Protectores de Las Estrellas.

Star Prophecy.

Hace mucho tiempo, en un lugar muy alejado de la Tierra se hace creer que de ahí provienen las almas, los sueños y las metas que te pones todos los días.

De este lugar provienen también; los miedos, los fracasos y aquellas emociones que no deseamos sentir, pero ahí siguen.

Presentes día con día, atormentándote tanto que te preguntas:

¿Cuál es mi razón?

¿Qué me hace especial?

¿Por qué debo seguir aquí?

En aquel lugar, existían dos dioses.

El dios de la luz; conocido por su bondad, inocencia y armonía.

El otro dios era lo contrario, dios de la oscuridad; cruel, arrogante y adora destruir lo que su esposo crea.

El dios de la luz observaba el cielo nocturno desde el castillo, el horizonte donde ahora estaba su nueva creación.

La Tierra, un planeta lleno de vida y de paisajes tan hermosos y pulcros. Que, con el tiempo, por su nueva creación, comenzaría a deteriorarse.

Esta fue nombrada humanos. Con sus guerras, peleas e incluso con su bastante patética situación de matarse entre ellos.

Aun así, el dios los amó tanto que permitió que siguieran igual por un tiempo. Hasta que llegó el momento en el que él colapso y empezó a desvanecerse.

Ya no hay esperanza para la humanidad, debería dejarlos morir o que caigan en la oscuridad por fin. Eso le decía su esposo en cada momento que lo visitaba, pero recibía la respuesta de costumbre: No jamás.

Llegando el momento en el que le comenzó a quedar muy poco poder, que utilizo para dividir su alma en seis estrellas con dones diferentes.

La verde el don de la calma, la azul el don de la sabiduría, la roja el don de la pasión, la blanca el don de sentir y una negra el don del silencio.

La sexta apareció en el instante en el que el dios de la luz se desvaneció.

La estrella de la esperanza.

Quien haya nacido con esta estrella tendrá el peso de llevar, la luz de todas las personas, hacia la esperanza.

Sin permitir, que los sueños o las estrellas caigan en absoluta oscuridad.

Ya que el mundo merece esperanza.

La misma esperanza con la que se espera algo nuevo o algo que deseas.

Para no lograr perderte en la oscuridad, ni en el pesimismo.

Aunque recuerda esto.

Todos merecemos brillar, incluso los que aún no están listos para hacerlo.




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