Propiedad del clan pantera

Treinta y Tres

🐇EL AROMA DEL NORTE.

​El aire en el pasillo se sentía menos pesado después de la confesión de Dexter. Al sentir su palma abierta y vulnerable, mis dudas empezaron a disiparse como la niebla al amanecer. Avancé con cautela, sintiendo la piedra fría bajo mis patas, hasta que mi hocico rozó la calidez de su mano. Fue un contacto breve, pero suficiente para que él soltara un suspiro que pareció liberar meses de tensión acumulada.

​El Reencuentro.

Sin esperar un segundo más, Dexter me rodeó con ambas manos y me elevó hacia su pecho. Me abrazó con una mezcla de fuerza y miedo, como si temiera que, al soltarme, yo pudiera desvanecerme o volver corriendo hacia las pieles del oso. Apoyé mi cabeza en el hueco de su cuello, aspirando su aroma a sándalo que, aunque ahora estaba mezclado con el sudor de una noche de insomnio, seguía siendo mi hogar.

Sin embargo, el momento de ternura fue interrumpido por un gesto que conocía muy bien. Dexter arrugó la nariz y se apartó apenas unos centímetros para mirarme, entrecerrando los ojos dorados.

La Queja de la Pantera.

—Wyny... —murmuró, y esta vez su tono tenía un matiz de irritación posesiva—. Apestas.

Me quedé congelada. ¿Apestaba? Yo me sentía limpia y mi nueva capa de piel de zorro blanco era la envidia de la fortaleza. Pero Dexter acercó su nariz a mis orejas y soltó un bufido de desdén.

​—Apestas a Bjorn —sentenció, y su voz vibró con un celo mal disimulado—. Ese olor a pino viejo, resina y oso... está impregnado en todo tu pelaje. Incluso esa capa que llevas... huele a la hospitalidad barata de los del norte.

Solté un pequeño chillido de protesta. Bjorn me había cuidado cuando él me había echado, y sus feromonas de calma habían sido lo único que me permitió dejar de llorar.

Marcando Territorio.

Dexter me apretó más contra él, restregando su mejilla contra mi lomo, tratando de borrar con su propio aroma cualquier rastro del líder de los osos. Era un comportamiento puramente instintivo, el de un depredador marcando lo que le pertenecía.

—Mañana mismo buscaremos agua caliente y jabón de flores del sur —gruñó, aunque sus manos me acariciaban con una suavidad infinita—. No voy a permitir que vuelvas al castillo oliendo a montaña y a salvajismo. Eres mi pequeña Wyny, no una mascota del clan oso.

Me dejé hacer, sintiendo cómo su corazón recobraba un ritmo constante bajo mi cuerpo. Estaba celoso, y aunque era un sentimiento egoísta, me recordaba que, a su manera torpe y posesiva, Dexter me necesitaba tanto como yo a él. Me acurruqué bajo su mentón, aceptando su aroma dominante y dejando que el calor de la pantera borrara, poco a poco, el frío que Bjorn no había logrado quitar de mi alma.




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