Propiedad del clan pantera

Tres

🐇EL ECO DEL OLVIDO.

​El sueño no fue el refugio que esperaba. Al cerrar los ojos, la calidez de la habitación de Dexter desapareció, siendo reemplazada por el frío cortante del bosque y el vacío ensordecedor del rechazo.

En mi pesadilla, volvía a estar en el Clan de los Conejos. Podía ver las siluetas de mi familia, pero sus rostros estaban borrosos, como sombras que se negaban a reconocerme. Mis hermanos se alzaban sobre mí, transformados en humanos fuertes y veloces, mientras yo gritaba desde el suelo, pero de mi garganta solo salían chillidos mudos.

—¿Para qué sirve una cosa que no puede cambiar? —susurraba el viento con la voz de mi padre.

—No eres nada. No tienes lugar aquí.

Sentía que el suelo se abría bajo mis pequeñas patas. Estaba cayendo en un pozo de oscuridad absoluta, donde mi pelaje beige se manchaba de barro y mis feromonas me delataban, atrayendo a miles de ojos rojos que me observaban desde la negrura. El aroma de mi propio miedo era tan denso que me asfixiaba.

El Despertar.

Me sacudí violentamente, soltando un gemido agudo y lastimero. Abrí los ojos de golpe, con el corazón golpeando mis costillas como un tambor frenético. Por un segundo, no supe dónde estaba. La oscuridad de la habitación me pareció la misma de mi sueño, y el pánico me hizo intentar correr, pero mis patas se enredaron en las pesadas sábanas de seda.

Entonces, sentí un movimiento a mi lado.

Una masa oscura y poderosa se tensó. Arlo, la pantera, levantó la cabeza. Sus ojos amarillos brillaron en la penumbra, fijos en mí. Yo estaba hiperventilando, soltando ráfagas de ese aroma dulce y desesperado que tanto molestaba a su amo. Arlo no me atacó; en cambio, emitió un ronroneo profundo, un sonido que vibró a través del colchón y que, extrañamente, empezó a calmar el ritmo de mi corazón.

​—¿Qué es este ruido?

La voz de Dexter llegó desde el otro lado de la habitación. Estaba sentado frente a su escritorio, iluminado solo por una vela que se consumía. Se levantó y caminó hacia la cama con paso lento.

La Mano del Depredador.

​Se detuvo al borde del colchón y me miró. Yo seguía temblando, con mis grandes ojos miel empañados por las lágrimas de la pesadilla.

—Tus feromonas están inundando el cuarto, pequeña —dijo, y aunque sus palabras eran duras, su tono no era tan cortante como de costumbre—. Si sigues así, despertarás a medio castillo.

Él suspiró y, para mi sorpresa, extendió su mano. Esperé que me apartara o que me regañara, pero sus dedos rozaron con suavidad el espacio detrás de mis orejas. Fue un contacto breve, pero cargado de una calidez que me dejó helada.

—Solo fue un sueño —murmuró él, casi como si hablara consigo mismo—. En este castillo, el único que decide cuándo debes tener miedo soy yo. Y ahora, te ordeno que duermas.

Su mano se quedó allí un momento más, una presión firme que me anclaba a la realidad. No era la caricia afectuosa de una familia, era el gesto posesivo de un dueño, pero para alguien que nunca había tenido nada, se sintió como un salvavidas.

Arlo volvió a apoyar su cabeza cerca de mí, como un muro de ébano protegiéndome de las sombras. Me acurruqué contra el pelaje de la pantera, mirando de reojo a Dexter mientras él regresaba a sus papeles. Por primera vez, el silencio de la noche no se sintió como soledad, sino como una tregua.

Poco a poco, el aroma a miedo en la habitación se desvaneció, reemplazado por la suave fragancia del sándalo y el sueño tranquilo de una criatura que, por fin, tenía un lugar donde esconderse.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.