Protegida Por El Alfa

CAPÍTULO 7

AIDEN

Estaciono el coche en el último espacio que quedaba y encontré por milagro entre el mar de autos en el estacionamiento del instituto.

Al bajar suelto un gruñido de fastidio viendo que voy a tener que atravesar literalmente todo el instituto para llegar al campo de fútbol donde se lleva a cabo la ceremonia de graduación.

Estoy que lanzo fuego de solo ver que mis planes han cambiado. Se supone sería un día diferente en el cual llevaría a mi hermana a que reciba su diploma y luego iríamos a celebrar por nuestra cuenta antes de irnos finalmente de esta maldita ciudad.

Maldito Ashton que arruina todo lo que toca.

No había regresado a la ciudad ni mucho menos al instituto desde que me fui. Se siente raro estar en un lugar que tampoco está en mi lista de mejores lugares, aquí fui tratado como una paria por mis compañeros y temido por los profesores lo que me llevó a ser un muchacho solitario. Creo que mi único amigo en ese lugar era el psicólogo que me trataba.

Al llegar al campo, los alumnos están sentados en el centro con sus togas y birretes de los colores de la escuela, los padres estaban alejados de ellos un par de metros escuchando el discurso del director que seguía siendo el mismo que en mi tiempo. Él junto a otros maestros estaban en un escenario.

Este evento no me importaba, pero a Mia le hacía ilusión. Cuando me gradué fue la primera en levantarse y despertarme emocionada, me silbó y me aplaudió desde su ubicación cuando yo fui a recibir mi diploma. Aún recuerdo la promesa que habíamos hecho ese día.

«—¿Prometes que cuando me gradué vas a estar ahí?

Asentí con una sonrisa uniendo nuestros meñiques.

—En primera fila, cariño.»

Ella debería estar aquí celebrando todos sus logros, no es justo que se lo esté perdiendo solo porque yo tardé en llegar. Me odio, de haber sabido lo que estaba pasando esto no sería así.

Camino acomodando mi casaca, tomando asiento en una de las sillas más alejadas del escenario para que no noten mi presencia, algunos de los padres son conocidos de mi padre y lo que menos deseo es tener contacto con ellos. Son unos narcisistas, engreídos y ególatras como él que piensan que por tener más dinero son superiores.

Tengo sueño, no he dormido en toda la noche pensando en mi hermana. Que Tessa me haya dicho la verdad me ha traído de regreso recuerdos que había escondido en un baúl y no pensaba volver a saber de ellos. Ahora que la caja está abierta, los recuerdos se mezclan con ilusiones de mi hermana siendo golpeada por Ashton; siempre fue así con ella, abusivo y sádico que a veces me cuestionaba cómo mi pequeña Mia pudo ser procreada por aquella bestia.

Ella es todo lo contrario a él. Es buena, dulce y compasiva que le gustaba ayudar a los demás, un ángel de pura luz que tuvo la desdicha de caer en manos del peor de los demonios.

Y no es hasta ese momento que me doy cuenta que Mia se parece demasiado a nuestra madre, Leticia, otro ángel en este mundo lleno de crueldad que cometió el error de enamorarse.

Solo un tonto o ignorante podría creer que la amargura de mi padre era a causa de la muerte de su esposa dando a luz a su hija. No, no era así. Él ya tenía ese carácter incluso antes de que Mia viniera al mundo. No nos pegaba ni a mí ni a mi madre, pero las discusiones a gritos eran constantes que terminaron siendo como mi canción de cuna antes de dormirme.

Entonces llegó el día que mi mama dijo: “Ya no más”.

Y al día siguiente me llevó al despacho de un abogado. Hasta ese momento la palabra divorcio era desconocida para mí y comenzaron a trabajar rápido en una demanda. Pero nos enteramos de su embarazo, los planes se deshicieron y mamá quedó atrapada en esa vida hasta el día de su muerte que de alguna forma u otra la ayudó a ser libre.

Se dice que todas las heridas siempre cicatrizan, pero sé más que nadie que las heridas del alma nunca llegan a curarse y se infectan hasta contaminar todo el organismo. Creo que eso me pasó a mí, dejé que todo me contaminara y me transformara en algo que yo nunca quise. Mi gran temor es convertirme en alguien como Ashton, no quiero ser un monstruo y arruinar la vida de otros. Primero escojo la muerte.

—La verdad es un honor para esta escuela y todo el personal docente haber aportado para el futuro del país inculcando valores y conocimientos que permitirán a estos alumnos ser personas de bien y dejar en alto el nombre del instituto. Por favor, démosle un aplauso a estos chicos que sé que nos enorgullecerán con sus logros. —termina el directo con la sonrisa más falsa que haya visto.

Yo sí sonrío de verdad muy divertido porque es el mismo discurso que dijo en mi graduación.

—Debe aprenderse otro discurso, directo. —comento en voz baja mientras aplaudo con el resto.

—A continuación, escucharemos las palabras de una de nuestras alumnas que aportó demasiado en la revista del instituto. Recibamos a Lena Rodríguez.

Varios alumnos se levantan a silbar y aplaudir cuando la mejor amiga de Mia sube al escenario con una amplia sonrisa y sacudiendo la mano en el aire a modo de saludo.

Wow, cuánto ha crecido. Ya no queda ningún rastro de la niña que había conocido, era toda una joven hermosa y una brillante sonrisa.

No llega ni a empezar su discurso cuando mi celular comienza a vibrar en el bolsillo de mi pantalón. Al sacarlo y ver el nombre de quien me llama, me pongo de pie y me alejo de la ceremonia para contestar.

—¿Me llamas para decirme que no puedes vivir sin mí y que quieres que nos demos una oportunidad? —bromeo cuando acepto la llamada.

Suelta una risita al otro lado de la línea.

—Ya quisieras, Walker. —responde irónica. —No, yo… te llamaba porque Ethan me contó lo que sucedió con tu hermana. Lo lamento.

Suspiro con una ligera sonrisa. Siempre tan atenta.




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