Propósito Celestial

SEGUNDA TEMPORADA CAP 23

EL PESO DE LO QUE DESPIERTA

Nan despertó con un jadeo seco.

Sus dedos se crisparon primero, como si el cuerpo despertara antes que la mente. Luego sus ojos se abrieron, oscuros, alertas… y por un instante, aterrados.

— ¡Nan! — Dijo Adael de inmediato.

Ella giró la cabeza bruscamente, lista para atacar, pero se detuvo al verlo.

El mundo no era arena.

No había trono.

No había desierto obediente.

Solo el suelo de piedra del piso, el grupo alrededor… y Adael.

— …Sigues aquí — Murmuró, con voz ronca.

— Nunca me fui — Respondió él.

Nan respiró hondo. Su cuerpo temblaba, no por debilidad, sino por el eco de algo que aún no se había ido del todo.

— El tesoro… — Dijo Erya — Está contigo, ¿verdad?

Nan bajó la mirada hacia su pecho.

Cerró la mano.

El aire frente a ella vibró.

Algo apareció.

Primero fue una forma indefinida, como metal líquido flotando. Luego, con un simple pensamiento, se convirtió en una espada. Hoja larga, limpia, sin runas visibles… pero perfecta.

Nan frunció el ceño.

La espada se disolvió.

En su lugar surgió un escudo.

Luego una lanza.

Luego una muralla baja de piedra que apareció frente a ella y volvió a desaparecer.

— No es un arma — Dijo Lune, impresionada — Es… imaginación solidificada.

Nan cerró los ojos un segundo.

Cuando los abrió, el objeto tomó la forma de algo pequeño.

Un simple anillo flotando sobre su palma.

— El tesoro no decide — Dijo Nan con calma — Obedece.

Adael la observaba en silencio.

— Entonces es peligroso — Murmuró Dargus.

— Solo si quien lo porta lo es — Respondió Nan.

El grupo guardó silencio.

Fue Adael quien rompió la quietud.

— Tenemos que seguir — Dijo — El Tercer Piso ya está completo.

Nan asintió… pero no se levantó de inmediato.

Adael se acercó y se sentó frente a ella.

— Nan — Dijo, sin rodeos — ¿Qué te hicieron?.

Ella apretó los labios.

Por un momento pareció que no respondería.

— Cuando entré… — Comenzó — No éramos un grupo fuerte. Solo queríamos avanzar. Pero el piso nos separó… y los guardias llegaron primero.

Adael frunció el ceño.

— ¿Qué guardias?

Nan levantó la mirada.

— El Ejército de Hielo.

El aire pareció enfriarse.

— Dijeron que este piso les pertenecía. Que si quería vivir… debía obedecer. Me obligaron a usar el trono. A pelear. A matar a los otros que llegaban.

Su voz no temblaba.

Eso era lo peor.

— Si me negaba… — Continuó — Me enterraban viva.

Adael apretó los puños.

La electricidad chisporroteó brevemente a su alrededor.

— Esos bastardos… — Dijo entre dientes.

Nan lo miró.

— No fue solo el dolor — Dijo — Fue… la costumbre. El momento en que dejé de sentir culpa.

Adael cerró los ojos.

Respiró.

Cuando los abrió, la furia seguía ahí… pero controlada.

— El Ejército de Hielo siempre deja ruinas — Dijo — Ya lo sabía… pero esto…

Se levantó.

— Vámonos de este piso — Ordenó.

El portal del Cuarto Piso se abrió con un sonido pesado.

EL CUARTO PISO: LLUVIA PERPETUA

El cambio fue inmediato.

El cielo era oscuro.

Nubes pesadas descargaban una lluvia constante que empapaba todo. El suelo era una extensión inmensa de terreno inundado, charcos profundos, corrientes lentas, barro y agua hasta los tobillos.

— Es enorme… — Murmuró Rosa.

Y no estaban solos.

Había docenas de grupos.

Algunos se protegían bajo estructuras improvisadas. Otros discutían. Algunos vigilaban con armas listas.

— Demasiada gente — Dijo Erya — Esto no es normal.

Entonces ocurrió.

Un rugido profundo emergió desde el agua.

Tres figuras colosales surgieron del terreno inundado.

Más miles demonios.

Piel oscura como hierro mojado. Ojos brillantes. Garras largas que cortaban el aire.

— ¡Demonios de piso! — Gritó alguien.

La batalla estalló.

Fuego, hielo, rayos, sangre, agua.

Nan creó una lanza gigantesca y atravesó a uno. Adael usó viento para desviar ataques mientras la lluvia amplificaba la electricidad de sus rayos.

Pero no eran pocos.

— ¡Cuidado! — Gritó Lune.

Un demonio cayó… y otro ocupó su lugar.

Entonces aparecieron ellos.

— Ejército de Fuego — Dijo Rosa al ver las llamas rojas al fondo.

— Y… — Murmuró Adael — Ejército de Hielo.

Dos fuerzas opuestas, ambas presentes.

No atacándose.

Observando.

— ¿Por qué están aquí juntos? — Preguntó Dargus.

La respuesta llegó de boca de uno de los presentes.

— Hay una miniboína en este piso — Dijo un hombre empapado — Un núcleo. Dicen que guarda tesoros de alto nivel.

— ¿Y la salida? — Preguntó Erya.

El hombre negó con la cabeza.

— No hay. El piso está sellado.
— Hasta que la miniboína se abra… nadie sale.

El grupo se miró.

La lluvia seguía cayendo.

Los demonios rugían en la distancia.

Ejércitos enemigos compartiendo el mismo encierro.

Nan cerró la mano.

El tesoro respondió, vibrando suavemente dentro de ella.

— Entonces — Dijo — Este piso no es una prueba.

Adael asintió lentamente.

— Es una trampa.

El Cuarto Piso los había aceptado.

Pero aún no los dejaba ir.

Fin.....




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.