Propósito Celestial

SEGUNDA TEMPORADA CAP 18

ECOS ENTRE LA MULTITUD

El murmullo del desierto parecía intensificarse mientras la multitud alrededor de la pirámide crecía sin control. Voces, pasos, discusiones, el sonido de armas chocando… Todo formaba un caos vivo que contrastaba con la calma absoluta del grupo de Adael.

Pero él no estaba observando el entorno.

Estaba buscando rostros.

Kyomi.
Tetsu.
Leo.
Neli.
Suyen.
Nan.
Michell.
Eisen.

Nombres que llevaba tatuados en la memoria. Cada pensamiento hacia ellos era una herida dulce y una punzada de ansiedad. Pasó la mirada lentamente por la marea humana, intentando encontrar aunque fuera una sombra familiar… pero no había nada.

Un suspiro casi imperceptible escapó de él.

— ¿Buscas a alguien? — Preguntó Rosa sin mirarlo, ajustando las riendas de su caballo.

Adael asintió apenas.

— A varios… — Respondió — Pero dudo que estén aquí tan temprano.

Kalem, siempre atento, ladeó la cabeza para observarlo desde su montura.

— ¿Compañeros antiguos? — Preguntó con genuina curiosidad.

Adael mantuvo la mirada en la multitud.

— Sí. Aquellos que fueron mi familia… antes supongo.

La frase dejó un silencio pequeño, apenas perceptible. Entonces, Rosa frunció el ceño con un pensamiento súbito.

— Adael…

— Lo sé — interrumpió él suavemente.

Se llevó la mano al rostro y ajustó la máscara que cubría sus facciones.

— Trataré de no usar el poder del rayo — Murmuró en un tono bajo — No puedo dejar que me descubran los guardias del ejército.

Erya levantó una ceja, sorprendida.

— Nunca dijiste que tenías precio por tu cabeza.

— No es algo que uno diga con orgullo — Respondió él mientras sacaba algo de su mochila.

Desplegó un cartel de recompensa. El dibujo era sorprendentemente fiel a su rostro real: cabello oscuro, mirada intensa. Peligroso. Recompensa: 30 millones.

— Treinta millones… — Susurró Dargus — Es bastante dinero incluso para cazadores del nivel de aquí.

Lune chasqueó la lengua.

— ¿Y por qué te buscan exactamente?

Adael guardó el cartel, como si el simple contacto le pesara en las manos.

— Es una larga historia. Una que no pienso contar ahora. Vine aquí por dos cosas: reencontrarme con mi antiguo equipo… y ayudar a Rosa con lo que ha venido a buscar.

Rosa inclinó la cabeza, agradecida, pero no dijo nada más.

Kalem, sin embargo, frunció el ceño y observó la multitud dispersa alrededor de la pirámide. Su instinto guerrero vibraba.

— Hay muchos poderosos aquí — Advirtió — Y no me refiero solo a humanos. Puedo sentir al menos unas cien presencias que podrían darnos problemas si deciden interferir.

Antes de que alguien pudiera responder, un temblor profundo sacudió la arena.

Las conversaciones se apagaron.
Las armas dejaron de sonar.
El aire se volvió denso.

La pirámide, silenciosa durante siglos, dejó escapar un rugido de piedra antigua moviéndose. Una grieta luminosa se abrió en su base, expandiéndose hasta formar una entrada gigantesca. Un viento cálido surgió desde dentro, como si el interior estuviera respirando por primera vez en eras.

La multitud estalló en gritos:

— ¡¡SE ABRIÓ!!
— ¡CORRE, CORRE!
— ¡LA ENTRADA!
— ¡AHORA O NUNCA!

Cientos de personas se lanzaron hacia la boca de la pirámide como un enjambre descontrolado.

Rosa alzó la mano para detener al grupo.

— Tengan cuidado — Dijo con voz firme — No solo por los demonios que pueda haber dentro… muchos de aquí matarían a cualquiera por un tesoro.

Adael bajó la mirada un instante y cerró el puño.
Luego avanzó.

— Vámonos. Encontraré a mis compañeros… y al mismo tiempo, protegeremos el objetivo.

El grupo se internó en la multitud, moviéndose como sombras en el caos.

La pirámide esperaba.

Y sus secretos también.

Si

¡El Descontrol del Abismo

La entrada de la pirámide tragó a la multitud como la boca de una bestia antigua. Apenas cruzaron el umbral, el calor del desierto fue reemplazado por un aire denso, húmedo y cargado de energía ancestral.

El pasillo era enorme, con muros cubiertos de símbolos que parecían moverse cuando no se les miraba directamente. Luces azuladas recorrían las paredes como venas vivas.

Y entonces…

Un grito.
Luego otro.
Un sonido seco.
Sangre salpicando.

— Empezó — Murmuró Kalem, bajando la lanza.

Los grupos que habían entrado primero se desordenaron inesperadamente. Algo se movía en la penumbra más adelante. Algo rápido… y hambriento.

Criaturas del Primer Nivel:

Un rugido desgarró el aire, tan fuerte que hizo vibrar la arena bajo los pies.

De las sombras surgieron criaturas deformes, bestias que parecían pedazos de demonios mal ensamblados:

cuerpos de insecto gigante,

patas múltiples terminadas en cuchillas,

bocas triples que chorreaban un líquido negro,

ojos enormes, sin párpados, brillando con hambre pura.

— ¡¡CÚBRANSE!! — Gritó Rosa mientras una de las bestias saltaba hacia el grupo de adelante.

La criatura cayó sobre ellos como una tormenta viva. En segundos se escucharon huesos romperse, carne desgarrarse, gritos extinguirse.

Kalem reaccionó de inmediato.

La lanza se encendió y perforó el cuello de la criatura.
Esta chilló, girando violentamente, pero un hilo invisible de Dargus la atrapó y la inmovilizó.

— A la izquierda — Susurró Erya.

Kalem envío un ataque de ceniza, un portal se abrió tragándo el ataque, Erya abrió otro portal y una explosión estalló desde dentro, derribando a dos bestias más.

Lune levantó el brazo y el agua a su alrededor se volvió filosa, formando cuchillas líquidas que cortaron las patas de la criatura más cercanas.

— ¡Mantengan posición! — Ordenó Rosa, levantando un muro de sangre que detuvo a otra bestia.

Sin embargo, el caos alrededor era incontenible.




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