Propiedad del clan pantera

Treinta y nieve

🐇EL REFUGIO DE LA GUERRA.

La sonrisa de Kaelan no desapareció ante la furia de Dexter; al contrario, se ensanchó, mostrando los colmillos de un depredador que disfrutaba del caos. El líder del clan tigre dio media vuelta, haciendo que su pesada capa de rayas ondeara con un movimiento violento.

—Mala elección, entonces —dijo Kaelan, y su voz resonó en las paredes de obsidiana como el eco de un trueno—. He intentado ser diplomático, Dexter, pero veo que tu apego por esa criatura nubla tu juicio de rey.

Una Amenaza Directa.

Se detuvo justo antes de salir del gran salón y miró a Dexter por encima del hombro. Sus ojos amarillos destellaban con una promesa de sangre.

​—Prepara tus mejores tropas, pantera.

Fortalece tus muros y afila tus garras, porque vendré por ella. Verás con tus propios ojos cómo te la quito de tus manos, y cuando el Castillo de Obsidiana caiga, ella será el trofeo que adorne mi alcoba y asegure mi descendencia.

El silencio que siguió a sus palabras fue sepulcral. Kaelan salió del salón escoltado por sus guardias, dejando tras de sí un rastro de feromonas agresivas que hacían que el aire picara en la nariz.

La Promesa de Dexter.

Salí de detrás de la cortina, temblando de pies a cabeza. Mis orejas estaban pegadas a mi lomo y apenas podía respirar. Dexter se giró hacia mí y, al ver mi terror, su expresión se suavizó por un segundo, aunque el fuego de sus ojos no se apagó.

—No te tocará, Wyny —dijo con una voz tan profunda y firme que pareció sellar el destino del mundo—. Tendrá que pasar sobre mi cadáver y quemar cada rincón de este reino antes de que pongas un pie en su territorio.

​El Llamado a las Armas.

Dexter miró a Arlo, quien ya estaba en posición de ataque, con el pelaje erizado y los ojos fijos en la entrada.

​—Arlo, envía los halcones mensajeros ahora mismo. Dile a Bjorn que la tregua se ha roto. Dile que el tigre ha mostrado sus garras y que es hora de que el oso y la pantera luchen como uno solo.

​Arlo soltó un rugido potente que hizo vibrar los vitrales del castillo, un sonido que anunciaba el fin de la paz. Dexter se acercó a mí, me tomó en sus manos y me presionó contra su pecho, donde su corazón latía con la fuerza de un tambor de guerra. El conflicto final había comenzado, y el Castillo de Obsidiana se preparaba para la batalla más sangrienta de su historia.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.