Propiedad del clan pantera

Cuarenta y cinco

🐇LA FURIA DE LA PANTERA Y EL LLANTO DE LA LUNA.

​El refugio se había convertido en un escenario de pesadilla y maravilla a la vez. Mientras Lucy me envolvía febrilmente con su abrigo, ocultando mi nueva y extraña vulnerabilidad, el sonido del acero chocando contra el acero llenaba cada rincón de la cámara.

Dexter peleaba con una ferocidad que nunca antes había mostrado. Cada uno de sus movimientos era letal, impulsado por una rabia pura y protectora. Kaelan, aunque sorprendido por mi transformación, recuperó su arrogancia y se defendía con la desesperación de un cazador que ve a su presa escapar de las manos.

El Duelo de los Reyes.

—¡Mírala, Dexter! —gritaba Kaelan mientras esquivaba una estocada— ¡Es una bendición de los antiguos! ¡Un linaje real que tú no mereces esconder en un bolsillo!

—¡No es un linaje, es una vida! —rugió Dexter, asestando un golpe con el pomo de su espada que hizo que el casco de Kaelan volara por los aires—. Y no permitiré que tus manos manchen su existencia.

Dexter era una sombra imparable. Su armadura de obsidiana parecía absorber la poca luz de las antorchas, haciéndolo ver como un demonio vengador. Con un movimiento magistral, desarmó al líder tigre, enviando su espada pesada a rodar por el suelo de piedra.

El Resurgir de Arlo.

​A un lado, Arlo, a pesar de su herida en el costado, logró ponerse en pie. Emitió un rugido que hizo temblar las paredes y, con un último esfuerzo, se lanzó sobre el tigre de Kaelan que intentaba intervenir en el duelo. Los dos animales rodaron por el suelo en una lucha de garras y colmillos, pero la determinación de Arlo por protegerme le dio una fuerza sobrenatural.

El Fin de la Ambición.

Dexter tenía a Kaelan contra la pared, con la punta de su espada de obsidiana presionando la garganta del tigre. El líder enemigo estaba jadeando, con la cara ensangrentada y los ojos llenos de un odio impotente.

—Se acabó, Kaelan —dijo Dexter con una voz gélida que cortaba más que su arma—. Tus tropas están siendo masacradas por los osos afuera. Tu plan de "herederos" ha muerto antes de nacer.

En ese momento, Benher irrumpió con un grupo de guardias de élite.

—¡Señor, el valle es nuestro! —anunció el estratega, deteniéndose en seco al ver la escena... y al verme a mí, una mujer de cabellos largos y ojos llorosos envuelta en un abrigo, en lugar del pequeño conejo beige que conocía.

El Abrazo de la Realidad.

Kaelan fue encadenado y arrastrado fuera del refugio por los soldados de Benher. El silencio que siguió fue denso y cargado de asombro. Dexter dejó caer su espada, que resonó con un eco metálico, y se giró hacia mí.

Sus pasos eran lentos, casi temerosos. Se arrodilló frente a mí y a Lucy. Sus manos, manchadas de la batalla, temblaron cuando intentó acercarlas a mi rostro, ahora humano.

​—Wyny... —susurró, y por primera vez, vi lágrimas en los ojos del Rey de las Panteras—. ¿Eres... realmente tú?

Yo no pude responder con palabras, pero me incliné hacia él, buscando su calor. Aunque mi forma había cambiado, el latido de mi corazón seguía siendo el mismo que buscaba refugio en su pecho cada noche. Dexter me rodeó con sus brazos, protegiéndome de las miradas de los soldados, mientras el sol de la victoria empezaba a filtrarse por las grietas de la fortaleza.




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