Habían pasado dos días desde que sucedió aquella pelea en el mercado; Sunny caminaba hacia la cafetería donde se encontraría con Apolo, para que le explique todo lo que está pasando.
Y cuál es la razón de la existencia de estos poderes que empezó a manifestar desde aquel día. Aunque no estuviera transformado, lee todas las emociones de su alrededor sintiendo:
Tristeza.
Proveniente de un joven que parecía que su pareja lo había terminado. Haciendo que el pecho de Sunny se apretara completamente. Sintiendo el dolor de aquel chico.
Se acercó a él, para tratar de darle ánimos.
—¡Hola!
Sunny ladeó la cabeza para observar al chico muy de cerca sonriéndole.
—¡Holi!
Exclamó, con una sonrisa, aunque por dentro tenía mucho nerviosismo. Haciéndolo jugar con su cabello.
El chico se sobresaltó, haciendo para atrás del ligero susto que le dio el chico de cabello rosa.
—¿Estás bien?
Sunny parpadeó varias veces mientras lo observaba con esa mirada tranquila que permite que le digan cualquier cosa y que jamás los juzgaría.
—No mucho.
Al chico se le llenaron los ojos de lágrimas. Pero de un momento a otro sintió un abrazo muy reconfortante sintiendo algo de esperanza.
—No te preocupes. —Sunny siguió abrazándolo tratando de consolarlo, aunque eso era casi imposible—. Estaré aquí lo prometo.
El chico de cabello rosa podía sentir cómo el sentimiento de aquel joven que abrazaba se volvía menos triste.
En algún lugar del universo, alguien observaba desde un espejo el reflejo de aquella escena tan conmovedora e innecesaria.
—Mi hermosa luz.
Una criatura envuelta en sombra pasó su mano por el espejo anhelando tocar el rostro del guardián de la esperanza.
—¿Por qué brillas para él y no para mí?
Queriéndolo poseer su brillo, o eso era lo que los seres que creó de las sombras pensaban sobre esa obsesión hacia el joven de pelo rosa.
Aunque los motivos están tan ocultos… Que nadie jamás sabrá la verdadera razón.
—Mi señor. —La mujer pelinegra apareció con expresión monótona, aunque observó cómo su creador apretó la copa.
Y eso la hizo temblar. Sabe que él tiene el poder de matarla en ese instante si lo quisiera, en cualquier momento, y eso era lo más aterrador de todo.
—Fallaste. —No alzó la voz, ni la volteó a ver. No lo necesita; ese era el efecto que tenía en todos, en hacerlos temblar. Incluso a la propia muerte, que temblaba como un ratón enfrente de su depredador.
—Alteza, pido una oportunidad más.
—¿Oportunidad más?
Una voz helada sonó atrás de ella junto con el tic tac de dos relojes que colgaban de su tacón, riéndose cruelmente.
—Tú crees que mi padre da segundas oportunidades.
La mujer se arrodilló instantáneamente, bajando el rostro, observando solo el pelo platinado que llegaba hasta el suelo en el instante en el que ella se colocó en frente para observarla mejor.
—Patética.
Lucy le levantó la cara con dos dedos, abajo del mentón para que la observara a sus fríos y platinados ojos capaces de matar sin piedad en ese momento.
—Lucy, no atormentes a mis sirvientes sin necesidad.
El rey de la oscuridad se sentó en su trono para observar a su hija y lo patética que se veía aquella mujer pelinegra.
La soltó de inmediato haciéndola besar el suelo, por lo fuerte que la agarró. Al hacerlo, sintió una pequeña punzada donde debería estar su corazón.
—Tendrás otra oportunidad antes de tu castigo.
Dijo solamente aquella sombra que se veía en el trono, y sus ojos rojos como la sangre parecían brillar tan profundamente que el mundo parecía doblarse hacia él, como si todos supieran quién era capaz de matar en ese instante.
—Escuchaste, alimaña, tienes otra oportunidad.
Lucy lo dijo cruelmente para desaparecer y aparecer al lado de su padre.
—Espero que no escapes. —La platinada dejó que la amenaza próxima se asentara, y el universo sintió ese peso volviendo el ambiente de la habitación más frío.
Hel asintió. Desapareciendo en las sombras de la habitación.
—Lucy, vigílala. —Él guardó silencio un momento; el crepitar del fuego solamente se escuchaba, hasta que volvió a hablar—: Si no logra nuestras expectativas, encadénala.
La platinada asintió, desapareciendo en un torbellino de sombras. Dejando solo al rey de la oscuridad y el espejo aún con la imagen del guardián de la esperanza.
Que se encontraba en el café esperando a Apolo para que le explicara sobre lo que estaba sucediendo.
—¿Por qué tardará tanto?
Sunny observaba la hora del teléfono repetidamente mientras movía los pies inquietamente por los nervios que sentía de lo que iba a escuchar.