.
Michael manda a buscar a mi tía y al bebé.
Cómo ha crecido mi niño en estos pocos días se le ve guapo y saludable.
Su mirada de amor y generosidad me acaricia.
Para mí siempre será un enigma, mi hijo tiene esa expresión en su ojos del que ha vivido muchos años.
La paz se refleja en su mirada es un ungüento al sufrimiento que llevo a cuestas en ese momento.
Jhonson extiende sus manos hacia mí y sonríe.
Lo tomo en mis brazos y lo recargó sobre mi pecho mientras cierro los ojos.
¡Te extrañé tanto bebé!
Mi hijo continúa mirándome, su carita refleja alegría y me da la mejor de las bienvenidas susurrando esa palabra tan maravillosa:
—¡Mamá!
No podía contener mis lágrimas y beso sus rosadas mejillas.
—Jhon me has llamado mamá. Te amo hijo y pase lo que sea, te prometo que ya no me apartaré de tu lado.
Mis lágrimas siguen su recorrido y un hondo suspiro se escapa de mi pecho.
—Así tenga que convivir con gente indeseable haré ese sacrificio por tí.
La tía permanece de pie junto a mí, está algo avergonzada con su cabeza baja.
Un impulso la hace postrarse de rodillas a mis pies.
—¡Perdóname por traer al bebé aquí!, tal vez es el último lugar dónde quisieras estar.
—¡Madre de mi corazón!, ponte de pie —Secó sus lágrimas con mi mano y acaricio su mejillas.
—No llores más, ni te sientas apenada, mi hijo se encuentra en el lugar correcto gracias a tí.
El destino de mi hijo
es ser el Alfa de estás tierras y ahora entiendo que no debemos torcer los designios de la madre luna.
Cristal solloza mientras me abraza con fuerza.
—Te amo como a la hija que nunca tuve, no creciste en mi vientre pero te parí con el corazón —Dicho esto esboza una linda sonrisa.
—Te amo madre, me costó un poco entender todas tus decisiones que siempre tomabas por mi bien ,solo ahora que soy madre lo comprendo.
Michael nos mira de lejitos con expresión de arrepentido, no me ha dirigido más la palabra ni tampoco quiero que lo haga, me siento enojada con él y no quiero opacar el feliz momento.
—Vamos hija para que te des un baño y te coloques ropa decente, debes tener hambre.
Asiento con la cabeza y mientras nos dirigimos a la casa del Alfa su madre sale a mi encuentro.
Su expresión es de alegría me abraza de forma efusiva y con una amplia sonrisa me da la bienvenida.
—¡En hora buena!, Alfa de vuelta a tu casa, con tu marido e hijo que te necesitan.
Con la mirada perdida en el horizonte lanzó un suspiro profundo.
—Querida, Sofía siempre es un gusto verte.
Ella sonríe, de verdad sé que me estima y es sincera.
—Espero que ahora que estás de vuelta mi hijo y tú puedan arreglar su relación,ustedes dos se aman basta con ver las miradas de amor.
Trago saliva y entrecierro mi ojos—No querida Sophía, si me encuentro aquí es por mi hijo, el Alfa es un desgraciado, por su culpa mi amigo Dylan murió….
La madre de Michael toma mi brazo para que me detenga .
—¿Por qué dices esas cosas tan feas?
Con voz Serena le respondo:
—Sí él hubiese confiado en mí y no me corriera de su lado, otra sería la historia,he sufrido mucho por su culpa.
—¡Por favor!, hija, no sigas diciendo cosas de las que después te puedas arrepentir —Me suplica la tía.
Ya comencé a expresar lo que siento y nada me va a detener.
Le doy el niño a Cristal para que lo sostenga y abro la cremallera de mi amplio vestido.
—Mira las marcas de los azotes en mi espalda, sufrí mucho desprecio a mano de mi propio clan y la heridas de mi alma no te las puedo mostrar, nada me devolverá a Dylan. ¿Crees que tu hijo merece que lo perdone?
Michael se encuentra parado como una estatua detrás nuestro,presenció toda la conversación.
—Vamos Cristal a la habitación del niño, ellos dos tienen mucho de qué hablar.
Ellas dos suben las escaleras y quedamos solas mirándonos de frente.
Michael es el primero en romper el silencio:
—¿Así que me desprecias?, me culpas por la muerte de tu amigo, no puedo cambiar el pasado, si en manos estuviera el remedio de tu dolor ten por seguro que evitaría que derrames una sola lágrima.
Palabras vacías esas se las lleva el viento, el hombre que de verdad tuvo los pantalones para remediar mi situación está muerto y nada puedo hacer para devolverle la vida.
Me quedo viendo su cara sin expresar palabra alguna.
Lo que quiero en ese momento es decir todos los insultos que se me vengan a la mente pero me contengo.
Ese lobo no vale un solo enojo mío ni mucho menos mis lágrimas.
Lo tengo claro, mi prioridad ahora es mi hijo.
Por llevarlo al trono estoy allí, el día que ese designio se cumpla mi misión de vida habrá concluido.
Michael todavía espera una respuesta de mi parte.
Sus ojos color miel reflejan la tristeza y el arrepentimiento acumulado en su alma.
—Dime algo pues, ¿acaso soy tan poca cosa que no merezco que me dirijas la palabra?
Suspiro profundamente, aprieto ambos puños y mi ojos parecen dos llamas de candela, hay rabia contenida en ellos.
—¡Púdrete Michael!
Subí la escalera y lo dejé parado allí, no miro hacia atrás.