EL SUELO OBEDECE
La chica del trono descendió con un solo paso, y el desierto se alzó tras ella como una marea dorada. Dunas enteras se deformaron, endureciéndose en lanzas, muros y garras gigantes de piedra arenosa.
— Ahora — Dijo — demuestren cuánto valen.
El Choque
Rosa fue la primera en avanzar.
Su sangre salió disparada desde sus brazos, endureciéndose en hojas carmesí que giraron como cuchillas. La chica levantó la mano y el suelo explotó hacia arriba: pilares de arena compacta chocaron contra los látigos de sangre, rompiéndolos en fragmentos rojos que cayeron al suelo.
Lune golpeó el aire con ambos brazos. El agua emergió desde la humedad mínima de la arena, formando un torrente serpenteante que avanzó con violencia.
La respuesta fue inmediata.
El desierto tragó el ataque.
La tierra se cerró, absorbiendo el agua y devolviéndola convertida en lodo petrificado que golpeó a Lune en el costado y la lanzó varios metros atrás.
— ¡Lune! — Gritó Erya.
Erya abrió dos portales a los lados de la chica, intentando cortar su espacio. Dargus lanzó sus hilos, cientos de ellos, buscando inmovilizarla desde todos los ángulos.
La chica pisó fuerte.
El suelo tembló y cambiaron las reglas.
La arena se volvió roca viva.
Los hilos se quebraron con un sonido seco. Los portales se distorsionaron, obligando a Erya a cerrarlos antes de que colapsaran.
— Está alterando el entorno completo — Murmuró Erya — Como si este nivel... Este desierto fuera su cuerpo.
Adael avanzó.
No rayo.
No aún.
Golpeó el suelo con ambos puños y levantó una muralla de tierra frente al grupo. Luego la hizo avanzar, compactándola, moldeándola en una ola sólida que intentó aplastar a la chica.
Ella sonrió.
Con un simple giro de muñeca, reclamó esa tierra.
La muralla se deshizo y se reconstruyó a su favor, formando un puño colosal de arena endurecida que embistió a Adael de lleno.
El impacto fue brutal.
Adael salió despedido, rodó por el suelo y se levantó de inmediato, con arena sangrando por la comisura de los labios.
— En tierra… — Pensó — …me supera por completo, es increíble como domina la tierra.
La chica no le dio tregua.
Cadenas de roca emergieron del suelo y se cerraron sobre Adael. Él respondió con viento, explotando la presión a su alrededor resquebrajando parte de la prisión.
Pero a cada elemento que usaba Adael encontraba una respuesta perfecta.
La tierra se reacomodaba.
Aprendía.
Se adaptaba.
Una lanza de roca le atravesó el hombro superficialmente. Otra lo golpeó en el costado, arrancándole el aire de los pulmones y obligándolo a caer de rodillas.
No era mortal.
Pero era humillante.
— Estás luchando contra el piso y la chica equivocada. — Dijo ella, caminando hacia él — Aquí ustedes moriran.
Rosa volvió a atacarla, esta vez usando su propia sangre como armadura y proyectiles punzantes. Dargus atrapó los brazos de la chica con hilos reforzados. Lune levantó un muro de agua a su espalda.
Por un instante… pareció funcionar.
Entonces la chica cerró el puño.
El desierto rugió.
Los hilos fueron absorbidos y enterrados. El agua se evaporó en un golpe de calor violento. La sangre de Rosa cayó al suelo… y fue inmovilizada por arena solidificada.
Adael, respirando con dificultad, levantó la cabeza.
Y la vio.
No como ahora.
Sino como antes.
Un recuerdo vino a su mente.
Una risa en la memoria.
Una voz discutiendo estrategias.
Una chica que odiaba la violencia innecesaria.
—…Nan — Susurró.
El mundo pareció detenerse un segundo.
La chica se congeló.
— ¿Qué… dijiste?
Adael se puso de pie, despacio, ignorando el dolor.
— Nan. ¿Qué te pasó…? — Preguntó, con la voz rota — Esto no eras tú.
La arena comenzó a temblar sin control.
— No vuelvas a decir ese nombre — Gruñó ella, furiosa— Nan murió.
Atacó con todo.
El suelo se abrió en un abismo bajo Adael. Él saltó, usando viento para impulsarse, pero fue alcanzado por una oleada de rocas que lo estrelló contra el suelo.
Se quedó quieto un segundo.
Respiró.
Entonces alzó la mano.
La electricidad comenzó a chispear.
— No quería usarlo… — Murmuró— Pero ya basta.
El rayo cayó.
No fue enorme.
Fue preciso.
Un relámpago blanco-azul descendió desde el cielo artificial del nivel y golpeó entre ambos, iluminando todo el desierto.
Nan retrocedió, los ojos abiertos de par en par.
Ese poder.
Ese sonido.
—…Ese don… — Susurró— Yo ya lo vi antes…
Levantó la mirada lentamente, Adael se levanta y quita la máscara de su rostro.
— Adael… — Dijo, incrédula— ¿Eres tú?.
El rayo se disipó.
La arena cayó en silencio.
Adael bajó la mano.
— Soy yo.
Nan dio un paso atrás. Luego otro.
Sus rodillas cedieron.
— Yo… los maté… — Susurró — A todos los que entraron conmigo. Si no lo hacía, me mataban a mí.
El trono se desmoronó en la distancia.
— No tenía otra opción.
Adael no respondió de inmediato.
Caminó hacia ella.
Y los brazos de Adael se pusieron sobre Nan, un cálido abrazo recorrió su cuerpo, como diciendo yo estoy aquí.
— No se por lo que has pasado Nan, pero ya es suficiente. — Fueron las palabras de Adael.
Nan cayó de rodillas como cuando se ah finalizado una gran carrera, agotada tal vez. Sus ojos se cerraron cayendo ante el agotamiento.
Fin.
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Editado: 04.01.2026