Prometo odiarte hasta que el amor gane la batalla

28- La visión del pequeño Alfa

Prometo odiarte.

A veces me provoca saltar sobre él y comerlo a besos, se ve tan atractivo el Alfa.

Sale de la ducha y se quita la toalla frente a mí, con indignación le reclamé:

—Oye no te exhibas, usa el vestidor.

Con una sonrisa pícara Réplica:

—No hay nada nuevo que no hayas visto antes en mi Luna, ¿o acaso tienes miedo de sucumbir a mis encantos?

Lo observé con evidente molestia.

—No estés tan seguro de tí, los he visto mejores.

Toma una actitud sería y se apresura a colocarse el pijama.

—Es hora de dormir, ven a la cama.

Me incorporé y giré la manilla de la puerta.

—Está cerrada, pásame la llave por favor.

Lanza una carcajada y se acerca a mí de forma taimada.

—Tenemos que guardar las apariencias, mientras seas mi mujer dormirás aquí.

Intento abrir la ventana y él me agarra fuerte del brazo, forcejeo pero tiene más fuerza y me da un ligero beso en los labios.

—Respeta, ¿qué te has creído?, no voy a dormir contigo en la misma cama, primero muerta.

Hace caso omiso a mis palabras y se extiende en el centro de la cama.

—Está es mi aldea, mi habitación y mi cama, a mí no me importa si quieres dormir en el techo guindada como los murciélagos o en el piso, pero yo lo tengo es sueño, me apagas esa luz ¡por favor!

Tengo tanta rabia e indignación, no le doy el gusto y tiendo una sábana en el piso y me recuesto.

Estoy tan cansada que de la nada llega el sueño.

En la mañana cuando me levanto ya se ha marchado, triste vida la mía que me toca convivir con Michael, hasta que mi hijo crezca y tome el liderazgo de la manada.

No es nada fácil cuando hay sentimientos de amor de por medio.

Ese día la manada ha preparado una comida especial en mi honor para darme la bienvenida de manera oficial al clan de los Brown.

Se dispone un gran banquete y los más pequeños juegan, en un pequeño bazar que se les ha preparado.

La aldea se encuentra de fiesta por la mujer del Alfa.

Cumplo con pasear de la mano de Mike solo para cubrir las apariencias él se aprovecha y cada vez que puede besa mis labios en público.

—Si me vuelves a besar sin mi consentimiento te arrancaré el labio de una mordida. —Le susurró con una sonrisa acartonada.

Michael sonríe y toma al bebé lo levanta en alto y todos aplauden la feliz pareja.

Solo Sophía y Cristal saben que todo es un parapeto y que esa unión es falsa.

El Alfa observa a la manada y les sonríe mientras reparte dulces a los niños.

Los machos lo ven admiración y a las féminas se les escapa uno que otro suspiro.

Es guapo y gallardo, Michael, no se puede quitar que tiene un aire de galán, lastima que sea prepotente.

Luego de la comida me invita a dar un paseo por el bosque, mientras caminamos me habla de nuestra relación.

—Luna trató de ser condescendiente contigo, pero mi paciencia se agota, ¿dime que tengo que hacer para que me perdones y volvamos a ser una pareja normal?

Hay tanto dolor dentro de mí, todavía no tolero hablar del tema, más sin embargo le respondo a su inquietud.

— Acostúmbrate porque así de ahora en adelante.

Él se detiene y me mira a los ojos de forma tan intensa que siento que mi corazón se quiere salir por la boca.

—Sé que amas, lo que no entiendo es que dicen que el amor es perdón y tú te has empeñado en odiarme.

No le presto mucha atención, a lo que dice lo que le molesta —Te crees mucho, hay muchas que desearían estar en mi lecho y sentir mis caricias, eres afortunada y no lo valoras.

Oigo en silencio todo lo que tiene para decirme,a Michael le molesta que no le responda.

—No se carajos hago hablando contigo.

Se larga y me deja allí sóla, mis pensamientos no paran de fluir, de verdad que si los próximos años van a ser así no me los quiero ni imaginar.

Llegué a la aldea y preguntó por el Alfa una sirvienta me contesta que se ha ido a la alcoba, subo las escaleras a grandes pasos y le pasó el cerrojo a la puerta.

Oigo el ruido de la ducha, entro al baño y me planto delante de él, dejo caer mi vestido.

—Esto es lo que quieres, aquí me tienes Alfa, hazme tuya, pero mi existencia no me la vas a amargar.

Se queda mirando de forma extraña y el enojó es evidente en su rostro.

Mira mi cuerpo desnudo y se acerca me da un ligero beso, mi corazón se quiere salir por la boca al sentir sus manos estrechame hacia él.

Su respiración es agitada y me aparta en forma brusca mientras aduce.

—Así no me sirve, quiero que te entregues por amor y no por obligación, sal de aquí que me quiero bañar en paz.

Con los puños apretados, camino a vestirme, la indignación se apodera de mí, ¿qué se cree Michael?

En el transcurso del día nos dirigimos la palabra solo para lo necesario.

¿Hasta cuándo vas a permanecer así conmigo?

—Quise tener un acercamiento y me rechazaste.

Sus ojos color miel se posan sobre los míos, esa mirada intenta desnudar mi alma.

—Eres la madre de mi hijo y como tal serás tratada en adelante, no quiero que te sientas obligada a estar conmigo, lo que te pido es que delante del resto de la aldea finjamos ser la pareja perfecta.

Me acerco un poco más y le digo en voz casi susurrada:

—Cumpliré mi papel de esposa delante de la manada, pero en privado te pido que te abstengas de tocarme.

Suelta una carcajada ligera:

—Mira quién lo dice, la mujer que se metió en mi ducha para tratar de seducirme.

Íbamos bien hasta que la rabia me dominó y le dije en forma retrechera:

—No sé qué rayos pasó por mi cabeza en ese momento, a mi ya no me interesas como hombre Michael.

Su mirada se empaña de dolor al oír esas hirientes palabras.

—Todavía me culpas de la muerte de Dylan, sería mejor que yo muriese para al menos me aprecies un poco más.

Se va hacia el bosque y me deja con la palabra en la boca, la tía Cristal me trae a mi hijo.




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