Propiedad del clan pantera

Veintiocho

🐇EL DESAFÍO DEL OSO.

​El patio quedó sumergido en un silencio gélido, roto solo por el silbido del viento. Dexter dio un paso adelante, con la mano extendida hacia mí, pero yo me hundí más profundamente en la palma de Bjorn. No quería volver a ese pecho frío que me había gritado palabras tan hirientes. Me sentía segura en el calor del oso, lejos del juicio de la pantera.

La mano de Dexter se congeló en el aire al ver mi rechazo. Sus ojos dorados se abrieron con una mezcla de sorpresa y un dolor punzante que intentó ocultar tras una máscara de arrogancia.

​—Wyny, ven aquí —ordenó Dexter, pero su voz, aunque intentaba ser firme, flaqueó por primera vez—. Se acabó el berrinche. Volvamos adentro.

Una Propuesta Inesperada.

Bjorn soltó una risa profunda que hizo vibrar mis patitas. No me soltó. Al contrario, me acercó a su rostro con gesto protector.

—Me parece que la pequeña no está de acuerdo con tus órdenes, Rey Pantera —dijo Bjorn, mirando a Dexter con una chispa de diversión desafiante—. En las montañas, no reclamamos lo que no sabemos cuidar. Has herido su espíritu, y mi hogar ha decidido darle refugio.

—Es mi... —Dexter se calló antes de decir "propiedad", dándose cuenta de que esa palabra solo empeoraría las cosas—. Ella pertenece al Castillo de Obsidiana.

​—Entonces demuéstralo —sentenció Bjorn, irguiéndose en toda su imponente estatura—. Hagamos un trato de caballeros, ya que estamos aquí por negocios. Nos quedaremos tres días más para cerrar los tratados. Durante este tiempo, Dexter, tendrás que volver a ganar el cariño de Wyny. Tendrás que demostrarle que su lugar está a tu lado por elección, no por miedo.

La Apuesta de Honor.

Dexter apretó los dientes, su mandíbula marcada por la tensión.

—¿Y si no lo logro? —preguntó con voz ronca.

​—Si al momento de tu partida ella decide que prefiere el calor de mis pieles y la paz de mis bosques... —Bjorn me acarició suavemente la cabeza—, se quedará bajo la custodia del Clan Oso. Aquí nadie le dirá que es una carga. Aquí será tratada como la pequeña reina que es.

Dexter miró a Bjorn y luego me miró a mí. Yo desvié la vista, concentrándome en un botón de la túnica del oso, todavía dolida por sus palabras en la habitación. El Rey de las Panteras se dio cuenta de que estaba perdiendo lo único que realmente le importaba por culpa de su propio orgullo.

​—Acepto —dijo Dexter finalmente, con una solemnidad que me hizo estremecer—. Pero no la tomes por garantizada, Bjorn. Wyny es más lista de lo que parece.

—Oh, lo sé —respondió el oso, guiñándome un ojo—. Por eso sé que te lo va a poner muy difícil.

Esa noche, no regresé a los aposentos de Dexter. Me quedé en una pequeña cesta de mimbre llena de lana de oveja junto al fuego de Bjorn, mientras Dexter observaba desde las sombras, dándose cuenta de que, por primera vez, su corona y su poder no le servían de nada para recuperar el corazón de un pequeño conejo beige.




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