Propiedad del clan pantera

Treinta y cuatro

🐇EL REGRESO AL HOGAR SEGURO.

​La mañana comenzó con un ritual de redención. Dexter, con una paciencia que nadie en su reino creería posible, utilizó un pequeño cuenco de plata y agua templada con esencia de flores para bañarme. Sus dedos, antes tan rudos, me enjabonaron con cuidado, eliminando cada rastro del aroma a pino y resina de las montañas.

Luego, me envolvió en una toalla de lino fino, frotando mi pelaje hasta que quedó tan esponjoso y beige como el primer día.

Cuando terminé de secarme, Dexter me colocó con delicadeza en el bolsillo de su túnica, justo sobre su corazón. El calor era perfecto; el lugar era el correcto.

La Despedida del Gigante.

Caminamos hacia el gran salón de troncos donde Bjorn nos esperaba para la partida. El líder de los osos estaba de pie junto a las enormes puertas, con sus hijos oseznos rodeándole las piernas. Al vernos llegar, Bjorn fijó su vista en el bolsillo de Dexter, donde mi cabecita asomaba con timidez.

Me encontré con la mirada del gran oso. Mis ojos miel se cruzaron con los suyos y le envié un mensaje silencioso de gratitud infinita. Él me había dado refugio cuando estaba rota, me había enseñado la calidez de su gente y me había recordado mi propio valor. Le debía mi sonrisa de vuelta, pero ambos sabíamos que mi aventura en el norte terminaba aquí.

El Lugar Seguro.

Bjorn soltó una carcajada suave, una que no hizo temblar el techo, sino que sonó a resignación y respeto. Miró a Dexter a los ojos y asintió lentamente.

​—Lo has logrado, Pantera —dijo Bjorn con voz profunda—. Pero no porque seas el más fuerte, sino porque ella ha decidido que tu pecho es su refugio.

Dexter puso una mano protectora sobre su bolsillo, acariciando mis orejas con el pulgar. No hubo arrogancia en su gesto, solo una comprensión solemne.

​—A veces, uno tiene que perderse para entender dónde pertenece realmente —respondió Dexter, mirando a Bjorn con una pizca de gratitud mutua—. Ella es mi lugar seguro, y yo soy el suyo. Una persona —o una criatura— siempre vuelve a donde su alma se siente en paz.

Bjorn se hizo a un lado, abriendo las puertas hacia el camino de nieve que nos llevaría de regreso al Castillo de Obsidiana. Mientras el carruaje se alejaba, vi a los oseznos saludar con sus patitas desde la distancia. Me hundí más profundamente en el bolsillo de Dexter, cerrando los ojos al compás de sus latidos. El invierno seguía fuera, pero dentro de su túnica, finalmente había vuelto la primavera.




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