Protectores de Las Estrellas.

Star Seven

Sunny se despidió de la pecosa con una sonrisa, siguiendo su camino de nuevo hacia la preparatoria.

«Qué chica tan amable».

Pensó al caminar con tranquilidad, distrayéndose con una mariposa; su cerebro comenzó a acordarse de todos los libros sobre mariposas que leyó.

—Son tan bonitas.

los ojos de Sunny brillaron como dos estrellas, viéndolas sin darse cuenta de que un hombre vestido de ropa algo desgastada y el pelo negro que cubría su rostro lo observaba muy de cerca.

—Siempre fuiste tan distraído… dulce estrella.

Hizo aparecer una mariposa negra con un chasquido, haciendo que las otras mariposas escaparan del lugar; la mariposa negra se detuvo en la nariz del chico.

—Qué bonita eres —dijo él con su sonrisa haciéndose más grande, incluso el sol iluminó el lugar intensamente al ver la escena.

Las mejillas del pelinegro, blancas como la porcelana, adquirieron un ligero rubor.

«Olvidé lo hermoso que era en esta etapa de su vida»

—Mi dulce estrella —Sonrió ligeramente.

—Sunny, ¿qué haces? —La rubia lo miró alzando ambas cejas.

Este volteó a verla, señalando su nariz. Con una gran sonrisa, viéndola a los ojos.

—Es hermosa, ¿no lo crees?

—Si, lo es —ella soltó un suspiro resignado hacia su cara de alegría pura.

—Pareces un niño chiquito.

—¡Qué cruel!

El chico de cabello rosa frunció ligeramente el labio; haciendo un puchero muy ligero.

—No soy un niño chiquito Michel.

—No, lo parece.

Sunny se cruzó de brazos. ninguno de los dos notaba que el hombre apoyado en aquel árbol sonreía al ver los labios ligeramente fruncidos del chico de cabello rosa. Desapareciendo del lugar en un remolino de hojas.

—Ya vayamos a la escuela Sunny.

El joven asintió, ambos jóvenes comenzaron a caminar hacia la escuela. El aire comenzaba a soplar en calma, Sunny caminaba al lado de la pelirrubia a pasos lentos, con ligeros brinquitos.

El día se sentía en calma por primera vez, aunque algo inquietaba por dentro a nuestros héroes; algo que no sabrían nombrar. Incluso aquellas estrellas que no habían despertado sentían aquella perturbación en el universo.

—Señorita Denisse.

Alguien saco del trance a la joven de cabello azul que observaba el horizonte con esa calma antinatural; Algo la llamaba o eso ello creía ya que escuchaba su nombre susurrado.

—¿presidenta?

—Ah, sí perdón —ella volteó rápidamente al ver a la vicepresidenta del concejo estudiantil.

—Las solicitudes sobre los presupuestos de los clubs —La joven castaña le entregó los papeles en la mano de Denisse.

—¿Segura que se encuentra bien?

Ella solo asintió, tomando los papeles para revisarlos meticulosamente.

—¿Ya se completaron suficientes alumnos para el club de modas?

—Si, de hecho, este es el último alumno inscrito.

Le pasa una carpeta con los papeles necesarios para inscribirse en el club de moda.

—¿Un chico? —Alzó ambas cejas, observando el nombre de Sunny en uno de los papeles.

—Si presidenta, no hay una regla sobre que esté prohibido.

—investígalo. Hemos tenido problemas antes con alumnos que entraban al club con otras intenciones. No quiero que vuelva a ocurrir. —la presidenta dijo con seriedad—. No quiero que acosen a nuestras compañeras.

La vicepresidenta asintió para salir de la habitación, su presidenta le dio la misión de investigar al chico de cabello rosa.

—Espero, no cause ningún problema —soltó un suspiro antes de salir de la oficina del concejo estudiantil; caminando por los pasillos de la preparatoria saludando algunos alumnos que la saludaban y en ese momento vio entrar a un chico de cabello rosa con una boina decorada con pines de estrella.

Eso hizo que Denisse frunciera ligeramente el ceño. El chico vestía un suéter corto sobre una playera ajustada que cubría por completo su abdomen. Un collar de perlas descansaba sobre su cuello, mientras que unos pantalones cargo y unos tenis, todos en distintos tonos de rosa, completaban el conjunto.

«¿Quién utiliza tanto rosa?»

—¿Quién es él? —preguntó a uno de los estudiantes que pasaban.

—Él es Sunny presidenta, regresó después de estar un tiempo en el hospital.

Dijo la castaña a la que le pregunto con una sonrisa.

—¿Por qué pregunta?

—Curiosidad.

Denisse caminó hacia su salón sin esperar respuesta alguna, sentándose hasta enfrente, donde normalmente se sentaba desde el semestre pasado.

La chica de cabello azul estaba algo detraída releyendo sus apuntes, algo que hacía siempre antes de que el profesor llegara; en ese entonces un chico rubio entro agachándose por el marco de la puerta, las manos en los bolsillos del suéter con una sonrisa burlona.

—Vaya, parece que dejaron entrar a las presumidas de nuevo.

Denisse ignoro el comentario, este chico lo tomo como reto y se acercó a ella.

—Te hablo a ti princesa de hielo —su tono sonó burlesco junto con aquella sonrisa descarada.

Denisse levanto el rostro, viéndolo directamente a los ojos.

—Deberías guardar silencio, estas ofendiéndome siendo tu compañera de clase y eso va en contra de las reglas escolares.

—El apodo te queda, princesa de hielo.

Denisse lo miro y cuando estaba por responder el maestro entra al salón, soltó un suspiro frustrado.

«Engreído».

Las clases comenzaron para todos. Sunny y Michel permanecían en su salón de siempre; Fanny asistía al salón contiguo, mientras que Denisse ocupaba su lugar habitual en la clase donde siempre obtenía calificaciones perfectas.




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