🐇LA PROPUESTA DEL DEPREDADOR.
La tensión que Dexter había sentido en la cama no era infundada. A la mañana siguiente, el sonar de los cuernos de guerra a las puertas del castillo no anunció un ataque, sino una comitiva. Kaelan, el líder del Clan Tigre, había llegado bajo bandera de tregua.
El ambiente en el gran salón era gélido. Dexter estaba sentado en su trono de obsidiana, con la mandíbula apretada y una mano apoyada en el pomo de su espada.
Arlo permanecía a su lado, un gruñido sordo vibrando en su pecho. Yo estaba oculta tras una cortina de seda, observando con el corazón latiendo a mil por hora.
Un Viejo Conocido.
Kaelan entró con la arrogancia de quien se sabe poderoso. Sus ojos amarillos recorrieron el salón con desdén hasta que se posaron en el rincón donde yo me escondía. Una sonrisa felina y peligrosa curvó sus labios.
—Rey Dexter —dijo Kaelan, su voz era como seda raspando sobre piedra—. No hemos hablado desde aquel banquete en el que vi a tu pequeña joya saltando por el jardín. Debo admitir que su recuerdo me ha perseguido desde entonces.
Dexter no se movió, pero el aire a su alrededor pareció enfriarse diez grados.
—Has cruzado mis fronteras con hombres armados, Kaelan. Ve al grano antes de que mi paciencia se agote —sentenció la pantera.
El Precio de la Paz.
Kaelan dio un paso adelante, ignorando la advertencia. Se cruzó de brazos, luciendo las rayas oscuras de su piel con orgullo.
—Vengo a negociar la paz. Mis guerreros están listos para la guerra, y sé que los osos te apoyan, lo cual haría de esto una masacre para ambos bandos. No quiero sangre, Dexter. Quiero prosperidad para mi clan.
Hizo una pausa dramática y señaló hacia donde yo estaba.
—Retiraré mis tropas de tus fronteras y firmaré un tratado de no agresión por cien años. Pero el precio es simple: Wyny vendrá conmigo. Se convertirá en mi esposa y reina del Clan Tigre. Después de todo —añadió con una mirada lasciva que me hizo temblar—, todos sabemos que los conejos son muy fértiles. Imagina el linaje de guerreros que nacería si ella bendice mi estirpe.
La Furia Contenida.
El estruendo que siguió no fue un grito, sino el sonido de Dexter poniéndose en pie. El trono de obsidiana pareció crujir bajo su furia. Arlo dio un paso al frente, mostrando sus colmillos blancos como el marfil.
—Has venido a mi casa a pedirme que te entregue lo más preciado que tengo como si fuera ganado —la voz de Dexter era un susurro letal—. Has cometido un error fatal, Kaelan.
Me encogí tras la cortina. La propuesta de Kaelan no era solo un insulto, era una declaración de que me veía como un objeto para reproducirse y fortalecer su clan. El miedo me paralizó, pero al mirar a Dexter, vi algo más que rabia: vi a un hombre dispuesto a quemar el mundo entero antes de permitir que una sola garra de tigre rozara mi pelaje.