Prometo odiarte hasta que el amor gane la batalla

27- La venganza

Prometo odiarte.

—Siempre me apoyaste y nunca te atreviste a dudar de mí, descansa en paz, Dylan.

Coloco unas flores en su lugar de descanso, mis lágrimas no paran de brotar.

—Donna, vamos a la aldea.“ La tía intenta levantarme del suelo y no lo consigue.

Mi cuerpo se resiste a levantarse, me niego a dejarlo allí.

Michael llama a Cristal y le dice que me deje un rato más allí.

—Vaya tranquila yo la voy a cuidar a cierta distancia.

La tía le da las gracias a Michael y lo observa con algo de preocupación.

—No he podido hablar con ella para decirle que habías decidido dejarla ir con su hijo, se encuentra muy irritada y no soporta que le hablen de tí.

Michael con mucha tranquilidad le responde:

—No se preocupe tía, ya luego se le pasará el enojo.

Mi sentido del oído se ha desarrollado un poco más, aunque están a cierta distancia he podido escuchar su conversación.

Una sensación de ahogo oprime mi pecho, el dolor de la pérdida de Dylan es muy grande.

Luego de mucho rato me repito a mi misma:

“Ya no más lágrimas, Donna es el momento de ir de cacería.”

Observó de forma solemne la última morada de Dylan y entre lágrimas le hago una promesa:

—Ese maldito Sam pagará tu muerte, no tendré descanso hasta consumar mi venganza, ésta vez no tendré contemplación.

Junto a un grupo de guerreros del clan para ir a la entrañas del bosque, la meta es traer al mismo Sam y ajustar cuentas con él, al precio que sea necesario.

Los lobos del clan Brown me observan un poco reacios, no les convence mucho mi orden.

El Alfa llega a donde estamos parados y les gruñe:

—¿Acaso no han oído las órdenes de mi mate?, ella es la segunda en la cadena de mando.

—¡Sí señor!,vamos en marcha.

Él me mira un poco preocupado, no quiere llevarme la contraria para no crear más conflictos.

—Luna déjame ir contigo para protegerte.

Sus manos tocan mis hombros y enseguida rechazó el contacto.

—Iré sóla, no necesito que nadie me cuide, mucho menos tú.

No aguanta la curiosidad y me hace la pregunta que le quema la garganta desde hace rato y no se atrevía a formular.

—¿Qué piensas hacer Luna?

Con mucha indignación lo miró feo al tiempo que le respondí:

—No es tu problema, lo que yo haga o deje de hacer es asunto mío y de nadie más.

—Te recuerdo que te encuentras en mi territorio, soy el Alfa y aunque te pese tu marido.

Suelto una sonora y chocante carcajada:

—Esa palabra te queda grande, ¿donde estabas cuando me encerraron en el calabozo o cuando me dieron de latigazos?

Él se retira sin decir una palabra, no sé que me causa más rabia, si me contradigan o que me dejen con la palabra en la boca.

“Estúpido Brown, ¿quién se cree que es?”

En el bosque luego de caminar un largo rato oigo pasos que se acercan.

Levantó mi nariz hacia arriba e inhalo profundo, es Sam puedo sentir su olor.

Doy la órden y los rodeamos de inmediato.
Viene con varios de sus guerreros entre ellos, el Alfa Tyler y los tres celadores que me hicieran la vida de cuadros esos tres infernales días

Me repito a mi misma:

“El momento de la venganza ha llegado.”

Ellos dan batalla no se rinden con facilidad, logro acercarme a Sam y le gruñó desde el fondo de mi alma:

—Infeliz al fin te tengo frente a frente ,hoy pagarás por todos tus desmanes.

Sam esquiva los golpes y se ríe:

—Donna querida, ya no hagas corajes y regresa a la aldea.

Mi furia se desató y le clavó los colmillos en una de sus costillas.

El lobo conserva la calma y me responde en forma descarada.

—Eso es lo que más me excita de tí, tienes el carácter de Clarice, eres una dama y no te voy a responder tu ataque, golpea,hiere tanto como te provoque, algún día serás mía.

No aguantó más oírlo hablar así, le propino varias heridas.

El lobo aguanta como los machos ni siquiera se queja.

—Me vas a pagar la muerte de Dylan, ésta guerra no era suya y tú no tuviste piedad de su vida.

Me da un frío vistazo y resopla con algo de resquemor:

—Ese citadino murió por traidor, no me arrepiento de haber cegado su inútil vida.

Saco toda la rabia interna y le caigo a dientes y golpes.

Él nada me esquiva, los demás guerreros no se meten en el pleito de nosotros, pero se mantienen alerta de que Sam no me agreda.

—No me digas que un ser tan vil y despreciable como tú, no golpea a una loba, ¡Por favor!, en tu sucia vida has hecho cosas peores.

Sam da un solo salto y me apasiona el cuello mientras amenaza a mis guerreros.

—Atrás o ésta líder se muere, me la voy a llevar de regreso a la aldea Spencer de donde nunca debió salir.

—¡No le hagan caso ataquen!, será mi cadáver lo que llevarás a tu aldea.

Los lobos del clan Brown se encima a rescatarme y el clan Spencer les da pelea.

Sam me tiene tomada por el cuello y retrocede de espaldas usándome como a un escudo.

—Díganle a su Alfa que tenga pantalones y me vea mañana al atardecer en lo alto de la colina si quiere volver a ver a su mate tendrá que combatir conmigo y uno de los dos será el macho Alfa de ésta luna.

Se oye el ruido de varios lobos que se acercan a nosotros y entre ellos puedo detectar el olor de Michael.

—¡No es necesario mandar recados!

Brown lo mira de forma desafiante.

—Tengo los huevos bien puestos, no sé si puedas decir lo mismo, suelta a mi mujer, ¿o te vas a seguir escondiendo detrás de ella?

Sam se pone furioso y me empuja a un lado mientras se bate cuerpo a cuerpo con Michael, que lo derriba en varias ocasiones.

—No te resistas eres nuestro prisionero camina Sam.

El lobo resentido, aprovecha un descuido de Michael y le lanza tierra en los ojos.

Con el número de lobos que ha traído Michael el ejército de nosotros supera al de ellos.

Sam huye, los demás le cubren—Ésto no se queda así, mataré a todos los del clan Brown, incluido tú y me quedaré con tu mujer y tu hijo —Lo amenaza con ira.




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