Propiedad del clan pantera

Veinticuatro

🐇CORAZONES DE HIELO Y PIEL DE OSO.

El aire se volvió tan frío que cada aliento de Dexter se convertía en una nube blanca frente a su rostro. El carruaje se detuvo con un crujido sobre la nieve compacta, y el sonido de tambores lejanos anunció nuestra llegada. Estábamos en la fortaleza de Kodiak, el asentamiento principal del Clan Oso, un lugar construido con troncos colosales y piedra bruta que desafiaba a las ventiscas.

Dexter me mantenía firme contra su pecho, oculta bajo las capas de su pesada vestimenta. Aunque su corazón latía con calma, sentía la tensión en sus músculos; todavía no me había perdonado del todo la travesura, y el ambiente en el norte siempre era impredecible.

​El Gigante del Norte.

La puerta del carruaje se abrió y Dexter descendió con la elegancia de una pantera, incluso sobre la nieve traicionera. Frente a nosotros, una figura imponente nos esperaba. Era Bjorn, el líder del clan, un hombre que doblaba el ancho de Dexter, cubierto con pieles de oso pardo y con una barba densa salpicada de escarcha.

—¡Rey Dexter! —rugió Bjorn, y su voz era como un desprendimiento de rocas—. Has cruzado el paso helado. Entra, antes de que el invierno te robe el aliento.

Dexter asintió con una cortesía fría. Pero, mientras caminábamos hacia el gran salón de troncos, mi curiosidad venció a mi prudencia. El aroma del lugar —leña quemada, carne asada y pino fresco— era irresistible. Asomé mi pequeña cabeza beige entre las solapas de la capa de Dexter, moviendo la nariz con rapidez.

​Una Sonrisa Inesperada.

Bjorn se detuvo en seco. Sus ojos, pequeños y astutos tras sus cejas pobladas, se fijaron directamente en mí. Dexter se tensó, su mano bajó instintivamente para cubrirme, pero el gigante soltó una carcajada que hizo temblar la nieve de los techos cercanos.

​—¿Pero qué es esto? —Bjorn se inclinó, quedando a una distancia que me permitió ver las cicatrices de su rostro—. ¿La temible Pantera de Obsidiana viaja con un espíritu del bosque en el bolsillo?

​Pensé que se burlaría, pero su expresión se suavizó de una manera asombrosa. Extendió un dedo grueso y calloso, rozando con una delicadeza inesperada la punta de una de mis orejas.

—Bienvenida a las montañas, pequeña —dijo Bjorn con una sonrisa genuinamente amable—. Aquí valoramos lo que es capaz de sobrevivir al frío. Eres pequeña, pero tienes ojos valientes.

El Mal Humor del Rey.

Yo le respondí con un pequeño movimiento de cabeza, sintiéndome extrañamente segura ante aquel gigante. Sin embargo, Dexter no compartía mi entusiasmo. Soltó un gruñido bajo, ese que solo yo podía sentir vibrar en su pecho, y me empujó suavemente de nuevo hacia el interior de su ropa.

​—Es una polizón, Bjorn —sentenció Dexter con voz cortante—. No la alientes. Ya me ha causado suficientes retrasos por hoy.

—Vamos, Dexter, no seas tan duro —rio Bjorn, dándole una palmada en el hombro que habría derribado a un hombre común—. Si una criatura tan frágil ha logrado engañar a tus sentidos para llegar hasta aquí, merece un banquete, no un regaño.

Dexter no respondió, pero apretó el paso hacia el interior de la fortaleza. Estaba claro que, aunque el líder de los osos me hubiera dado su bendición, yo todavía tenía mucho que hacer para ganarme el perdón de mi pantera, quien seguía caminando con la mandíbula apretada y el orgullo herido.




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