Protectores de la luz: La manzana dorada

Capítulo 17: El precio de la alianza

Capítulo 17: El precio de la alianza

Después de aquellas palabras, todo quedó en silencio. El lugar parecía un sepulcro en vez de una reunión entre dos partes. Nadie dijo una palabra, escuchándose el sonido de sus medios de transporte. La respiración contenida, ambos grupos solo cruzaban miradas, Esmos con su calculadora vista busca la forma de encontrar una debilidad en el líder enemigo. Este lo sabe solo no le interesa. Su mirada busca puntos por los cuales pudiera llegar alguna emboscada. Su pulso estaba acelerado, el corazón a punto de explotar en su pecho, pero la mente permanecía en calma. Esmirla no podía decir lo mismo, ella era un arco tensado a punto de soltar su flecha.

El enemigo fue el primero en hablar:

-Mis saludos nuevamente a los hijos del norte y defensores de la Gran Muralla -dijo con una voz tan grave como serena-. Mi nombre es Gornar, líder de los guerreros más letales del mundo.

Esmirla con la mirada altanera como si su saludo importara menos que nada dijo con un tono lleno de frialdad.

-Guarda tus saludos. Dinos qué deseas.

Aquel hombre de cabello blanco bajó la mirada, con cara risueña, para luego subirla con una expresión de pocos amigos, como si alguien le hubiese dado un golpe en la boca en vez de ayuda.

-Qué descortesía -replicó él, un destello de irritación cruzando sus ojos oscuros-. No deberías hablarme así sin conocer mis motivos para invitarlos aquí.

-Entonces ilumínanos -intervino Esmos, tomando el control con una voz diplomática pero firme-. ¿Cuáles son sus intenciones?

Aquel hombre de tamaño descomunal dio unos pasos adelante. Se agachó, con la mirada fija en un fragmento de la bandera blanca, lo tomó con su mano izquierda lo observó, Esmos con recelo tiene la mano preparada cerca de su espada. Dejó caer aquel fragmento. Levantó la vista, poniendo los ojos sobre ellos. Su mirada era potente, tenía la fuerza de una tempestad capaz de hundir barcos y la penetración de las mejores espadas.

Los hermanos se mantuvieron firmes, impasibles ante su enemigo.

Gornar terminó de observarlos, dejó caer el retazo de bandera y la pisó con fuerza, dejándola enterrada en la nieve antes de expresar.

-Solo buscamos restaurar el orden -dijo, con una sonrisa que helaba más que el invierno-. Para ello, deben morir los innecesarios.

-¿Te refieres a mi pueblo? -Escupió Esmirla con ira.

-Si prefieres llamarlos así, aunque solo sucedería si no aceptas ayudarnos. Crearon una sociedad poderosa, su pueblo es fuerte eso debo reconocerlo, el clima de esta región del mundo es inclemente debo reconocerlo. Y aun así estáis aquí. -Respondió Gornar.

-Pero aun así eliminarás a mi nación -expresó Esmos con una mirada distinta. En ella ya se veían los deseos de cortarle la cabeza y acabar de una vez con aquel debate que, en su mente, ya reflejaba que no iría a ninguna parte útil para ellos.

-Solo pasaría si decidís no cooperar -respondió Gornar, su voz baja pero cargada de amenaza-. Sufriréis el mismo destino que el resto de las regiones.

Esas palabras, cargadas de una verdad que traspasaba cualquier capa de lo imposible, era algo insólito insospechado para ellos. No solo los invadieron a ellos, las otras regiones corrían el mismo destino. Pero, ¿cómo podrían hacerlo con tan pocos hombres? Se preguntaba la mente de Esmos ¿Acaso querrían a los hombres del hielo para unirlos a su ejército? ¿O tendrían hombres ocultos? ¿Quiénes eran estos seres? ¿De dónde venían?

Esmos entrecerró los ojos.

-¿Pretenden también destruir Oshtoriel y Vosgagdad?

-Sí -fue la respuesta simple y brutal-. El orden no conoce fronteras ni límites.

Pero algo cambió. Era el rostro de Esmirla que pasó de querer luchar contra los enemigos presentes en el campo de batalla a querer eliminar aquellas naciones rivales y quitarse años de conflictos encima. Conflictos que habían costado tantas vidas, parpadeó un par de veces y en sus ojos por un instante, un destello breve, apareció siendo suficiente. Podría destruirlos de una vez, por fin ser ellos la región dominante. Allí estaba la oportunidad esperada durante tanto tiempo.

Gornar lo captó al instante. Su sonrisa se amplió, volviéndose conspirativa.

-Ah... Veo que esos lugares no te son indiferentes. Conozco las rivalidades entre ustedes, de esos muchos años. Son motivos dolorosos para tu nación y familia que acabaron humillados -dijo Gornar con tono despectivo. Pero yo podría...

La frase fue cortada por Esmos quien captó enseguida sus intenciones y la maquinación que preparaba sobre su hermana.

-¿Qué quieres, Gornar? Termina de expresarte -le dijo Esmos, impaciente-. No le des tantas vueltas al asunto, vas a terminar por marearte.

-Tienes un carácter fuerte hijo de Acrad, veo en ti a alguien que miles seguirían a la muerte -la paciencia de Esmos se agota, Gornar lo sabe necesita sacarlo de su zona explotar todos esos sentimientos contenidos-. Quizás -vuelve a realizar otra pausa- podrían ayudarnos a acelerar aquello que será inevitable.

-¿Qué es eso inevitable de lo que hablas? -dice en tono de preocupación el heredero al trono.

-Algo se está moviendo muchacho. Algo poderoso, primordial volverá a este mundo para restablecer el orden.

Esas palabras de Gornar no sonaron a mentira era una verdad tan antigua venida de los comienzos de los tiempos. Solo no tenía respuesta para ello. Aunque eso ahora ya no importaba.

-Si tienes de tu parte ese poder del cual no dices nombre para qué nos deseas a tu lado y más importante aún por qué aniquilaste poblados enteros.

-Oshtoriel y Vosgagdad deben desaparecer. No tienen cabida en el nuevo mundo. Ustedes son una nación poderosa como les dije, exigimos su ayuda, denla y vivirán. A cambio de algo, claro está.

Esmos no puede creer las palabras salientes de la boca de su enemigo, no solo han pisoteado su nación, matado a sus ciudadanos, exigen ayuda no merecida y un remate aun peor quieren algo a cambio. Las ganas de matarlo lo tienen a punto de sacar su espada, sabe debe controlarse la diplomacia va primero.




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