protectora en el apocalipsis rojo

cap 2

Viaje al pasado. Eso es lo único que podía pensar. Al mirar todo lo que tenía delante, Evelyn estaba segura de que su alma había viajado al pasado y regresado a los tiempos felices de su infancia. En cuanto se dio cuenta, lo primero que hizo Evelyn Morgan fue sacar su celular para niños pequeños y comprobar la hora y la fecha actual.
Ahora es el 25 de mayo de 2139, un día antes del fin del mundo.
Afortunadamente, todavía no es demasiado tarde.
Esta vez, definitivamente trabajará duro para proteger a sus tres hermanos menores y a sus mascotas. Sobrevivirán todos juntos durante el apocalipsis. En los cuarenta años transcurridos desde que el mundo cambió, Evelyn Morgan no podía ni siquiera expresar cuánto dolor había experimentado al final de su vida anterior.
Trabajar sin descanso durante toda su vida solo para conseguir lo suficiente para una sola comida, o pasar semanas enteras con mucha hambre...
Cuando todo sucedió, en los primeros momentos del apocalipsis, ella no podía aceptarlo. El hecho de que su padre los hubiera abandonado a ella y a sus hermanos también marcó el fin de su mundo normal.
Por lo tanto, se volvió más ingenua y rebelde. Al ser solo una niña pequeña, aún no conocía la maldad de los seres humanos.
Por eso no le importó la advertencia de su padre: no dejar entrar a nadie y mantener siempre en secreto el collar dorado de la familia. el le dijo que ella tenía que ser una líder para sus hermanos por ser la mayor.
Por eso fue tan fácil. Los padres de su "amiga" se aprovecharon de ella.
Durante las primeras etapas del caos, la madre de esa niña, aprovechando que el padre de Evelyn estaba lejos y la muerte de la sirvienta, robó el collar mágico y las provisiones de una indefensa niña de cuatro años.
Y justo cuando todos creían que los desastres naturales estaban terminando, los supervivientes ni siquiera habían tenido tiempo de celebrar.
Los gules asediaron las ciudades y pueblos. Tras la lluvia carmesí, algunas personas infectadas del virus se convirtieron en liches y otras evolucionaron con habilidades especiales; ellos se hacen llamar hechiceros.
En medio del caos provocado por los ataques, el padre de su "amiga", se dueño de la casa de evelyn, los echó a la calle para que se las arreglaran solos entre monstruos y muertos vivientes.
Evelyn Morgan se sentía una idiota. Francisca Adams le había dicho durante mucho tiempo que esas personas no eran de fiar y le había repetido innumerables veces que se mantuviera alejada de ellos y que no les dejara entrar. Pero Evelyn, siendo una niña rebelde, siempre creyó que su propia intuición era superior a la de la hija de una sirvienta.
¿El resultado? Ver morir a sus hermanos sin poder hacer nada para ayudarlos. Su pequeño hermano Michael, de solo dos meses, falleció por una enfermedad; su otro hermano, Claire, de dos años, murió a manos de un liche.
Su hermanastro Noah, que tenía casi la misma edad que Evelyn, desapareció un día antes del apocalipsis junto a Julian Morgan, su padre, dejándolos solos.
—¿Señorita, está bien? —dijo preocupada la sirvienta al ver a la niña inmóvil.
Evelyn la ignoró y salió corriendo escaleras abajo. Entró en el comedor y vio a los cuatro niños pequeños comiendo en la mesa, felices: sus tres hermanos y los dos hijos de la sirvienta. Por alguna extraña razón, los hijos de la sirvienta vivían con ellos, y su padre los trataba igual que a Evelyn, Claire y Michael Morgan. Era bueno con ellos y los cuidaba como si fueran sus hijos de sangre.
Evelyn Morgan encontraba eso raro viniendo de su padre. Ella sabía muy bien que él era una persona horrible; en su vida pasada era un monstruo sin corazón que no se preocupaba por casi nada. Por eso estaba segura de que la sirvienta y su padre no eran amantes. Su padre era uno de los hombres más ricos del planeta y solo se relacionaba con mujeres que cumplían con su estándar de belleza: le gustaban las mujeres de ojos azules o grises, con cabello blanco o gris muy largo, piel pálida y perfecta, con una belleza de otro mundo.
La sirvienta no era fea, pero ni en sueños tenía esa clase de belleza. Y eso era lo mejor, porque para su padre, esas mujeres hermosas no eran más que juguetes.
Francisca Adams, la hija mayor de la sirvienta, era una niña de diez años, hermosa como una muñeca de porcelana. Tenía el cabello negro, ojos azul oscuro y piel clara.
A su lado estaba Samuel Adams, un niño de cuatro años igual de hermoso que su hermana mayor; compartían el mismo color de cabello, ojos y tez, demostrando que habían heredado la belleza de su padre biológico.
Del otro lado de la mesa estaban sus hermanos. Claire Morgan tenía la belleza de su madre, con cabello gris y ojos color miel, igual que su padre.
Junto a Claire estaba Noah, con una belleza etérea. Tenía ojos grandes de un gris claro casi blanco, una piel tan blanca como la porcelana y un largo cabello plateado. Para Evelyn, su hermana era la persona más bella del mundo.
Evelyn no estaba segura del género de Noah. Noah usaba ropa de niño, pero su rostro y voz eran femeninos. Su padre, la sirvienta y las demás personas a veces se referían a él como "él" y otras como "ella". Tal vez era trans, pero a Evelyn no le importaba; Noah siempre sería su familia.
Samuel Adams, al ver entrar a Evelyn, le sonrió.
—Estás aquí, Evelyn. ¿Por qué tardas tanto? Tu comida se va a enfriar.
—¿Cómo es que estás despierta tan tarde? Son las dos de la tarde. ¿No tienes hambre? Mamá, rápido, trae la cena de Evelyn —dijo Francisca Adams.
La sirvienta se fue a buscar la comida. Cuando Noah la vio, se levantó.
—Buenos días —saludó cordialmente a su hermana.
Sin embargo, en el momento en que Noah se acercó, Evelyn se aferró a su pequeño cuerpo. Al ver a la persona que se había suicidado por su culpa, su corazón latía de dolor y no pudo contener las lágrimas,lo abrazó con fuerza.
Noah estaba demasiado nervioso. Era raro verla llorar; ella nunca lo abrazaba, casi siempre era fría con él.
—¿Qué pasa? Si algo te molesta, puedes decírmelo.
—Noah, lo siento... lo siento mucho... por haber sido una hermana tan terrible —dijo Evelyn.
Francisca Adams se acercó rápidamente con cara de pánico.
—Evelyn, dime la verdad. ¿Alguien te hizo algo? ¡Dime su nombre! ¡Verás cómo esta niña les rompe las piernas! —su voz sonaba imperiosa y feroz para ser solo una niña, aunque sus manos eran gentiles mientras acariciaban la espalda de Evelyn para consolarla




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