Propiedad del clan pantera

Treinta y siete

🐇SOMBRAS EN LA FRONTERA.

La noche había caído sobre el Castillo de Obsidiana, tiñendo las paredes de un azul profundo y silencioso. A pesar de la calidez de las mantas de seda y el fuego que aún chisporroteaba en la chimenea, el ambiente en la alcoba real se sentía cargado, como el aire antes de una tormenta eléctrica.

Dexter estaba tumbado de espaldas, con un brazo tras la cabeza, pero su cuerpo no descansaba. Sus músculos estaban rígidos, y su mandíbula se apretaba rítmicamente. Sus ojos dorados, fijos en las vigas del techo, brillaban con una intensidad inquieta.

El Refugio del Rey.

Al notar su agitación, salté suavemente desde mi almohada y me abrí paso por el edredón. Me acurruqué con cuidado en el hueco de su cuello, buscando ese calor familiar y dejando que mi pelaje rozara su piel. Sentí cómo su respiración, inicialmente entrecortada, se suavizaba por un instante al sentir mi presencia.

Dexter soltó un suspiro largo y pesado, y una de sus manos subió para acariciar mi lomo con una distracción melancólica.

Rumores de Guerra.

—Están cerca, Wyny —murmuró su voz, que vibró profundamente contra mi cuerpo—. Mis exploradores han visto las marcas. El clan de los tigres ha movido sus campamentos; están prácticamente lamiendo nuestras fronteras.

Se hizo un silencio denso, solo interrumpido por el crujir de la madera quemada. Sabía que los tigres eran feroces, ambiciosos y que nunca habían perdonado la soberanía de las panteras.

—Si deciden cruzar el río, no será una simple escaramuza —continuó él, y su tono se volvió gélido—. Habrá guerra. Pero esta vez, el tablero ha cambiado. Bjorn me envió un mensaje hoy a través de sus halcones. Si los tigres atacan, el clan de los osos marchará desde el norte para apoyarnos.

Una Promesa de Sangre y Acero.

Dexter giró un poco la cabeza, enterrando el rostro en mi suave pelaje beige. Por un momento, no era el Rey guerrero, sino un hombre cargando con el peso de mil vidas sobre sus hombros.

​—El norte no olvida, y parece que tu estancia allí sirvió para algo más que para darme celos —dijo con una pequeña y amarga sonrisa—. Bjorn respeta la fuerza, pero parece que también ha aprendido a valorar lo que protegemos aquí.

Me quedé muy quieta, escuchando su corazón latir con fuerza. La paz del castillo se sentía ahora como un velo delgado y frágil. Mientras Dexter cerraba los ojos, tratando de encontrar un descanso que se le antojaba esquivo, yo juré en silencio que, sin importar cuán cerca estuvieran los tigres, mi lugar seguiría siendo ese: justo donde terminaba el miedo y empezaba el valor de mi pantera.




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