Propósito Celestial

SEGUNDA TEMPORADA CAP 17

LA GRAN PIRÁMIDE

El sol estaba alto, inclemente, mientras la caravana cabalgaba sobre la arena dorada y silenciosa. El viento levantaba pequeñas nubes de polvo que se dispersaban inmediatamente, como si la tierra misma se inclinara ante ellos.

Adael, montado en su caballo con porte inmutable, alzó la vista hacia el horizonte. Sus ojos se suavizaron apenas, un matiz de nostalgia atravesó su rostro sereno.

— Ya casi… — Susurró para sí mismo — Podré verlos de nuevo.

Recordó a sus antiguos compañeros, aquellos que hacía tres años no veía. Sus rostros y risas llegaron a su mente como un eco distante, recordándole quién era antes de convertirse en lo que ahora era: imparable, dueño absoluto de sus dones.

Rosa, a su lado, percibió el cambio sutil en su mirada. No dijo nada. Solo entendió que había un pasado detrás de esa calma infinita.

La pirámide

Finalmente, la silueta se alzó sobre el horizonte: *una pirámide inmensa*, gigantesca, cuya base parecía tragarse la arena circundante. Sus lados se elevaban como escaleras imposibles hacia el cielo, y su cúspide se perdía casi entre el calor brillante del mediodía.

El grupo disminuyó la marcha y observó la escena con precisión profesional. El desierto alrededor de la pirámide estaba lleno de gente: guerreros, aventureros, saqueadores y buscadores de secretos. Todos esperaban pacientemente — O no tan pacientemente — la entrada. La cantidad de personas era abrumadora, un mar de humanidad bajo un sol implacable.

Rosa se inclinó ligeramente sobre su caballo, evaluando la multitud.

— Demasiada gente — Dijo, con la serenidad de siempre — Y todos quieren lo mismo: tesoros, secretos, respuestas.

Kalem ajustó su lanza y asintió.

— Esto será un juego de paciencia y precisión. Todo lo que hagan los demás no nos afectará. Solo nos importa nuestro objetivo.

Erya abrió un portal pequeño frente a ella, suficiente para observar la entrada sin ser notada.

— Todos esperan — Comentó — No sospechan que alguien ya sabe cómo moverse entre ellos sin problemas.

Dargus tensó sus hilos invisibles, como si evaluara cuántos podrían ser necesarios para controlar cualquier conflicto si surgiera.

— Nadie nos detendrá — Sentenció Lune, el agua danzando en un anillo perfecto alrededor de su caballo — Ni la multitud, ni los guardianes, ni la pirámide misma.

Adael volvió a mirar la pirámide, su ser tranquilo pero con un brillo casi imperceptible de anticipación en sus ojos.

— Tres años… — Murmuró de nuevo — Tres años sin verlos. Pero ahora… todo se hace más claro.

La pirámide se alzaba sobre todos ellos como un guardián eterno, pero el equipo sabía, con absoluta certeza, que no había misterio ni peligro que no pudieran enfrentar.

El grupo avanzó hacia la entrada, rodeado por la multitud, moviéndose con la gracia y el control de quienes dominan cada aspecto del entorno. Nadie dudaba, nadie retrocedía. Cada uno era un poder absoluto sobre el mundo que los rodeaba.

El rugido del desierto, el calor y la expectativa de los demás no afectaban su calma. Solo la pirámide inmensa, llena de secretos, esperaba. Y ellos estaban listos para descubrir lo que escondía.

Fin.




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