Propiedad del clan pantera

Cuarenta y cuatro

🐇LA TRANSFORMACIÓN DE LA LUNA.

El estruendo de la batalla arriba se vio eclipsado por una presencia que heló la sangre en el refugio. Kaelan, el líder del clan tigre, irrumpió en la cámara con la armadura abollada y una sonrisa de locura en el rostro. Sus ojos estaban fijos en mí, ignorando el caos a su alrededor.

​—Vaya, vaya... el escondite perfecto —dijo Kaelan, su voz goteando malicia—. He perdido a la mitad de mi clan buscando en este laberinto de piedra. Si los de tu especie no fueran tan difíciles de encontrar, ya habría buscado a cualquier otra coneja. Pero no, Wyny... yo te quería a ti. Solo tú eres digna de parir a mis herederos.

La Caída de los Guardianes.

Arlo se lanzó al ataque con un rugido desesperado, pero Kaelan, con un movimiento rápido de su espada pesada, logró herir el flanco de la pantera negra. Arlo cayó al suelo con un gemido de dolor, dejando un rastro de sangre sobre la piedra.

Al ver a su compañero herido, Dexter perdió la compostura. Intentó embestir a Kaelan, pero el tigre gigante que servía de montura y guardián al líder enemigo se lanzó sobre él. Con una fuerza bruta abrumadora, el tigre inmovilizó a Dexter contra el suelo, presionando sus garras contra la armadura de obsidiana.

​—¡Suéltala, maldito! —rugió Dexter, forcejeando inútilmente bajo el peso de la bestia.

El Sacrificio de Lucy.

​Lucy se interpuso entre Kaelan y el estante donde yo me encontraba, extendiendo los brazos.

—¡No la tocarás! —gritó con valentía.

​Kaelan, con un gesto de desdén, la empujó con una fuerza tal que Lucy salió despedida contra los fardos de tela. Me quedé sola. Kaelan extendió su mano llena de cicatrices hacia mí, sus ojos brillando con una codicia oscura.

El Milagro de la Carne.

El miedo alcanzó un punto de ruptura. Sentí un calor abrasador recorriendo mis huesos, una presión en el pecho que no podía contener más. No era el miedo de una presa, sino la voluntad de un espíritu que se negaba a ser capturado.

En un estallido de luz blanca y pura, mi cuerpo empezó a estirarse. El pelaje beige se desvaneció, convirtiéndose en una piel suave, blanca como la porcelana y delicada como los pétalos de un lirio. Caí del estante, pero ya no con el impacto de un pequeño animal, sino con la gracia pesada de una forma humana.

​Al tocar el suelo frío de las catacumbas, mi largo cabello castaño claro cayó como una cascada sobre mi espalda y mis hombros, cubriendo mi cuerpo desnudo. Levanté la vista, con los ojos anegados en lágrimas que corrían por mis mejillas humanas.

La Reacción del Rey.

El silencio que siguió fue absoluto. Kaelan se quedó paralizado, con la boca abierta, incapaz de procesar que la criatura que perseguía era algo mucho más sagrado y antiguo de lo que imaginaba.

​Esa fracción de segundo de distracción fue todo lo que Dexter necesitaba. Rugiendo con una furia renovada por el asombro y el instinto de protección, Dexter logró empujar al tigre que lo inmovilizaba, proyectando su cuerpo hacia adelante. Se lanzó contra Kaelan con un golpe devastador que lo mandó al otro lado de la habitación.

—¡No vuelvas a mirarla! —rugió Dexter, entablando una pelea feroz cuerpo a cuerpo con el líder tigre.

Mientras el acero chocaba y la piedra crujía, Lucy, recuperando el aliento, corrió hacia mí. Con manos temblorosas pero rápidas, se quitó su abrigo de lana gruesa y me envolvió en él, ocultando mi nueva y frágil forma contra su pecho. Yo solo podía sollozar, sintiendo por primera vez el frío del aire en mi piel y el peso del destino sobre mis hombros humanos.




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