Capítulo 9: El Héroe de Hoy.
Capítulo 9: El Héroe de Hoy.
Solo había pasado una semana y Ángela aún no lograba ver al chico que la rescató de esos vagos. Esos infelices habían burlado la seguridad de la institución más resguardada de la Ciudad Blanca: el encierro más infranqueable de todo Aztlán.
- Parece que solo se esfuerzan en mantenernos encerrados en este infierno», pensó al ver cómo cubrían el boquete que el chico cuervo, Nazz, dejó en el gimnasio tras su Despertar, mientras más cámaras y barrotes adornaban el lugar.
A la administración le importaba más ocultar los daños que investigar cómo se infiltraron esos bastardos. Su única medida era controlar la narrativa encerrando a las víctimas. Para Ángela fue una semana; para Nazz, dos meses de intensas pruebas con la desquiciada de Tritesta, para asegurar que no sufriera otra explosión.
Dos meses. Y hoy, por fin, podían hablar.
- ¡Nazz! ¡Oye, amigo! —gritó la capitana de gimnasia rítmica al acercarse al metalero, que dormitaba bajo un árbol.
- Angie Babe —respondió el muchacho, fijando la mirada en su silueta, llamando la atención de los demás—. Te ves muy bien.
- Ji, ji... Ay, no digas eso —se sonrojó, cubriéndose con un abrigo largo del equipo. Estaban en otoño, así que no desentonaba—. No tuve oportunidad de darte las gracias, así que... te traje esto. Es de mi jardín, no necesita mucho cuidado y puedes usar su savia para tus heridas.
Le entregó una pequeña planta de aloe. Nazz la tomó sin saber bien qué hacer con ella, pero le agradaba que alguien lo mirara sin miedo.
- Pero dime, ¿cómo has estado? Escuché que regresaste a clases.
- Eso dicen, pero... —Miró su puño vendado—. Ya no me dejarán entrar a defensa personal. ¡Carajo!
Giró velozmente y lanzó un golpe con tirabuzón al tronco tras él, marcando la corteza y sacudiendo las ramas.
- ¿Fue peor que la prueba de entrada? —se acercó Ángela a revisar su brazo izquierdo, lleno de vendas sobre marcas de agujas.
Ni rastro de las quemaduras que debieron dejar las aterradoras llamas de su Despertar. Era un milagro que ambos salieran ilesos de ese gimnasio carbonizado. De los borrachos que la amenazaron solo quedó una sombra de hollín, imposible de cubrir con la pintura barata del Refugio.
- Fue humillante... ¡Esas pinches descargas eléctricas! El pinche director debió planearlo todo con la loca de Tritesta. Y peor: escuché que le contrató un asistente. Apuesto a que es otro psicópata.
Soltó un rodillazo al árbol, asustando a los estudiantes alrededor, quienes retrocedieron temiendo que volviera a explotar.
- Pobrecito... Eres un héroe —, Ángela tomó el brazo del cuervo y lo alzó para que todos lo vieran—. ¡No huyan! ¡Nazz es un héroe, tontitos!
Fue inútil. Aunque la admiraban, el miedo pesaba más. Ángela se llenó de culpa, pero rechazó alejarse. Ella lo entendía: sabía lo que era perder el control, como en la embajada o cuando era una pequeña huérfana en Iberia. Esa tormenta solo cesó cuando alguien la aceptó tal como era, como lo hicieron los Montoya.
Desesperada, lo abrazó con fuerza:
- Lo siento... Eres la persona más confiable que conozco. ¡Todo es mi culpa! — Se quebró en lágrimas—. Debiste correr... ¡No tenías por qué sufrir esto por mí!
Confundido por esa emoción desbordante, que jamás había visto en alguien, Nazz estuvo a punto de derrumbarse con ella. Pero un Al-Nasr jamás se permitiría semejante momento telenovelesco.
- Yah, yah... Tranquila, ¡Drama Queen! No digas tonterías —, la sujetó suavemente por la cabeza, para despegarla de su pecho. — No me gusta presumir, pero... ¡soy un jodido ninja!
Dio tres mortales hacia atrás —casi con la elegancia de la mismísima campeona— y cayó de pie, juntando las piernas. Clavó el sello Tō del kuji-kiri* : índices y medios al frente, demostrando una voluntad de hierro.
- Comparado con el infierno del sensei Ikki, lo de esa loca fue un masaje relajante.
Relajó la postura y soltó unos cuernos al aire con la mano derecha, entregándole su alma al ritmo del metal.
- ¡Yo soy “The Hero of the Day”, baby! — Remató, haciendo un solo invisible de batería que la hizo soltar una risita.
- De verdad... me salvaste —, sonrió Ángela, limpiándose las lágrimas esmeraldas, mientras su Despertar la hacía sentir la alegría de las llamas naranjas dibujadas al rededor de Nazz.
Un año después, tras sobrevivir a la extraña noche del cerro, Ángela comprendió que el cuervo no mentía: las ninjas de película sí existían. Pensó al verlo pelear contra aquella extraña, la tosca y violenta niña grulla que siempre quería golpearla cuando la veía.
El entrenamiento con Kyōko, su nueva maestra, acababa de empezar.
- ¿Qué pasa, pompis-chan? ¿Ya recordaste que no puedes conmigo? ¡You can't kill the metal! — Su hermanastro pelos de cuervo se burló al esquivar una patada y un puñetazo que la titubeante Vanessa Hinotori desataba. Era obvio que la nipona se sentía desnuda sin sus navajas shinobi. — ¡Tres días, baby! Tres días y recuperé toda la magia —, repetía Nazz al bailotear alrededor.
Harta, Vanessa se lanzó en una ráfaga furiosa, pero el cuervo solo flotaba entre sus golpes, sin un solo rasguño, sonriendo de oreja a oreja. Su memoria muscular era sobrenatural. como si nunca hubiese dejado de hacer sparring con ella.
- Qué chido pelear sin límites... ¡y con alguien que sí sabe!
- Eres un... — Gruñó la grulla, violando las reglas que Kyoko había impuesto, al sacar sus cuchillas. Dispuesta a callarle la bocota a Nazz.
- ¡Nazz, muévete! — Le gritó Jim. La vibración en sus muñecas le avisaba que su compadre estaba a un segundo de convertirse en colador. Angela se levantó tentada a saltar a ayudarlo, su visión esmeralda iluminaba la desesperación de la grulla con un intenso y chisporroteante rosa rojizo.
- Oye Imōto-chan!!* — Regañó Hawk, igualmente tentado en intervenir en el combate de prueba. Cuando su prima zorro interpuso su abanico favorito frente a él.
- Hum… Era cuestión de tiempo Shisa-kun. Además, parece que el payaso desertor ha recuperado su instinto. No debería haber problema… ¡Jo jo jo! — Se burló con destello sádico, tratando de ocultar que estaba muy impresionada de su alumno. ¿Acaso era su Despertar ayudándolo, o realmente era un prodigio desperdiciado? Como su padre juraba cada vez que se refería a él.