Propiedad del clan pantera

Veintiuno

🐇LA POLIZÓN DE SEDA.

La tensión en el castillo era palpable. Dexter se movía por la habitación con una eficiencia gélida, preparando su viaje hacia las tierras del norte, el territorio del Clan de los Osos. Eran tierras rudas, cubiertas de nieve eterna y gobernadas por guerreros que valoraban la fuerza bruta por encima de todo.

—Te quedarás aquí con Arlo —sentenció Dexter mientras ajustaba las correas de su armadura de cuero—. Los osos no son conocidos por su hospitalidad, y el frío de las montañas congelaría tus orejas antes de llegar al primer puesto de avanzada.

Yo no estaba dispuesta a aceptar un "no". Me puse en pie sobre mis patas traseras, agitando mis patas delanteras y soltando pequeños chillidos de protesta. Salté sobre sus botas, mordisqueé sus cordones y luego corrí en círculos alrededor de él, haciendo un berrinche en toda regla.

El Desdén del Rey.

Dexter ni siquiera bajó la mirada. Me ignoró con esa parsimonia exasperante que solo él poseía.

—Arlo, vigílala. Si intenta morder otro mueble, no le des manzana por la noche —dijo secamente, tomando su pesada capa de piel.

Caminó hacia la puerta sin mirar atrás. Su indiferencia me dolió más que su negativa, pero también encendió una chispa de rebeldía en mi pecho. No iba a dejar que se fuera solo a un lugar peligroso, no después de todo lo que había pasado.

​El Plan Maestro.

​Mientras Dexter hablaba con un guardia en el pasillo, divisé su bolso de viaje sobre el diván. Estaba entreabierto, dejando ver las túnicas de seda y las mantas de repuesto. Era mi oportunidad.

Miré a Arlo. La gran pantera estaba echada sobre la cama real, observándome con sus ojos amarillos entornados. Él sabía perfectamente lo que estaba tramando. Solté un pequeño sonido, una despedida silenciosa y una súplica para que no me delatara.

Arlo soltó un suspiro profundo, un sonido de pura resignación que hizo vibrar las mantas. Cerró los ojos y apoyó la cabeza sobre sus garras, dándome la espalda. No iba a ayudarme, pero tampoco iba a detenerme.

Con un salto ágil, me lancé hacia el bolso. Me hundí entre las telas suaves, acomodándome en el fondo, justo debajo de una túnica negra que olía profundamente a Dexter. Me hice un ovillo, conteniendo la respiración y tratando de no mover ni un solo bigote.

Partida en las Sombras.

​Momentos después, sentí que el bolso se elevaba bruscamente. El movimiento de los pasos de Dexter me mecía de un lado a otro. Escuché el eco de sus botas por los pasillos, el relinchar de los caballos en el patio y, finalmente, el crujido del carruaje al ponerse en marcha.

Estaba oscuro y el aire era escaso, pero me sentía victoriosa. Dexter creía que me había dejado atrás, protegida entre muros de piedra, pero su pequeña "carga" ahora viajaba con él hacia el corazón del invierno. Solo esperaba que, cuando me descubriera, su furia fuera menor que el frío de las montañas de los osos.




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