Todas las personas de la base donde vivía Evelyn estaban muertas. Los vampiros y los zombis habían atacado durante la noche.
Ella era la única que seguía con vida.
Y era su culpa.
La muerte de las personas que amaba… Noah, sus dos hermanos menores, su novio, sus amigos. Esta vez no habría suerte para ella.
Esta vez moriría.
Había sobrevivido durante cuarenta años en un mundo en ruinas. Era algo extremadamente raro, casi imposible para una persona sin poderes. Algo de lo que antes podía presumir en cualquier parte.
Ella había sobrevivido en un mundo en ruinas durante cuarenta años enteros. Es muy raro y casi imposible para una persona sin poder. Algo que podía presumir en cualquier parte. Bueno… ahora ya no. No es que quedara una persona viva en su base.
—Grrrrrrrr, haaaaaasakkkaaasak.....! —escuchó sus gritos distorsionados.
Gules, monstruos, criaturas del infierno, seres no muertos, las mascotas de los vampiros. Al oír los ruidos que escupían aquellas criaturas salidas del infierno —algunas de las cuales alguna vez fueron humanos—.
Evelyn Morgan se recostó contra una pared y tomó aire con dificultad.
—Haaaaa.........haaaaa —. Le dolía mucho la herida.
Bajó la mirada hacia su estómago; estaba sangrando. Miró también el dorso de su mano: marcas de dientes. No solo en su mano, sino en todo su cuerpo tenía marcas de los vampiros y los gules.
Eso era todo, se había acabado. Un fuerte y punzante dolor de cabeza la invadió; le palpitaba el cráneo y la vista se le nublaba. Sentía como si el veneno de los vampiros hubiera empezado a hacer estragos en su cuerpo.
Podía sentir cómo su corazón latía cada vez más lento. Aunque era invierno, su cuerpo ardía como si estuviera de pie sobre asfalto reseco por el sol en pleno verano.
La visión de Evelyn Morgan comenzó a oscurecerse.
—¡KWSSAAAAASA! —gritó con dolor.
Un dolor punzante y desgarrador, que se extendió por toda su alma y cuerpo, arrastró a Evelyn Morgan hacia la oscuridad.
Cuando todo empezó, fue un acontecimiento bastante insignificante: el principio del apocalipsis.
A diferencia de todas esas películas, videojuegos, series o cómics donde el mundo se derrumba en cuestión de segundos, el principio del apocalipsis fue más bien una estrangulación lenta y tortuosa.
Al principio solo eran reportes en las noticias de un resfriado "normal", una repentina aparición de calor extremo y terremotos globales en ciudades y pueblos del mundo. En ese momento a nadie le importó, porque no había muchas muertes.
Después del calor vinieron fuertes lluvias y huracanes que continuaron durante tres meses. Todos pensaron que era solo un súper tifón. Cuando cesaron las lluvias, todos dieron un suspiro de alivio.
Sin embargo, nadie se dio cuenta de que aquella lluvia era una advertencia temprana.
Dos semanas después de las fuertes lluvias y el clima adverso, nadie entendía todavía lo que pasaba, ni siquiera los expertos. Lo que no sabían en ese momento era que el resfriado, la lluvia, los terremotos y el clima extremo eran el principio del fin: el apocalipsis del mundo.
Cuando el mundo finalmente lo descubrió, ya era demasiado tarde.
Una lluvia de meteoritos carmesí cayó del espacio y tocó la superficie de la tierra. Los cielos se tiñeron de rojo y la sociedad cambió para siempre. Plantas y animales se transformaron en bestias aterradoras; los humanos se convirtieron en liches.
Todos ellos fueron corrompidos por el dios del caos.
Los vampiros y los hombres lobo eran los nuevos reyes. En ese mundo, los seres humanos no eran más que presas para ellos.
Evelyn Morgan a veces se preguntaba si algo habría cambiado si al mundo le hubiera importado entonces, si lo hubieran visto como algo más que un simple fenómeno meteorológico y un resfriado "normal". Si lo hubieran visto como las ruinas de su mundo.
Por otro lado, probablemente eso no habría cambiado nada. El final había llegado de todos modos.
Aún recuerda un poco cómo empezó. El primer ataque vampírico ocurrió cuando tenía trece años.
Los niños jugaban en el orfanato de la base.
Evelyn estaba sentada en el sofá, jugando con un juguete.
Tenía mucha hambre.
En la base solo daban una comida cada dos días.
Samuel estaba leyendo en el suelo.
Entonces sonó la alarma.
—Nos atacan. Nos atacan. Nos atacan —.
Era la voz automatizada del líder.
Evelyn no se preocupó.
Pensó que eran gules.
Siempre eran gules.
Pero luego la voz volvió a sonar.
Esta vez era la voz real del líder.
—No son gules. Son criaturas más poderosas. Todos los hechiceros deben presentarse en la sala principal —.
La habitación quedó en silencio.
Entonces comenzaron los golpes.
Fuertes.
Violentos.
Y los gritos.
Luego aparecieron.
Un hombre y una mujer.
Dentro del orfanato.
Sus ojos no eran humanos.
Esclerótica negra.
Pupilas blancas.
Iris rojo sangre.
La mujer atacó primero.
Un solo movimiento rápido.
Una cuidadora perdió la cabeza.
Francisca Adams reaccionó de inmediato.
—¡Corran! ¡Samuel, protégela! —.
Francisca Adams se lanzó contra el hombre con una velocidad inhumana.
—¡Corran, Samuel, corran, ahora chicos! —gritó Francisca.
Evelyn Morgan estaba inmóvil. Jamás comprendería del todo lo que sucedió.
En aquel momento solo vio rojo. Incluso con los gritos de los niños y de la directora, ella estaba congelada de miedo. Pero Samuel sí reaccionó.
Evelyn Morgan echó a correr antes de darse cuenta, pero no por voluntad propia.
Samuel la arrastró sin miramientos, mientras corría a una velocidad que ella no creía posible.
Llegaron a una habitación del orfanato antes de que pudiera percatarse de lo que sucedía a su alrededor.
Samuel Adams la metió en el armario sin dudarlo. La miró fijamente a los ojos y la sujetó con firmeza por los hombros, como si pudiera inmovilizarla con solo tocarla.
—Quédate aquí, Evelyn —ordenó en un susurro suave pero severo—. ¿Entiendes? Quédate aquí.
—Sí —murmuró ella suavemente.
—No importa lo que oigas, Evelyn, no importa lo que pase, quédate aquí, quédate callada —.
Se oyeron fuertes golpes en la puerta. Tal vez eran los niños o las cuidadoras. En ese momento sus sentidos estaban demasiado adormecidos como para distinguir los gritos. Podía sentir una oleada de miedo recorriendo su pequeño cuerpo.
Samuel volvió a mirarla.
—Evelyn, mírame, Evelyn... ¡Maldita sea, Evelyn! ... Oye, no tengo tiempo, mírame —.
La niña lo miró con miedo.
—¿Me oyes? No dejes entrar a nadie, ¿de acuerdo? —.
Ella asintió con la cabeza, primero como una respuesta automática y luego con firmeza.
—Evelyn, espera a que vuelva. Vas a estar bien. Solo tengo que buscar a mi hermana mayor, no te preocupes —.
Cerró las puertas del armario.
Evelyn Morgan no supo cuándo cesaron los golpes, pero sí supo en qué momento Samuel Adams salió de la habitación.
En la oscuridad total del armario, oyó que la puerta volvía a cerrarse suavemente. El miedo regresó a todo su ser. La pequeña levantó las manos y se tapó los oídos.
Quería irse con Samuel Adams para buscar a Francisca Adams, pero no lo hizo. Francisca Adams estaba muerta, y también el vampiro con el que peleó.
Samuel la dejó atrás en ese lugar por ser una carga para él. En ese día no volvió a ver a Samuel en mucho tiempo.
Ella pensó durante todo ese tiempo que Samuel Adams, su padre y su hermana menor estaban "muertos".
Después de seis años, su padre y Samuel la buscaron. No fue porque se sintieran mal por haberla abandonado, ni por amor.
Fue porque su padre la necesitaba para algo.
En ese momento ella odiaba a los tres: a su padre y a su hermano menor, Samuel Adams, por dejarla vivir en un infierno durante tanto tiempo. Todo ese tiempo ellos habían tenido una buena vida. Porque mientras ella sobrevivía en el infierno…
ellos habían tenido una vida mejor.
Por eso Evelyn trató muy mal a su hermana Noah y le dijo cosas horribles.
Si alguien le preguntara a Evelyn: "Si pudieras retroceder en el tiempo y cambiar algo, ¿cuándo y qué sería?".
Evelyn respondería con sinceridad: en el momento de la muerte de sus tres hermanos menores.
Evelyn todavía se lamenta por su cobardía en aquel momento y por haber sido tan cruel con Noah.
También desearía, si alguna vez tuviera la oportunidad, poder infundir valor e inteligencia a su yo de cuatro años para salvar a sus dos hermanos menores.
Todo está oscuro en la visión de Evelyn.
—Despierta, señorita —dijo una hermosa mujer joven. El sonido de la voz resonaba en los oídos de Evelyn Morgan.
¿Quién es esta voz femenina? .............Haaa aaa .....Espera, ¿por qué aún estaba viva?
¿Ella no estaba muerta? ¿Cómo podía estar viva aún?
Tras un esfuerzo extenuante por abrir sus ojos doloridos, sintió una tenue luz brillante y un sonido ensordecedor que resonaba a su alrededor.
Incapaz de soportar el dolor en su alma, Evelyn Morgan miró hacia el origen de la voz.
Una mujer de entre veintiuno y veinticinco años aproximadamente estaba de pie frente a la cama, con una hermosa sonrisa. Su cabello era color miel y sus ojos marrones oscuros.
Al percatarse de que la pequeña que estaba en la cama había despertado:
—Señorita, tiene que bajar, la cena está lista y sus hermanos la esperan —habló la joven mujer.
¿De dónde tendría hermanos? Sus hermanos de sangre estaban muertos... eso pasó mucho tiempo atrás.
Eso le dolería para siempre.
Evelyn Morgan no respondió a la mujer extraña, sino que prefirió examinar el lugar en el que se encontraba.
Se levantó de la cama.
Qué raro, su cuerpo se sentía extraño.
Miró los muebles de la habitación.
Frunció el ceño profundamente. Recordaba que su habitación alquilada era muy pequeña, apenas cabía una cama pequeña y una cómoda minúscula, nada más.
¿Cómo podía ser tan grande aquella habitación?
Tras un rato de titubeos, al contemplar el enorme espacio que se extendía ante ella, Evelyn Morgan no pudo evitar quedarse boquiabierta.
Caminó hacia un gran espejo. Arqueó las cejas y abrió los ojos con sorpresa al ver que el espejo reflejaba a una linda niña de cuatro años, con cabello rubio casi dorado y ojos verdes.
Tras un gran esfuerzo mental, recordó apenas cómo era su rostro infantil por la foto que guardaba, donde estaban su familia y ella de pequeña.
Esa niña en el espejo era ella. Evelyn estaba casi segura de eso. ¿Estaba soñando? Si todo había sido un sueño, esperaba no despertar jamás.
No quería volver a esa vida, sin sus tres hermanos y sus dos queridas mascotas.
Y esta vez…
no pensaba perderlos otra vez.
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protagonista fuerte, prota de carácter fuerte, familia poderosa
Editado: 23.04.2026