Un infiltrado en la escuela
Sunny entro a su salón junto con Michel; ambos se sentaron en el asiento de atrás, los susurros y pláticas entre sus compañeros.
El chico de cabello rosa percibía las emociones de las personas a su alrededor, estas emociones lo atormentaban.
«¿Cómo desactivo esto?»
Se toco la cabeza dando un ligero grito algo desgarrador. Michel volteo a verlo preocupado, acercándose a él con rapidez.
—Sunny, ¿estas bien? —Dijo ayudándolo a que no se caiga.
El dolor en la cabeza de Sunny se vuelve más punzante. Tristeza, ansiedad, alegría, enojo y egoísmo.
Todo al mismo tiempo, no había descanso, ni detenimiento para sentirlas.
El sentía una punzada aguda, como mil agujas clavándose en su cerebro. Las lágrimas comenzaron a caer mientras el lloraba.
—No lo soporto —soltó un grito agudo, todos en el aula voltearon a ver a Sunny con genuina preocupación hacia su compañero.
Unas ligeras marcas rosadas degradadas comenzaron a asentarse en la punta de sus dedos, en el mismo instante en el que sintió aquel sentimiento de desesperanza.
Sunny miro sus manos temblando y en ese momento entro un profesor alto, cuya mirada era fría; como si el hielo fuera parte de el.
El joven de cabello rosa lo volteo a ver y sus ojos se volvieron enormes.
—Sunny, ¿es lo que creo que es? —La rubia se tensó al lado del joven de pelo rosa tragando saliva.
—Joven Mills, Señorita Spring —su voz grave sonó arrastrada, el ambiente se sintió opresivo casi cruel.
—No veo la necesidad de seguir estando parados.
—Perdón profesor, ya nos sentamos —Michel ayudo a Sunny a sentarse ambos se quedaron viendo con una sola pregunta en mente:
«¿Quién es? ¿Y qué quiere conseguir aquí?».
…
Muy lejos del jardín de corazones, a las afueras de la atmosfera terrestre, existe un lugar lejos de la razón humana donde la aristocracia aun gobierna.
—Caleb hermano, ¿A dónde fuiste?
Una hermosa chica, su cabello estaba amarrado por un moño elegante; adornado con 7 broches representando las naciones del planeta tierra.
—Eso no te incumbe hermanita —El joven alto de cabello oscuro pavoneo ligeramente sus alas negras.
—Otra vez fuiste a intimidar al joven duque de Rosewood — La pelinegra miro a su hermano con el ceño fruncido alzando el rostro con delicadeza.
Caleb volteo a verla, mirándola con esos ojos de color rojo que todo el mundo temía.
—Deberías callarte, no debería hacer enojar a tu próximo rey— él dijo con ese tono arrogante como si le hablara a un sirviente y no a su hermana.
—No callare una injusticia Caleb —el pecho de la pelinegra se notaba como se elevaba al respirar por culpa del corsé que tanto aborrece colocarse todas las mañanas, sus alas se bajaron mostrando su nerviosismo evidente.
—Oh, será mejor que lo hagas… —Hizo una pausa algo larga—. Si no quieres perder tus alas y tus privilegios, Aurora.
La pelinegra apretó los puños, observando como su hermano se alejaba por los pasillos del palacio.
—Alteza —una dama de compañía hizo una reverencia al acercarse, las alas abajo junto con la reverencia.
—Milen, ¿Qué sucede? —pregunto ella curiosa, observándola de pies a cabeza.
«¿Por qué su vestido se ve más desgastado?».
—Su majestad la reina le habla —la chica de cabello rubio bajo la vista.
—En un momento iré Milen, pero necesito saber algo —la joven alzo el rostro con delicadeza, mirando a Aurora a los ojos—. ¿Te están lastimando las criadas de rango alto?
—No su alteza —la voz le salió ligeramente chillona, ocultándole la verdad a la joven princesa.
—¿Segura?
La joven asintió con rapidez, con una sonrisa que se notaba forzada.
—Está bien Milen puedes retirarte.
Aurora, camino hacia la sala de reuniones del concejo, sin saber que una desgracia estaba acercándose con rapidez.
…
Sunny se sentó ante la mirada afilada del profesor, trato de mantener la calma, aunque las marcas rosadas que habían empezado a emitir un ligero brillo.
El joven de cabello rosa, saco unos guantes de su mochila. Cubriéndolas antes de que alguien las mirara.
«¿Qué mierda está pasándome?»
Aunque él no sabía que ha dos asientos atrás de él, la misma persona que se burlaba del desde primaria noto aquellas marcas y no iba a dejar pasar la preocupación que sentía por él.
«¿Qué tratas de ocultar enano?»
Arthur soltó un ligero suspiro, volviendo a prestar atención a clases; aunque de vez en cuando le lanzaba miradas discretas cuando escuchaba ligeros quejidos.
«Maldita sea, este ardor no se quita»