Propiedad del clan pantera

Treinta y uno

🐇LA VIGILIA DEL CORAZÓN.

La noche en la fortaleza de los osos era un monstruo que aullaba a través de las rendijas de los troncos. Aunque Bjorn me había preparado un nido de lana de oveja tan suave como una nube, el sueño se me escapaba. El silencio de la habitación del oso era demasiado... tranquilo. Faltaba el sonido rítmico de una respiración pesada que conocía de memoria y el sutil aroma a madera quemada y sándalo que siempre me indicaba que el peligro estaba lejos.

​Mi corazón, traicionero y nostálgico, empezó a latir con fuerza. Me sentía extraña en esa cama ajena. Con movimientos torpes, salté fuera de la cesta y caminé por el suelo de madera, esquivando las sombras que proyectaban las brasas agonizantes.

​El Camino a la Puerta Prohibida.

Salí al pasillo de piedra. El frío me erizó el pelaje de inmediato, pero mis patas me llevaron, casi por instinto, hacia el ala oeste de la fortaleza. No tuve que buscar mucho; el rastro de Dexter era como un hilo dorado en la oscuridad.

Me detuve frente a su puerta. Era una estructura de roble macizo, fría e impenetrable. Me senté allí, pequeña y solitaria, mirando la madera. Solo quería estar cerca. Quería saber que él estaba al otro lado, aunque todavía estuviera dolida, aunque todavía tuviera miedo de sus palabras. Me acurruqué contra el marco de la puerta, dejando que el calor residual que se filtraba por debajo me calentara el hocico.

"Solo un momento", me dije. "Solo hasta que me sienta lo suficientemente valiente para volver con Bjorn".

El Encuentro Inevitable.

Permanecí allí unos minutos, cerrando los ojos y tratando de imaginar que estaba de nuevo en su bolsillo. Pero, justo cuando decidí que era hora de dar la vuelta y regresar antes de que alguien me viera, escuché un movimiento brusco desde el interior.

Mi corazón dio un vuelco. Me puse en pie de un salto para huir, pero no fui lo suficientemente rápida.

El sonido metálico del cerrojo resonó en el pasillo y la puerta se abrió de par en par. La luz de las velas de la habitación me cegó por un segundo. Dexter estaba allí, de pie, con la camisa desabrochada y el rostro marcado por una fatiga que lo hacía parecer años mayor. Tenía una espada en la mano, como si hubiera estado esperando un ataque, pero su expresión cambió de una alerta mortal a un asombro absoluto al mirar hacia el suelo.

​—¿Wyny? —su voz fue apenas un susurro quebrado.

Me quedé congelada, con una pata levantada en el aire, atrapada en plena huida. No había feromonas de dolor esta vez, solo una vergüenza profunda por haber sido descubierta buscándolo. Dexter soltó la espada, que cayó sobre una alfombra de piel con un golpe sordo, y se arrodilló lentamente, como si temiera que cualquier movimiento brusco me hiciera desaparecer como un espejismo de la nieve.

—No podías dormir tú tampoco, ¿verdad? —preguntó, extendiendo su mano con una vacilación que nunca había visto en el Rey de las Panteras.




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